Ciudad y Territorio de los Andes

Al parecer no fue ajena a los Nasca la ganadería de camélidos, dado que su presencia es registrada con frecuencia en enterramientos rituales en sus centros ceremoniales, donde se ha documentado el aparente sacrificio de decenas de ejemplares. Igualmente se registra un importante consumo para fines de alimentación de la población, siendo común el hallazgo de restos óseos de camélidos en contextos domésticos y de basurales. También el estiércol de las llamas fue utilizado ampliamente como una fuente complementaria de combustible. El manejo de los hatos de llamas habría permitido una mayor movilidad de la población y el transporte de una serie de productos entre distintas localidades, al igual que lo documentado para otras sociedades andinas. Para el sostenimiento de esta ganadería pudieron aprovechar los pastos presentes en la cabeceras y partes altas de los valles, como también los rastrojos de los campos agrícolas luego de su cosecha (Isla 2003: com. pers.).

Pero resulta del todo evidentemente que la base económica agrícola y la dotación de recursos generada por esta, debió ser bastante más limitada de la que disponían las sociedades de la costa central y norte, y por lo tanto también la posibilidad de contar con la generosa acumulación de excedentes productivos que estas habrían tenido.[123] Estas diferentes condiciones de desarrollo económico podrían ayudar a explicar el contexto en que se verifica un desarrollo urbano bastante más contenido y una diferenciación social aparentemente menos acentuada. Justamente, el examen de estos aspectos plantea la problemática mayor acerca de la posibilidad de la presencia de organización estatal en la sociedad Nasca y, en todo caso, sobre el tipo de organización política que pudieron haber desarrollado. Temática en la que se postulan distintas posiciones que se encuentran en un interesante debate, como veremos más adelante.

Antes de entrar en mérito a las características del urbanismo y la arquitectura Nasca, nos pare-

ce oportuno reseñar algunos aspectos relacionados con el modo de vida de su población y, en especial, con relación a la producción de sus manufacturas, sus niveles de especialización y desarrollo de sistemas de intercambio. Somos de la opinión que el estudio de estos aspectos, referidos a los procesos productivos y al modo de vida de los Nasca, pueden brindar la clave para definir mejor las características de esta formación social y, a su vez, proporcionar elementos fundamentales para el análisis de sus patrones de asentamiento y arquitectura.

En el desarrollo de sus manufacturas los nasca destacan por su sobresaliente arte textil, pero es en la cerámica donde posiblemente alcanzaron el más alto nivel de expresión cultural. De otro lado, no se registraría un desarrollo mayor en la metalurgia y orfebrería; mientras que los sistemas de intercambio con otras regiones parecen haber sido bastante reducidos o limitados mayormente a cierto tipo de recursos y bienes exóticos.

En la textilería nasca se empleó tanto el algodón como la lana de camélidos, con un amplio manejo de tintes que permitían a sus artesanos desarrollar motivos decorativos policromos, realizados principalmente mediante la técnica del tapiz o el brocado. Muchos de los diseños decorativos de los textiles fueron similares a los que se desplegaban en la cerámica (Lumbreras 1969: 206). Se puede suponer que la calidad de este tipo de manufacturas estaría demandando determinados niveles de especialización, tanto en los aspectos técnicos de su producción como en el manejo de los códigos y patrones iconográficos de los diseños decorativos (Silverman y Proulx 2002: 6164 y 152-155). Una expresión de este tipo de especialización productiva estaría documentada con el hallazgo de evidencias asociadas al funcionamiento de un taller textil en la Unidad 7 excavada por Strong (1957: 28) en el complejo de Cahuachi y que correspondería a la fase temprana Nasca 2. En resumen, se puede considerar que ciertos rubros de la actividad textil proporcionan buenos indicadores de los niveles de especialización productiva presentes en la sociedad Nasca.[124]

En cuanto a la cerámica Nasca —cuya manufactura es la que mayores indicadores de especialización productiva presenta— se puede apreciar desde sus fases tempranas la transición con relación a las tradiciones Paracas, cuando la cerámica se decora aún con incisiones finas, pero la pintura ya no es aplicada post-cocción, sino mediante pigmentos aplicados previamente a la cocción de las vasijas. Este sólo dato revela una importante innovación tecnológica, que implicó un amplio conocimiento sobre los colores y tonos que producirá la aplicación de ciertos pigmentos y engobes al ser sometidas las piezas a determinadas temperaturas en el proceso de quema, lo que representa también un avance notable en el control de las temperaturas y en el dominio de las condiciones ideales de cocción por parte de los alfareros nasca. La forma más común de las vasijas finas es la globular con dos picos unidos por un asa puente. El modelado de las vasijas es frecuente y los colores comúnmente utilizados fueron una variada gama de tonos del rojo, rojo púrpura, blanco, negro, naranja, amarillo, marrón y gris (Silverman y Proulx 2002: 149-152). Al igual que en el arte textil, en la manufactura de la cerámica decorada con motivos iconográficos complejos, puede argumentarse el requerimiento de especialistas como también ciertos niveles de control sobre los patrones de diseño ejecutados, por parte de la elite que conducía el sistema de culto.

Llama también la atención de los estudiosos la presencia de una extraordinaria diversidad de instrumentos musicales, que incluye antaras, quenas, ocarinas, trompetas, tambores y sonajas, la mayoría de ellos realizados por medio de la cerámica. Entre las ofrendas enterradas en contextos propios de la arquitectura ceremonial es bastante frecuente el hallazgo de instrumentos musi-

cales, especialmente de antaras, lo que sugiere su empleo para el acompañamiento musical de las festividades y eventos rituales que se desarrollaban en los complejos ceremoniales.[125]

A partir de la sofisticada y exquisita cerámica Nasca se puede deducir un elevado nivel de especialización productiva. Sin embargo, aun cuando en los sitios nasca es relativamente común el hallazgo de artefactos e insumos asociados a su producción, como son platos de alfarero, espátulas, pigmentos y pinceles (Isla 1992; Silverman y Proulx 2002: 59-61), el hecho de que estos aún no se hayan encontrado asociados en contextos de áreas de actividad aparente, es decir que aún no se haya documentado arqueológicamente talleres de producción alfarera en asentamientos nasca, ha llevado a algunos investigadores a sugerir que quizás este tipo de producción alfarera no requería necesariamente de una especialización productiva (Silverman 1993a: 302 y 335; Silverman y Proulx 2002: 59-61 y 149).[126] Sin embargo, nos parece prematuro especular con esta presunción mientras no se documenten casos de áreas de actividad asociadas a algunos de los procesos productivos propios de la elaboración cerámica, especialmente de la emblemática vajilla fina nasca.

La metalurgia del oro no estuvo del todo ausente, si bien no conoció el desarrollo espectacular de las culturas norteñas, mientras que existen dudas si es que desarrollaron la del cobre dada su escasa representación. En cuanto al intercambio, este se concentró en algunos recursos e insumos, tales como plumas de aves de la Amazonia, obsidiana proveniente de las alturas de Ayacucho; mientras que otros bienes exóticos —con un creciente movimiento desde épocas tempranas en otras regiones— como el mullo (Spondylus), registrarían una presencia bastante restringida.

Los principales asentamientos Nasca

Entre los asentamientos Nasca más representativos destaca Cahuachi, un extenso sitio en el valle de Nazca, donde también se encuentran otros sitios importantes como Cantalloc, El Quemado, Jumana y Monte Grande en la parte baja del mismo y Taruga al sur, en la quebrada del mismo nombre. Además en el valle de Ingenio se encuentra el sitio de Ventilla; mientras que en el de Palpa La Muña, Los Molinos y Puente Gentil (Isla 2003: com. pers.; Reindel et al. 1999, Reindel e Isla 2001; Silverman 1993a: fig.1.3, 1993b; Silverman y Proulx 2002: fig. 5.1).

Cahuachi

Cahuachi se ubica en la margen izquierda del valle de Nazca a unos 40 km en línea recta del litoral y a unos 20 km al este de la ciudad de Nazca. El sitio se desarrolla a lo largo de la margen sur del valle, que en ese tramo presenta una franja agrícola de tan sólo unos cientos de metros de ancho entre ambas márgenes. El desarrollo en dirección este–oeste del asentamiento tiene en su zona central —donde se presenta la mayor densidad de estructuras— unos 3 km de extensión, pero que si se incorporan otras estructuras más dispersas, podría alcanzar hasta unos 5.5 km llegando a colindar hacia el oeste con el sitio más tardío de Estaquería, de lo que resultaría una extensión con un área total de unas 150 ha (Silverman 1993a: figs. 2.3 a 2.6), bastante más amplia y con mayor número de estructuras que las que fueron reportadas originalmente en el conocido plano publicado por Strong (1957: fig.4).

En la conformación del asentamiento destacan una serie de plataformas y montículos piramidales. Estos han sido construidos aprovechando en gran medida la topografía y configuración natural de los cerros, ya sea incorporándolos al volumen de los montículos o mas bien modelándolos mediante terrazas niveladas que sugieren el desarrollo de plataformas o de pirámides escalonadas.

Sintomáticamente estas modificaciones privilegian el flanco norte de las colinas, lo que revela claramente la intención de presentar hacia ese frente, que se aprecia desde el pequeño valle, la impresión correspondiente a una arquitectura monumental. Muchos de los montículos y plataformas de perfil piramidal se encuentran enfrentados a explanadas que fueron niveladas, a modo de plazas a veces delimitadas por otras plataformas o cercadas por muros bajos (Strong 1957, Silverman 1993a).

Fig. 290. Cahuachi. Plano general según Strong (1957: fig.4).

Fig. 291. Cahuachi. Foto aérea oblicua del Templo Mayor (Bridges 1991).

Este tipo de estructuras (montículos y plataformas) se encuentran separadas entre sí no solamente por explanadas y plazas, sino también por amplias extensiones de terreno que se encuentran totalmente libres de estructuras y que frecuentemente fueron utilizadas masivamente para fines de enterramiento. En total, estas áreas libres de estructuras representarían unas 125 ha de modo que las ocupadas por montículos y otras estructuras se verían reducidas tan sólo a unas 25 ha es decir poco más del 15% del área total. Estos datos y la aparente ausencia de concentraciones habitacionales y de otras estructuras arquitectónicas menores, conducen a Silverman a discutir la reiterada aseveración de muchos autores en cuanto a la supuesta condición urbana -y mas aún de Cahuachi, en cuanto ciudad “capital” de un supuesto estado expansivo Nasca (Rowe 1963)considerando que mas bien debería de caracterizarse a Cahuachi como “centro ceremonial”, para lo cual encontraría sustento en las recurrentes evidencias de ofrendas y otras actividades rituales, incluyendo las de carácter mortuorio (Silverman 1993a, Silverman y Proulx 2002).

Sin embargo, otros estudiosos de esta misma temática plantean algunas advertencias cautelares al respecto. La primera estaría referida a la reducida extensión de las excavaciones realizadas en Cahuachi, lo que puede representar una seria limitación para disponer de una visión más completa de las características del asentamiento y de sus estructuras arquitectónicas. Una segunda, se refiere a la dificultad advertida por distintos investigadores, de hallar evidencias de contextos propios de áreas de actividad en espacios arquitectónicos claramente definidos, lo que lleva a pensar en una modalidad de limpieza frecuente de estos espacios; lo que, a su vez, calzaría con el alto contenido de basura —doméstica o no— que se detecta de manera recurrente en los rellenos constructivos y cuyos volúmenes excederían ampliamente los deshechos que podrían haber generado actividades esporádicas, propias del modelo de peregrinaje sugerido por Silverman (Silverman 1993a, Silverman y Proulx 2002). Desde esta vertiente, se sostiene que la presencia de arquitectura con espacios limpios, no podría ser asignada a priori a una función exclusivamente ceremonial, pudiendo haber respondido tanto a funciones de tipo público en el ámbito productivo (talleres) y de servicios; como a funciones de tipo residencial y carácter doméstico (Isla 2003: com. pers.).

En cuanto a las características de las técnicas y materiales constructivos, ya hemos señalado la recurrente modificación de los montículos naturales, mediante nivelaciones y rellenos que generan terrazamientos con muros de contención. Los adobes empleados en estas estructuras y en los muros de las edificaciones tienen formas cónicas o semicónicas de base circular y superficie estriada, siendo los más comunes, aunque los hay también en forma de cuña alta, rectangulares convexos e irregulares, a modo de terrones (Strong 1957: 31). En algunos muros los adobes utilizados fueron todos del mismo tipo, si bien en otros se incorporó más de un tipo de adobe (Silverman 1993a:

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