Ciudad y Territorio de los Andes

El primero en registrar estos indicios tempranos en Pachacamac fue Uhle [1903]

(2003), quien a finales del siglo XIX encontró que en los niveles inferiores de la secuencia estratigráfica que culminaba con la ocupación inca, se hallaban materiales culturales tempranos que los antecedían, incluyendo estructuras con los típicos pequeños adobes Lima. Uhle reporta estos hallazgos principalmente en la base norte del viejo Templo de Pachacamac y en los alrededores y bases del Templo del Sol. En el corte de Uhle (2003: fig.3) publicado también por Strong y Corbett (1943: fig. 2) se aprecia claramente, bajo las estructuras de las plataformas escalonadas del viejo templo de Pachacamac, el hallazgo de pisos y muros de contención asociados a la época Lima, los que pudieron formar parte de plataformas escalonadas de este antiguo templo.

Fig. 285. Pachacamac. Foto aérea en al que se ha resaltado los posibles edificios monumentales de época Lima. Al sureste el Viejo Templo de Pachacamac, con las plataformas hacia el noroeste, cuyas remodelaciones tardías corresponden al Templo Pintado. Al sur oeste, los indicios de otra edificación piramidal de la época Lima a la que se le superpuso el Templo del Sol durante la ocupación Inka. Al noroeste el montículo conocido como Urpi Wachac.

Posteriormente, los trabajos de Strong y Corbett (1943) corroboraron esta información, al desarrollar excavaciones que intervienen la base del Templo del Sol en el flanco Este, confirmando la presencia de estructuras construidas con pequeños adobes y asociaciones culturales que corresponden a la época en cuestión y a las que se les superpuso tardíamente la edificación Inca. De igual manera, observan en un gran corte que desciende del lado noreste de la terraza más alta del templo, la presencia de estructuras de adobes moldeados a mano asociados con material cerámico de época Lima, justo debajo del piso existente en la terraza superior del templo inca (ibid: 39). Conjugando estos datos, provenientes tanto del examen de la base como de los niveles superiores del Templo del Sol, y que revelan la recurrente presencia de estructuras arquitectónicas de época Lima, se puede inferir que el edificio inca fue construido incorporando bajo sus plataformas las de un antiguo templo piramidal que debió tener un notable volumen.

Además de este montículo de forma y volumen desconocido cubierto por el Templo del Sol, tendríamos al Este el montículo llamado Templo Viejo o Templo de Pachacamac que presenta una planta rectangular orientada noreste–suroeste y que tiene un ensanchamiento en su extremo noreste. A estos dos montículos se agrega uno más al norte conocido como el Templo Pintado, por sus plataformas escalonadas con evidencias de pintura mural, que corresponderían a remodelaciones de las fases finales del período (Nievería) y al Horizonte Medio. A esta misma época también podría corresponder el gran recinto cuadrangular que rodeó estas pirámides y estructuras, destacando el espacio de mayor significación ceremonial.

Es relevante notar como en esta época temprana el emplazamiento de las principales edificaciones ceremoniales de Pachacamac privilegia el promontorio elevado que se encuentra al sur del sitio. Este es un lugar con un paisaje muy especial, desde el cual se contempla el árido desierto bordeando el verdor del valle bajo, como también hacia el este y sur el río que corre a su desembocadura en el mar, mientras que hacia el sur y oeste se dominan los humedales que anteceden a las playas y el horizonte marino, del cual emerge la enigmática silueta de la isla de Pachacamac y su séquito de islotes.[118]

En resumen, si además de este importante núcleo de montículos emplazados en el sector sur del sitio, consideramos el montículo de Urpay Huachac y algunas otras evidencias de edificaciones menores en el sector norte, podemos suponer que el centro urbano teocrático de época Lima debió de alcanzar una extensión de unas 40 Ha manifestando ciertos rasgos similares en su ordenamiento y configuración respecto a Maranga (Canziani 1987). Si bien Pachacamac durante esta época debió ser un centro algo menor con relación a Maranga en el Rímac, es evidente que constituyó el sitio principal Lima en el valle de Lurín.

No está claro cual fue la relación del centro ceremonial Lima de Pachacamac con otros sitios Lima asentados en el valle de Lurín, ni tampoco lo está cual pudo ser el patrón de asentamiento en el valle durante este período. En los trabajos de Earle (1972) así como en los de Patterson et al. (1982), se propone un modelo de desarrollo expansivo de la entidad política Lima desde el valle bajo, para desde allí incursionar en el valle medio y medio alto. De acuerdo a estas propuestas, esta expansión implicaría el desarrollo de obras de irrigación que posibilitaron la intensificación de la producción agrícola en estos sectores del valle. De otro lado, el que muchos sitios Lima en el valle de Lurín se emplacen en las cimas de los cerros y que evidencien rasgos de fortificación, daría a entender que esta expansión no estuvo exenta de conflictos con las poblaciones locales del valle o con las que presionaban sobre sus importantes recursos desde las zonas altas del mismo. En todo caso, la posible esfera de control político del centro ceremonial Lima de Pachacamac habría estado restringida a los sectores bajo y medio del valle de Lurín, ya que Earle (ibid: 476) señala la inexistencia de algún sitio con rasgos monumentales en todas las secciones examinadas en la parte alta del valle, lo que estaría indicando que las poblaciones de estos sectores habrán mantenido un alto margen de autosuficiencia.

El valle de Chincha y los asentamientos de la época Carmen y Estrella

Durante el período se manifiestan en el valle de Chincha dos fases: una temprana denominada Carmen que sucede al Paracas Necrópolis o Topará, y otra más tardía conocida como Estrella, identificadas principalmente por los correspondientes estilos cerámicos, así como por los patrones constructivos asociados a su arquitectura (Wallace 1971).

Si examinamos el patrón de asentamiento en términos generales, como parte de una sola época, en la distribución de los sitios se aprecia una cierta continuidad con relación a la precedente época Paracas, si bien se advierte una tendencia al incremento del número de sitios localizados en la margen sur del valle, especialmente en el sector medio. Al mismo tiempo, se observa una distribución más homogénea de los asentamientos, con muchos de ellos localizados en el piso del valle, ocupándose zonas que no registrarían antecedentes en las fases precedentes. Este es el caso de sitios importantes como Huaca Santa Inés (PV.575) y de la agrupación de montículos del complejo Estrella (PV.57-53, 54, 55 y 160). Por el contrario, en la zona norte del valle bajo, se observa una ocupación escasa, si bien con una tendencia creciente con relación a las fases anteriores en la zona de transición del valle bajo al medio de la misma margen, con la presencia de sitios como PV.57134, Cruz de La Molina (PV.57-132), Huallanca (PV.57-133) y Condorillo (PV.57-121), y en el valle medio con sitios como La Esclusa (PV.57100, 102) (Canziani 1993: fig. 4).

En cuanto al tipo de sitios, estos son bastante similares a los de la época Paracas, es decir montículos piramidales o montículos de plataformas bajas; sitios habitacionales; y obras de infraestructura agraria; a los que se agrega un nuevo tipo de sitios, cuales son los cementerios (Ibid: 102).

Fig. 286. Sitios del período de los Desarrollos Regionales Tempranos en el valle de Chincha (Canziani 1993).

En cuanto a los montículos, en términos generales, llama la atención la drástica reducción de la inversión en la construcción de arquitectura monumental durante el período. En la mayoría de los casos se verifica la reocupación de montículos piramidales construidos durante la época Paracas, donde aparentemente las intervenciones son también puntuales o, inclusive, irrelevantes. Esto se verifica especialmente en el sector sur del valle bajo, como es el caso del complejo San Pablo (PV.57-8, 9, 37 y 44) y de las Huacas Campana (PV.57-51), Mensías (PV.57-50) y de otros sitios que se localizan en proximidad del viejo cauce del río. Mientras tanto, los sectores central y norte del valle bajo no presentan una mayor continuidad de ocupación, donde presumiblemente se abandonan importantes complejos de épocas anteriores como la Huaca Santa Rosa (PV.57-87), Alvarado (PV.57-10) y La Cumbe (PV.57-3).

Solamente en contados casos se aprecia la construcción ex novo de montículos. Sintomáticamente estos corresponden mayoritariamente a los sitios que aparentemente ocupan por primera vez la parte media del piso del valle, lo que se manifestaría especialmente durante la fase tardía Estrella con la erección de las Huacas Santa Inés (PV.575), Monserrate (PV.57-117), Ronceros (PV.5739), y de los montículos del complejo Estrella (PV.57-53, 54, 55 y 160). Sin embargo, es de notar que de estos solamente la Huaca Santa Inés habría alcanzado un volumen de cierta envergadura, lo que daría a entender que tuvo una posición jerárquica privilegiada con relación a los otros asentamientos que tan sólo presentan montículos pequeños o vestigios de plataformas bajas, como es el caso del Complejo Estrella. Lamentablemente la Huaca Santa Inés ha sido seriamente afectada por el trazo de la carretera que se dirige a El Carmen y el puente sobre el río Matagente, lo que ha provocado el corte de lo que debió ser la parte principal y más alta del montículo y la mutilación o desaparición de las plataformas más bajas. Estas penosas condiciones impiden actualmente conocer cual pudo ser la orientación y conformación original de esta edificación, que constituiría el principal monumento construido durante esta época.

Fig. 287. Huaca Santa Inés. Corte de las estructuras construidas con adobes hemicilíndricos, en las que se aprecia superposiciones arquitectónicas (Canziani 1993).

Aparentemente los edificios monumentales del período mantienen ciertos cánones arquitectónicos propios de las épocas tempranas, como es el caso de la planta rectangular y de la orientación en dirección este-oeste, si bien no está claro si se mantuvo la volumetría escalonada que exhiben los montículos Paracas, dado que lamentablemente no se conservan edificaciones que hayan mantenido su fisonomía original a causa de las posteriores reocupaciones y, mayormente, debido a las destrucciones modernas.

Sin embargo, para este período se han registrado por lo menos dos casos que rompen inusualmente con esta constate en la orientación. Se trata de montículos conformados por plataformas bajas de planta rectangular orientados de norte a sur. Dos de estos se registraron en el sitio PV.57-134, del que lamentablemente se constató su destrucción en 1990, y uno al oeste del sitio de Condorillo (PV.57-121) también afectado por un intenso proceso de destrucción al haber sido invadido por pobladores. Sintomáticamente en ambos casos se documentó la singular existencia de pilares cuadrangulares, así como de muros y otras estructuras construidas con distintos tipos de adobes, desde los hemiesféricos a los hemicilíndricos.

A propósito de los materiales constructivos, tenemos durante el período una notable variedad de tipos de adobes con formas distintas. Los adobes continúan siendo elaborados a mano y sin molde y presentan durante la fase Carmen formas de tipo hemisférico —que son los más populares— mientras que otros con forma de disco cilíndrico son menos comunes. Durante la fase Estrella se afirma un adobe singular de forma hemicilíndrica, con una ligera combadura o adelgazamiento en la sección central del lomo curvo. En este último caso, se aprecia su empleo tanto para la elaboración de muros simples como de doble cara, disponiéndose los adobes en un aparejo alterno con las bases planas rectangulares hacia abajo. También es de notar que para la ejecución de los rellenos constructivos de las plataformas, se realizaron muros de contención formando cámaras de relleno. Es decir, que a diferencia de los rellenos masivos con adobes propios de la época Paracas, en este caso las plataformas que conformaron los montículos se construyeron mediante pequeñas cámaras con muros de adobes hemicilíndricos que fueron rellenadas con tierra suelta, cascajo y piedras, tal como se observa en Huaca Santa Inés y en plataformas del complejo Estrella.

Además de los sitios que tuvieron como eje edificios de aparente carácter público, también se verifica un notable incremento y desarrollo de asentamientos habitacionales de características aparentemente aldeanas. Este tipo de sitios son relativamente extensos y se localizan preferentemente en los márgenes del valle, sobre terrazas naturales áridas y elevadas con relación al fondo del valle, lo que les otorga una posición de dominio visual sobre los campos agrícolas de los alrededores y los canales de riego que los bordean. Este es el caso de Pampa del Gentil (PV:57-64) y del sitio PV.57-140, que se localizan en la margen sur del sector medio del valle, y en los que se registra una continuidad de ocupación que se remontaría hasta la época Paracas Cavernas.

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