Ciudad y Territorio de los Andes

El sitio de Pampa del Gentil (PV:57-64), presenta una notable concentración de estructuras formadas por recintos de distintos tamaños, en un área de por lo menos 3.5 ha. y cuyo trazo, si bien tiende a la ortogonalidad, no evidencia planificación si no mas bien la progresiva agregación, adosamiento y superposición de estructuras. En el borde de la terraza que domina el valle se ubican pequeños montículos orientados este-oeste, cuya morfología y materiales constructivos indicarían su filiación temprana (Paracas). La configuración de sitios como Pampa del Gentil y del sitio PV.57-140 en el valle de Chincha, cuya ocupación correspondería mayormente a la fase Carmen, es bastante similar a la de otros sitios contemporáneos de la región, como es el caso de Dos Palmas en el vecino valle de Pisco (Rowe 1963, Wallace 1971: 83-84).

En este tipo de asentamientos son dominantes las estructuras habitacionales y sólo comprenden un número limitado de pequeños montículos —como se registra en el borde norte de Pampa del Gentil (PV:57-64)[119]— mientras que en otros como Condorillo (PV.57-121) se presentan agrupaciones de pequeños montículos asociados a algunas áreas que parecen corresponder a una ocupación habitacional. Queda por investigar las características y el rol de esta arquitectura pública menor en este tipo de asentamientos, sea que se trate de edificios de función comunal o ceremonial en asentamientos donde la función habitacional parece primar, en mayor o menor grado.

Concluyendo esta breve reseña sobre la ocupación del valle de Chincha durante este período, nos parece importante advertir la lectura de una posible ampliación del área agrícola del territorio del valle, especialmente en el sector medio —donde se ubican los principales asentamientos Estrella— al igual que en el sector sur del valle bajo. A este propósito se observa que los sitios Estrella jalonan el curso medio del río Matagente y el curso del viejo cauce en el valle bajo, lo que podría estar indicando el desarrollo de sistemas de irri-

gación a partir de estos cursos de agua. Así mismo, es también factible que se iniciara la irrigación de la margen norte del valle ya que —delineando lo que pudo ser el trazo de un canal principal y límite de los campos de cultivo en ese entonces— se encuentran los sitios 134, Cruz de La Molina (132), Huallanca (133) y Condorillo (121); y se localizan sitios como La Esclusa (100, 102), que se ubican estratégicamente en puntos donde hasta la fecha se encuentran las bocatomas de los canales que irrigan la margen norte del valle (Canziani 1993: 106).

De otro lado, la evidente limitación de la inversión en el desarrollo de arquitectura pública monumental y la aparente ausencia de sitios con una clara identidad urbana, podrían estar señalando un cierto estancamiento en los niveles de acumulación de excedentes productivos o la alteración de los mecanismos de apropiación de estos excedentes, que anteriormente habrían posibilitado el desarrollo de una elite y de entidades políticas de tipo teocrático durante la época Paracas. Parece resultar de estas restricciones una serie de limitaciones en la consolidación de una elite sacerdotal y del cuerpo de especialistas que opera con ella,[120]así también en la conformación y consolidación de la organización estatal, a diferencia de lo que hemos visto acontece en otras regiones de la costa peruana al norte de Chincha (Canziani 1993: 106).

Estos aspectos evidentemente requieren de mayores investigaciones, que permitan ahondar el estudio de un interesante caso que indicaría la contemporánea vigencia durante el período en cuestión de formas de desarrollo “desiguales”, donde la necesidad prioritaria de concentrar la inversión social en el desarrollo de la infraestructura agraria, podría haber resultado en formas de desarrollo que no pasaban necesariamente por el establecimiento de organizaciones políticas estatales, asociadas al desarrollo de complejos urbano teocráticos, donde se manifiesta de manera patente una colosal inversión en la arquitectura pública monumental, propia de Gallinazo, Moche o Lima.

Algunos asentamientos Carmen en el valle de Pisco

En el cuello del valle de Pisco y en su margen derecha se ubica el sitio Carmen de Dos Palmas. Este sitio tiene gran relevancia porqué fue citado por el Dr. Rowe (1963: 302-303) como un claro ejemplo del urbanismo temprano que surgía en la Costa Sur,[121] posiblemente esta apreciación fue acentuada por el gran impacto visual de una fotografía aérea tomada por Shippe y Johnson a inicios de los años 30 (ibid) en la que se aprecia una alta concentración de estructuras en el flanco de una terraza árida. El asentamiento habría tenido una extensión de unas 15 ha y las estructuras que lo conformaban tendían a presentar plantas ortogonales, así como algunos muros perimétricos entre conjuntos o en los límites de ciertos sectores del asentamiento. Igualmente, entre la trama de las estructuras aglutinadas, se observa claramente la presencia de algunos espacios abiertos a manera de pequeñas plazas.

Sin embargo, en el conjunto no se percibe una traza planificada sino más bien algo irregular. Tampoco se observan indicios de edificios prominentes que pudieran haber cumplido funciones públicas, y análogos a los documentados ampliamente en sitios urbanos contemporáneos. Wallace (1971: 83-84) informa que estas estructuras estaban construidas con paredes de piedras y que correspondían a cuartos contiguos de diferentes tamaños y formas. Lamentablemente informa también de la acelerada destrucción del sitio, que ya se encontraba cortado por un camino y en gran parte afectado por la expansión agrícola, lo que ha imposibilitado su deseable investigación.

Fig. 288. Dos Palmas. Vista aérea oblicua tomada en 1931 del extenso asentamiento, ya desaparecido, en la que se aprecia su extensión y notable aglutinación de estructuras (Rowe 1963).

Sobre la base de las características que exhibía Dos Palmas y dada su fuerte similitud con las que presentan sitios contemporáneos, como Pampa del Gentil y PV.57-140 en el valle de Chincha, podemos suponer que las estructuras de este asentamiento correspondían a los cimientos de conjuntos de viviendas que fueron mayormente construidas con quincha. Pensamos también que Dos

Palmas pudo ser el resultado de un proceso de agregación y superposición de estructuras, similar al que presentan los sitios chinchanos antes mencionados, con un carácter presumiblemente rural y de aparente función habitacional.

Además de compartir la ubicación en el cuello de los valles, estratégica con relación al manejo del sistema de irrigación y de las tierras agrícolas, la fuerte similitud entre los sitios del valle de Chincha y Dos Palmas en el de Pisco, debió ser también resultado de una estrecha interrelación de sus respectivas poblaciones. Efectivamente, tanto Dos Palmas como (PV.58-2) otro sitio Carmen de características al parecer similares (ibid: 82-83), se encuentran en la margen de la Pampa Cabeza de Toro, una gran quebrada lateral del valle de Pisco que se proyecta hacia el norte y el valle de Chincha, mientras que los sitios Pampa del Gentil y PV.57-140 se encuentran próximos a la Pampa del Carmen y a la Quebrada de Arrieros, que se extienden al sur este del valle de Chincha. De modo que la convergencia de estas dos grandes quebradas forma una vía natural, utilizada en época prehispánica y hasta la fecha para comunicar los cuellos de ambos valles, mediando entre ellos una distancia de tan sólo 20 km.

Por su parte Silverman (1997) documenta con sus excavaciones en Alto del Molino, un sitio Carmen en la margen izquierda del valle bajo de Pisco. El sitio presenta varios montículos bajos cuya estratigrafía reveló una ocupación temprana correspondiente a Paracas Necrópolis (fase Chongos) de carácter doméstico, a la que se superpuso la ocupación Carmen. Esta última fase se caracterizaría por ciertos rasgos arquitectónicos que podrían indicar una función pública, si bien las edificaciones no alcanzarían características monumentales.

Efectivamente, en el montículo de la Huaca 2 se registraron tanto una escalinata central con corredores, orientados de norte a sur, como otra escalinata lateral que asciende de oeste a este. La escalinata central estuvo finamente enlucida y conservaba trazas de pintura amarilla y roja, al igual que el corredor que la antecede que estuvo pintado de rojo. Entre los escombros de esta área, se encontraron también fragmentos de pintura mural con diseños geométricos policromos, que recuerdan los que luce la cerámica. Los muros

fueron construidos mayormente con cantos rodados unidos con mortero de barro y se registró también la técnica de las cámaras de relleno para la edificación de las plataformas. Adicionalmente, en uno de los recintos excavados se expuso una hilera de 3 pequeños cubículos cuadrangulares de 1 m. de lado (ibid: 450, fig. 11), cuya configuración permitiría suponer una posible función destinada al depósito.

La sociedad Nasca y la cuestión de sus posibles formas de urbanismo

Durante el presente período se desarrolló en la costa sur del Perú la sociedad que conocemos como Nasca.[122] Su desarrollo tuvo como área nuclear los valles de Nazca, sin embargo comprometió al valle de Ica y posiblemente también al de Pisco, al norte de la región, mientras que hacia el sur su presencia se registra de modo consistente hasta Acarí, si bien su influencia pudo alcanzar localidades como Yauca, Chala y otras aún más al sur (Silverman y Proulx 2002: fig. 4.3).

Como se ha señalado ya en el Capitulo 1, esta región sureña de la costa se caracteriza por su acentuada aridez, dado que las cuencas altas de sus valles son comparativamente más reducidas que los de la costa central y norte, y son también más escasas las precipitaciones pluviales que se producen estacionalmente en ellas. De modo que los ríos de la región presentan un limitado caudal, por lo que usualmente se agotan en los tablazos del desierto y no llegan a desembocar sus aguas al mar.

Es de notar que los valles de esta región no desarrollan en sus zonas bajas los característicos deltas aluviales propios de los valles que hemos visto en las regiones del norte y centro de la costa peruana. Por el contrario, los ríos de esta región sur generan oasis con vocación agrícola en zonas relativamente alejadas del litoral y en proximidad de las estribaciones de la cordillera occidental de los Andes. Así, por ejemplo, el valle de Ica luego de su curso descendente hacia el oeste desde la parte alta del valle, al ingresar al tablazo desértico modifica su curso en dirección sur, donde se desarrolla una importante área agrícola. Mientras que, luego de Ocucaje y Callango, se encañona y

Fig. 289. Mapa de los valles de Ica y Nazca con los principales sitios del período (Redibujado de Reindel et al. 1999: fig. 1).

no ofrece mayores áreas con posibilidades agrícolas hasta su desembocadura en el litoral.

En el caso del río Grande de Nazca, se produce la singular confluencia de varios ríos tributarios, encajados en una serie de quebradas, que al unirse forman pequeños valles agrícolas que se desarrollan a unos 60 a 40 km del mar y a una altitud entre 600 a 300 msnm., como son Palpa, Ingenio y Nazca, antes de confluir en el río Grande, con una extensión relativamente limitada de tierras de cultivo que tan sólo alcanza unas 13,000 ha (ONERN 1971). En el subsiguiente tramo de su curso hacia el oeste, luego del oasis de Coyungo a unos 30 km del mar, el río Grande tiende a encañonarse en el tablazo y ya no ofrece mayores tierras de cultivo en esta última parte de su recorrido.

Si bien los valles de Nazca y Palpa están separados del de Ica por extensas pampas áridas propias del tablazo desértico, es de notar que la desviación del curso del río Ica hacia el sur lo aproxima progresivamente al río Grande de Nazca, especialmente en la parte baja de ambos valles, donde resulta que sus respectivas desembocaduras al mar se encuentren a poco menos de 20 km de distancia entre sí. Esta singular característica geográfica debió dar lugar a un intercambio relativamente fluido entre ambos valles, favoreciendo la constitución de esta “área nuclear” Nasca que se aprecia con fuerza en la cultura material que comparten las poblaciones de Nazca e Ica durante el período.

En cuanto a la economía de los Nasca, sabemos que en un medio de extremada aridez sus posibilidades de desarrollo agrícola debieron de enfrentar condiciones adversas, como la ya mencionada limitación de tierras con vocación agrícola, unida a la severa escasez del recurso agua y la consecuente restricción para desarrollar amplios sistemas de irrigación (Kososk 1965, Silverman 1993a, Silverman y Proulx 2002). Sin embargo, es de resaltar aquí que, en el esfuerzo por revertir estas condiciones, se construyeron ingeniosos sistemas de puquiales y de galerías filtrantes, que tenían por objeto captar el agua subterránea y aprovecharla para el cultivo (Schereiber y Lancho 1988). De esta forma y aplicando esta técnica singular en zonas donde el agua no se presenta en superficie, se logró el riego que diera sustento a algunos oasis agrícolas.

image_pdfimage_print

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Translate »
A %d blogueros les gusta esto: