Ciudad y Territorio de los Andes

Entre los recintos rectangulares que presentan subdivisiones formando recintos menores o patios, Donnan (ibid.) registra los sitios 88, 91, mientras que entre los que contienen plataformas o montículos piramidales al interior de los recintos rectangulares se registran los sitios 89, 130, 133, 186. Por su parte también Wilson (1988: 219-220) hace mención al registro de por lo menos 3 estructuras con recintos rectangulares, si bien las define gruesamente como “corrales”, a partir de su posible asociación con antiguos caminos que articulaban el valle en sentido transversal –conectándolos con las rutas intervalles- como también longitudinal, comunicando los sitios que se encontraban hacia el interior del valle, con una posible proyección hacia las partes altas y la serranía. Las características de algunos de estos complejos con recintos rectangulares y su asociación con redes de caminos, podría también haber correspondido a establecimientos del tipo tampu (Canziani 1989: 196), tal como se sugiere más adelante a propósito de estructuras similares instaladas por los Moche en el valle de Nepeña. Un posible sitio Fortificado

Fig. 241.Huaca China (88). Vista aérea oblicua en la que se aprecia las murallas concéntricas. (Bridges 1991).

Finalmente, en una posición estratégica en la margen sur del valle bajo se encuentra el sitio denominado Huaca China (84) que parece corresponder a una estructura fortificada. Este sitio está localizado sobre el promontorio de un cerro que aflora en el piso del valle, y se caracteriza por presentar en el sector más alto dos murallas concéntricas que encierran la cima del cerro, donde se encuentran restos de una plataforma con algunos muros o recintos. Las murallas tiene una base de aproximadamente un metro mientras que debieron de alcanzar más de 3 m. de altura. Todas estas estructuras fueron construidas empleando adobes hechos con molde, cuyas dimensiones presentan las medidas propias de los estándares moche.

El amurallamiento exterior presenta un diámetro aproximado de unos 75 m mientras que la muralla interior corre paralela a esta a unos 5 m de distancia. No está del todo clara la forma de acceso y los vanos que permitieran la circulación hacia el interior del conjunto, sin embargo las características que presenta un recinto adosado al norte de la muralla exterior, con muros formando un corredor laberíntico, podría suponerse que formaba parte de los mecanismo para restringir y controlar el acceso principal al edificio (Donnan 1973: 16-18, fig. 1; Wilson 1988: 212-213, fig. 113).

Resumiendo las características centrales del patrón de asentamiento establecido durante la ocupación moche del valle del Santa, podríamos señalar que ésta privilegia la explotación agrícola del valle bajo, lo que se manifiesta claramente con la notoria concentración de la mayoría de sitios y la localización de los asentamientos principales en este sector del valle.

Otro elemento saltante que se observa es el establecimiento de dos centros gravitantes en ambas márgenes del valle. El primero, en la margen norte entorno al complejo de Pampa de los Incas, que correspondería a la “capital” provincial moche en el valle; y el segundo, en la margen sur y al este de la hacienda Tambo Real, con un conjunto de sitios que pudo tener como centro el sitio de El Castillo (161). Esta organización dual del sistema de asentamiento, respondería a los requerimientos planteados por el manejo agrícola en ambas márgenes del valle bajo, como también a la necesidad de localizar los sitios principales en directa conexión con los caminos que respectivamente permitían la comunicación con los valles al sur y al norte del Santa. De otro lado, el hecho de que el Santa sea un río de fuerte caudal y de evidentes dificultades para su vado, pudo también contribuir a generar esta organización bipartita del territorio del valle bajo.

El complejo de Pampa de los Incas, correspondería al principal centro político, religioso y administrativo Moche en el valle, presentando la arquitectura monumental de mayor dimensión y representatividad, concentrando posiblemente la mayor población urbana dedicada a actividades de carácter especializado y, entre estas, de la producción de cierto tipo de manufacturas.

Especialmente en la margen sur, se aprecia la presencia de sitios con montículos piramidales, cuya distribución regular permitiría suponer que resolvían principalmente funciones de índole ceremonial con relación a la población asentada a lo largo de este sector del valle. Mientras tanto, la presencia de sitios caracterizados por presentar recintos rectangulares, podría haber estado destinada a cubrir funciones de carácter mayormente administrativo, algunas de ellas posiblemente asociadas con la operación del sistema de caminos y la movilización de las caravanas de transporte, similar a las que tuvieron los tambos tardíos (Hyslop 1984, Canziani 1989: 196). Esto no excluye que algunos de estos complejos con recintos rectangulares incorporaran alguna actividad ceremonial, dado que algunos de ellos incluyen también pequeños montículos piramidales.

En este esquema reconstructivo la presencia de una posible fortificación en Huaca China (84), podría haber respondido a una función defensiva de la parte baja de la margen sur del valle, como también, en su momento, pudo haber correspondido a un punto de avanzada de alguna de las campañas de la conflictiva expansión Moche hacia el sur. Una vez impuesta la dominación moche, esta edificación podría haber sido destinada a otros usos. En todo caso, resulta sintomática la ausencia de otras estructuras fortificadas en el valle, lo que demostraría que una vez resueltos los conflictivos que ciertamente generó el inicio de la ocupación moche del Santa, e impuesta por el poderío Moche la pacificación forzada de estos territorios, este tipo de estructuras habrían sido totalmente prescindibles.[84]

La ocupación Moche en el valle de Nepeña

Fig. 242. Mapa del valle de Nepeña con la ubicación de los sitios Moche (Redibujado de Proulx 1985).

Luego del importante desarrollo que se registra en este valle durante el período Formativo, manifiesto en el registro de arquitectura monumental de sitios extraordinarios como Punkurí y Cerro Blanco (ver Cap. 4), se desarrollan otros sitios aparentemente más tardíos como Kushipampa, Motocachy, Quisque y Paradones, que se localizan principalmente en la parte alta del valle (Proulx 1985). Sin embargo, llama la atención el que durante las fases tempranas del periodo de los Desa-

rrollos Regionales se verifique una aparente ausencia de centros ceremoniales y de poder con arquitectura monumental de cierta relevancia. Este fenómeno podría estar señalando un singular contexto histórico en el cual —luego del notable exordio expresado con el desarrollo extraordinario de la arquitectura monumental y de los centros ceremoniales formativos— no se habría configurado el consecuente surgimiento de una entidad política centralizada. Lo que representaría un caso típico de desarrollo discontinuo en el cual —contradiciendo lo que normalmente se asume por supuesto— no se presenta una evolución lineal ni tampoco un crecimiento continuo en el nivel de desarrollo de las formaciones sociales. Esta problemática merecería una investigación específica, más si se considera que un fenómeno similar también interesa al vecino valle de Casma, donde los desarrollos alcanzados durante el Formativo fueron aún más impresionantes.

En cuanto al valle de Nepeña, la concentración de la ocupación formativa en la parte alta del valle —al igual que en el valle de Virú— podría explicarse en función del despliegue inicial del manejo de la irrigación artificial en aquellas zonas cuya conformación favorecía la aplicación de tecnologías hidráulicas aún incipientes y cuyo funcionamiento posiblemente no requirió de formas demasiado complejas de administración y de organización de la fuerza de trabajo comprometida en la construcción y operación de estas obras públicas. En todo caso, este desarrollo inicial impulsado por la afirmación de la economía agrícola en el valle, no habría trascendido hacia la constitución de una organización estatal de rango mayor, pero inclusive tampoco habría logrado continuidad en el sostenimiento de formaciones estatales quizás aún incipientes.

De acuerdo a estos antecedentes, se podría suponer que la ocupación Moche en el valle de Nepeña se instalaría sobre una suerte de “vacío” de poder, ante la aparente ausencia de una organización política y la inexistencia de una entidad urbana local al momento de producirse la ocupación Moche. Esta situación lleva a suponer que la anexión o dominación Moche del valle de Nepeña se dio en condiciones bastante diferentes a las existentes en el caso de Virú.

En todo caso, los datos revelan que cuando se produjo la ocupación Moche del valle de Nepeña se modificó sustancialmente el patrón de localización de los asentamientos. La mayoría de los sitios se concentraron en la parte media del valle, nucleándose en los alrededores del complejo de Pañamarca que representó el principal centro del poder Moche en el valle. De otro lado, se ha destacado un dato relevante, cual es el registro de la contemporánea presencia de gentes afiliadas a la cultura Recuay que se localizan en las cabeceras de la parte alta del valle (Proulx 1985: 275-288).

Los sitios representativos de la ocupación Moche en el valle no son numerosos, ya que en total serían tan sólo 37 (ibid: 276). Son escasos los sitios que se localizan en la zona superior del valle medio o en la parte alta del mismo. Inclusive, entre los que se encuentran en este sector, algunos presentan como único indicador pocos tiestos moche, que bien podrían corresponder a piezas de intercambio. Al igual que en el caso del Santa, se advierten en Nepeña ciertas dificultades en identificar claramente los posibles sitios de habitación de este período, que se revelan relativamente escasos frente a la mayoría de los sitios representados por complejos con montículos piramidales y los cementerios.

El Complejo de Pañamarca

Pañamarca se localiza en el piso del valle de Nepeña, en su margen derecha y en una zona de transición entre la parte baja y media del mismo. El sitio se ubica a unos cientos de metros del cauce del río que transcurre al sur del mismo, y a unos 15 km. del litoral. En la elección de este emplazamiento -además de su localización estratégica para el manejo agrícola y las comunicaciones- parece haber primado también la presencia de unos singulares afloramientos rocosos, que fueron especialmente incorporados al diseño arquitectónico por sus sugerentes formas, lo cual –como ya se ha visto- confirma la reiterada predilección de los Moche por estas formaciones naturales para el establecimiento de sus sedes principales.

Este complejo representa el núcleo central de la ocupación Moche en el valle de Nepeña, ya que en sus alrededores se encuentran concentrados los restos de otros montículos de menor tamaño correspondientes a esta misma época. El monumento principal de este sitio, que tiene una extensión de unos 250 x 200 m. está constituido por una gran pirámide con una base de cuadrangular de unos 50 m. de lado que se yergue sobre un promontorio rocoso, lo que eleva su cúspide unos 40 m. por encima del nivel del valle. La edificación piramidal está aparentemente constituida por plataformas escalonadas, construidas masivamente con adobes paralelepípedos rectangulares hechos

Fig. 243. Panorámica desde el norte del complejo de

Pañamarca, en la que destaca la pirámide escalonada (Canziani).

con molde llano, si bien se observan también adobes elaborados con molde de caña.[85]

Esta pirámide principal en su frente noroeste, presenta los restos de un rampa con un singular desarrollo zigzagueante, que asciende conectando los escalones que presenta este flanco de la pirámide. Del lado noreste, la pirámide se encuentra asociada a una plaza, desde la cual se habría desarrollado una posible rampa que iniciaba el ascenso hacia la pirámide. Esto significaría que en el ordenamiento espacial de la edificación principal de Pañamarca se reiterarían algunos de los rasgos típicos, propios de la configuración de los principales complejos ceremoniales Moche, como han sido documentados en Huaca de la Luna y Huaca de Cao.

La cúspide de la pirámide y gran parte de su frente sureste presentan una gran cámara abierta, lo que llevó a Kosok (1965: 206) a suponer que se trataba de una estructura en forma de “U”, sin embargo no está del todo claro si esta conformación podría haber sido generada por algún forado realizado antiguamente por buscadores de tesoros.[86]

Lamentablemente no se han realizado investigaciones arqueológicas sistemáticas que examinen las características del complejo, conociéndose tan

sólo la descripción y el plano publicado por Schaedel y los estudios que concentraron su atención en las extraordinarias pinturas murales (Schaedel 1951b, Bonavia 1959, 1974). Algunas de estas notables pinturas policromas se registraron en uno de los recintos ubicados sobre las plataformas que se desarrollan en la base de la pirámide en el eje central del lado noroeste de esta. Estas pinturas representaban escenas de combate y seres supranaturales; mientras que en el paramento interior del muro que cierra la plaza del lado noroeste, se registró la representación de una larga escena con personajes con atributos de guerreros y sacerdotes. Finalmente, un fragmento de una impresionante pintura mural correspondiente a la denominada “escena del sacrificio” fue estudiada y documentada por Bonavia (1959, 1974).

Fig. 244. Plano del complejo de Pañamarca (Schaedel 1951).

La presencia de estas pinturas murales tiene una especial relevancia, ya que ilustran la especial importancia asignada por los moche a este edificio y a las actividades de primer orden que en él debieron desarrollarse. Esto es especialmente significativo en el caso de la escena que ilustra escenas de sacrificio de prisioneros y el ofrecimiento ritual de su sangre a las divinidades centrales del panteón moche,[87] ya que reitera los eventos rituales registrados o plasmados en los relieves policromos de los edificios ceremoniales de Huaca de Cao y Huaca de la Luna.

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