Ciudad y Territorio de los Andes

De otro lado, los canales de Maranga y una serie de canales subsidiarios de distribución del riego de este sector de la margen izquierda del valle bajo,[111] se presentan asociados espacialmente a los sitios del complejo de Maranga y Makat-tampu.

Mientras tanto, se puede suponer que la parte baja de la margen derecha del Rimac no debió representar en ese entonces un entorno muy favorable a la agricultura, posiblemente por la gran cantidad de puquiales que evidencian una napa freática relativamente superficial, así como suelos sujetos a periódicas inundaciones o desbordes del río Rimac. Esta condición es compartida con la colindante margen izquierda o sur del Chillón, y podría ayudar a explicar la aparente inexistencia de sitios urbanos o con arquitectura monumental en esta zona entre ambos valles, la que además pudo funcionar como una suerte de “frontera”, en el supuesto que durante el período Lima en los valles del Chillón y el Rímac operaran entidades políticas independientes entre sí.

El Centro Urbano Ceremonial de Maranga

En una posición central con relación al valle bajo se encuentra el complejo de Maranga, que se ubica en la margen izquierda del valle del Rimac, unos 2.5 km al sur del río y a una distancia de unos 3.5 km del mar. Su localización en el piso aluvial del valle, en suelos con vocación agrícola pone en cuestión el paradigma que sostiene que todos los sitios prehispánicos siempre se localizaron al margen de las tierras agrícolas.[112]

Dentro del extenso complejo de Maranga, que fue testigo de una larga historia de ocupaciones y cuyas estructuras y vestigios corresponden tanto a períodos tempranos como a formaciones tardías (Canziani 1987), sobresale un conjunto de grandes edificaciones piramidales y montículos menores, que se caracterizan por exhibir como material constructivo adobes paralelepípedos o cúbicos de pequeñas dimensiones y moldeados a

mano, conocidos popularmente como adobitos. Middendorf [1894] (1973: 56-69), quien visitó el sitio a fines del siglo XIX, en su descripción observa la notable diferenciación existente entre el conjunto de montículos de adobe y, por otra parte, los cercados amurallados, las estructuras y montículos de plataformas elaborados con la técnica más tardía del tapial o adobón y que corresponden a la posterior ocupación que conocemos como Maranga-Chayavilca.

El conjunto de pirámides y montículos hechos con pequeños adobes corresponden al centro urbano ceremonial de Maranga, el complejo urbano más importante de la cultura Lima en el valle del Rimac y de los demás valles de la Costa Central. Esta constatación se fundamenta tanto en la monumentalidad de sus principales edificaciones, así como en la extensión del sitio y el ordenamiento urbano que expresa todo el conjunto.

Es notable observar que el eje principal del complejo, orientado 25º al noreste resulta perfectamente perpendicular a la línea del litoral, demarcada por los acantilados que se encuentran a unos 3 km al suroeste del sitio. A lo largo de este eje que se desarrolla de norte a sur por lo menos 1.5 km y que se encuentra ligeramente desplazado hacia el oeste del asentamiento, se alinean las pirámides principales que comparten esta misma orientación en la conformación de su estructura arquitectónica.[113] La singular disposición de las pirámides y de otros montículos menores definen una serie de explanadas o posibles grandes plazas, así como otros espacios longitudinales que podrían haber conformado vías de circulación o calzadas ceremoniales (Canziani 1987: 10).[114] En cuanto a la extensión de este centro urbano, considerando las estructuras que se registran en superficie a lo

Fig. 279. Maranga. Fotografía aérea del sector central donde destaca la Huaca San Marcos y se observa, arriba, la destrucción iniciada en la Huaca Concha con las obras del estadio. La línea diagonal que atraviesa el sitio es la avenida Venezuela (Servicio Aerofotográfico Nacional 1944; Kosok 1965: 35, fig. 26).

largo de los 1.5 a 2 km que podría alcanzar el eje principal[115] y abarcando una franja de por lo menos 1 km de ancho, resultaría un área notable de 150 a 200 Ha. Lamentablemente durante las úl-

timas décadas este notable asentamiento ha sido objeto de una bárbara y acelerada destrucción.[116]

Fig. 280. Maranga. Plano general de las edificaciones monumentales correspondientes al centro urbano teocrático de la época Lima (Canziani 1987).

Algunos de los montículos piramidales son de gran tamaño y comparables a las edificaciones piramidales de la Costa Norte. Este es el caso de la pirámide principal (13) denominada Huaca Aramburú o San Marcos, cuyo eje mayor orientado de noreste a suroeste alcanza más de 300 m de largo, con un ancho que varía de 180 hasta 250 m en la sección más ancha en su extremo suroeste. Esta pirámide es una de las mejor conservadas, y su conformación revela el desarrollo de plataformas escalonadas que ascienden desde el extremo del lado norte hacia el sur donde alcanza la mayor altura con unos 30 m de elevación. Al extremo suroeste también se presenta el mayor ensancha-

investigaciones arqueológicas sostenidas y de políticas de puesta en valor. Sin embargo, la ignorancia y el consumado desprecio de estos monumentos por parte de las más altas autoridades han resultado en su grosera mutilación y lamentable desaparición. Podría señalarse aquí tan sólo unos cuantos datos de la crónica de esta aberrante y penosa destrucción. La construcción en los años 20 de la avenida Venezuela, en ese entonces bautizada irónicamente “Progreso”, mutila severamente el sector suroeste de la Huaca Aramburú (13) y atraviesa cortando en dos la ciudad prehispánica. En los años 40 el gobierno de Prado construye un estadio, cuyas obras se emprenden utilizando la Huaca Concha (12) como cantera de material de relleno para las graderías, el que además se adosa y superpone al mismo montículo. En los años 50, se instala en el sitio el campus de la ciudad universitaria de San Marcos, donde la construcción de los pabellones educativos arrasa con todos los montículos menores del sector norte del sitio. En los 60 el Parque de Las Leyendas ocupa con sus instalaciones gran parte del sector sur del complejo arqueológico. En la segunda mitad de los 80, el gobierno del Dr. García otorga títulos de propiedad a los ilegales ocupantes de áreas arqueológicas (intangibles) de propiedad del estado, desatando la urbanización en gran parte del complejo. Finalmente (?), el Ministerio de la Presidencia del Ing. Fujimori realiza en los años 90 obras de ampliación del estadio de San Marcos, acometiendo —50 años después— nuevamente contra los escasos vestigios arqueológicos de la Huaca Concha, impidiendo trabajos de rescate arqueológico ante la impostergable inauguración de una obra de evidente carácter propagandístico.

Fig. 281. Maranga. Vista de un corte al sur de la Huaca San Marcos, que exhibe las características constructivas de las plataformas macizas, conformadas por aparejos de pequeños adobes modelados a mano (Canziani).

miento del montículo, lo que se genera por el desarrollo de plataformas más bajas, a modo de apéndices, que se proyectaban hacia el oeste y sur. La acuciosa observación de Middendorf (1973: 63) lo lleva a señalar que no se trataba tan sólo del desarrollo de plataformas escalonadas y ascendentes, ya que la cima de estas también sirvió de base para la erección de una serie de estructuras arquitectónicas que las coronaban y cuyos muros de adobe evidencian enlucidos de barro y acabados con pintura amarilla (Tello 1999: 85). Recientemente la Universidad de San Marcos ha emprendido trabajos de investigación arqueológica que están revelando la naturaleza y complejidad de estas estructuras arquitectónicas y su probable función.

En cuanto a los materiales y técnicas constructivas, se aprecia el empleo de estructuras de relleno masivo de pequeños adobes paralelepípedos moldeados a mano, conformando bloques constructivos que sirvieron para la erección de las plataformas constitutivas del volumen piramidal. Parece que también esta técnica constructiva se combinó con la de las cámaras rellenas con basura, tierra, ripio e inclusive cantos rodados (Tello 1999: 38).

Al extremo norte del complejo se encontraba el segundo montículo en importancia, que es conocido como Huaca Concha (12), sin embargo esta fue destruida casi en su totalidad con la construcción del estadio de la Universidad de San Marcos. A partir de las antiguas aerofotografías del sitio (SAN 1944) se puede apreciar que esta edificación se desarrolló también con el eje mayor coincidiendo con el eje principal del sitio, e igualmente presentaba su mayor ancho en el extremo suroeste, pero en este caso por la presencia de una plataforma baja que se proyectaba hacia el sureste. Middendorf (1973: 63) registra que este montículo habría sido el más alto del conjunto, midiendo 210 m de largo y 105 m de ancho en el extremo norte, no pudiendo medir el extremo que presentaba el ancho mayor. También alcanza un dato sumamente significativo, al señalar que este montículo se diferencia de los anteriormente observados, por cuanto no exhibe rastro alguno de los pequeños adobes utilizados usualmente como material constructivo, de lo que deduce que en este caso singular se habría empleado tan sólo tierra y piedras (ibid.). Sin embargo, posteriormente en algunos trechos del montículo se observó estructuras hechas con adobes semicúbicos hechos a mano, al igual que celdas constructivas rellenadas con cantos rodados, especialmente en la cúspide, lo que explicaría su abundancia en la superficie de la Huaca (Tello 1999: 84).

Fig. 282. Makat Tampu. Plano del sitio según Julio C. Tello (1999).

Mientras tanto, al sur de la Huaca Aramburú se encuentra la Huaca 21, a la que Tello (ibid) hace varías referencias mencionándola como la “reniforme”, por la singular forma arriñonada de su planta. Anteriormente, el montículo fue también descrito por Middendorf (1973: 61-63 y plano pág. 57), quien observa a que la parte más alta del montículo se encontraba al sur este alcanzando unos 25 m de altura. Hace referencia también a un corte vertical en el sector, en el que se aprecia la estructura construida con pequeños adobes cúbicos (Canziani 1987: fig. 3).

En varios sectores del centro urbano se ha documentado una serie de evidencias que permiten suponer que las edificaciones piramidales y los demás montículos menores que sobresalen en la superficie del sitio no estaban aislados sino más bien rodeados por la concentración de otras estructuras de posible carácter residencial y público. Así lo demuestran los hallazgos de recintos o cuartos de aparente función doméstica en sectores al sureste del complejo; al igual que el hallazgo casual, en las excavaciones para la construcción de lo que iba a ser la sede del Museo Nacional, de un gran muro hecho de pequeños adobes y enlucido por ambas caras, que media en corte más de 1 m de espesor y unos 2 m de alto, cuya base se encontraba a 2.5 m del nivel actual del terreno y que se ubica a unos 600 m. al este del eje principal del sitio, entre los montículos 20 y 31. Estos datos demuestran claramente que lo que se aprecia en la superficie del sitio es tan sólo la “punta del iceberg” y que la ausencia de excavaciones arqueológicas sistemáticas en sitios estratégicos de tan vasta área han impedido hasta la fecha conocer la trama urbana subyacente y la naturaleza de la población y actividades que en ella tuvieron lugar. Como ya lo señaláramos en los resultados del que fue uno de nuestros primeros trabajos de campo, el centro urbano ceremonial de Maranga debió ocupar en los Andes Centrales un lugar de primer orden durante el período de los Desarrollos Regionales, si bien las investigaciones sobre el sitio no correspondan a esta realidad (Canziani 1987: 11).

Finalmente, es importante señalar que si bien el complejo de Makat-tampu, ubicado unos 1,500 m al sur del río Rímac y a unos 2 km al norte del complejo de Maranga, posiblemente no formó parte integrante del centro urbano principal, aunque pudo estar alineado con su eje, debió de estar asociado a este en el manejo del sistema de riego y en la administración de la producción agrícola de este sector del valle bajo. Igualmente Makattampu, debió de conectarse con el complejo de Maranga, mediante un sistema de caminos que debió de articular a los sitios principales del valle además de comunicarlos con los que se encontraban en los valles inmediatamente próximos. En todo caso, dada la escala menor de las edificaciones de época Lima registradas en Makat-tampu, podemos presumir que este asentamiento jugó un rol secundario y jerárquicamente dependiente del centro principal de Maranga.

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