Ciudad y Territorio de los Andes

El complejo de Huancaco tiene una extensión de unas 35 ha y está ubicado en una zona central de la margen sur del valle bajo, al pie del gran cerro Compositán. A escasos metros de la base de las edificaciones monumentales se encuentran los vestigios del canal principal de la margen sur que irrigaba todo este sector del valle. Las estructuras con arquitectura monumental del complejo presentan una volumetría de tipo piramidal, generada por el desarrollo de grandes plataformas escalonadas, que ascienden incorporando el declive de la ladera del cerro. De esta manera, sus constructores lograron una impresión de impactante grandiosidad para quienes se aproximaban al complejo desde el norte o lo contemplaban desde el valle, aún a considerable distancia.

Fig. 233. Vista panorámica del

complejo de Huancaco desde

las laderas al sur oeste del sitio.

En primer plano las edificacio-

nes correspondientes al ‘Pala-

cio’ (V-88) y al fondo a la de-

recha el volumen de la edifica-

ción piramidal V-89 (Canziani

1989)

El sector monumental tiene en su eje mayor 270 m. de noreste a suroeste y unos 200 m. de ancho en su eje menor. El conjunto se encuentra protegido por grandes murallas que ascienden por las laderas del cerro, y en él destacan dos sectores principales: al sur el sector denominado “palacio” (V-88); y al norte el sector dominado por una edificación piramidal escalonada (V-89). El sector del “palacio” presenta ciertas similitudes morfológicas con el “palacio” de Sarraque y, en menor grado, con la propia Huaca de la Luna.

Las recientes excavaciones de Bourget (2003) en el sector del palacio V-88 han permitido definir la forma y características arquitectónicas de los distintos ambientes que lo constituían, así como recuperar contextos y materiales culturales que le permiten proponer hipótesis sobre su posible función. Los ambientes ubicados sobre las plataformas más bajas, en el extremo noroeste de V88 (ibid: figs. 8.3, 8.4), como son A1, A2 y A3, presentan evidencias de molienda, abundantes fogones y otros numerosos restos asociados a la preparación de alimentos. Estos ambientes de cocina estaban a su vez conectados, mediante corredores y rampas, con otros más elevados como A4, que se encuentra en un segundo nivel y que al parecer fueron utilizados para el servicio de las viandas o su presentación. Es notable que este ambiente alargado estuviera dominado en uno de sus extremos por una estructura formada por una plataforma elevada, a la que se ascendía por medio de escalinatas, la cual presentaba evidencias de haber estado provista de un techo decorado con porras de cerámica. Por lo que en estos espacios se puede reconstruir imaginariamente el desarrollo de escenas similares a las representadas en la cerámica moche, donde personajes principales de la elite presiden desde una estructura prominente y dotada de un techo decorado con porras, el despliegue de una generosa variedad de viandas y bebidas, que les son ofrecidas y servidas por personajes de menor rango (Larco 2001: fig. 212).

En un nivel superior se encuentra A6, el ambiente más amplio de V-88 con un área de 35 m. de largo y 17 m. de ancho, donde se hallaron una serie de tinajas alineadas y dispuestas regularmente a lo largo de los muros sur y norte del recinto. Estas evidencias y otros contextos asociados, permiten suponer que este amplio espacio fue dedicado al consumo de alimentos y a libaciones.

Finalmente en el nivel más alto de V-88 se encuentran otros importantes recintos que muestran notables evidencias de haber sido decorados con pintura mural, como son A10, A13, A26 y A42 (Bourget 2003: lám. 8.1 a). Estos ambientes pudieron ser reservados como residencia para los habitantes del edificio. Sin embargo, algunos de estos no habrían excluido ciertas actividades productivas o administrativas, como es el caso de A10, donde se hallaron incrustadas en el piso 15 vasijas, aparentemente empleadas para el almacenamiento de frijoles, así como sendas acumulaciones de fibras de lana de camélidos y de algodón a ambos extremos de este ambiente.

Según concluye Bourget (2003:266-267), tanto las características arquitectónicas de V-88, como el conjunto de evidencias que permiten establecer la naturaleza de las actividades que se desarrollaron en sus distintos ambientes, confirmarían que la denominación de “palacio” señalada en su momento por Willey (1953: 359) era bastante acertada.

Al extremo norte del sitio se encuentra el sector V-89, dominado por el volumen de una pirámide escalonada conformada por cuatro a cinco plataformas sucesivas. Esta edificación piramidal, con una base de 54 x 42 m. y 17 m. de alto, está conectada con el sector del palacio al sur mediante algunas plataformas con recintos, separados e intercomunicados entre sí por largos corredores. En uno de estos recintos, se encontraron adosados en su lado sur, una hilera de cubículos aparentemente de depósito de 2 x 3 m. cada uno. Las excavaciones realizadas en el recinto definieron un piso, restos de una escalinata y evidencias de un poste que parece correspondía al soporte de los techos del ambiente (Willey 1953: 208-209).

En cuanto a la pirámide escalonada, esta es desde el punto de vista morfológico la edificación que expresa una mayor semejanza en su tratamiento con otros monumentos moche, si bien de mucho mayor envergadura, como la Huaca del Sol y la Huaca de la Luna. Advirtiendo que esta semejanza no la observamos en su configuración general, sino más bien en el similar acabado escalonado que presentan sus frentes. Este tipo de tratamiento, por lo que conocemos, no tendría antecedentes en la arquitectura Gallinazo, donde la mayoría de las plataformas lucen frentes llanos en su talud.

Fig. 234. Plano del sector monumental del complejo de Huancaco (Bourget 2003: fig:

8.3).

En la pirámide escalonada Willey (1953: 207) exploró un forado de huaquería en el lado sureste, observando la presencia de por lo menos 4 superposiciones arquitectónicas en la misma, con paramentos sucesivos que fueron pintados de rojo o de blanco. Lamentablemente este sector del complejo ha tenido escasa intervención durante las recientes excavaciones, lo que impide dilucidar si es que este sector respondería a la influencia moche que parece reflejar su arquitectura.

Es importante destacar que prácticamente en toda el área del sitio rodeada por amurallamientos, se encuentran múltiples zonas con evidencias de ocupación habitacional e inclusive de la presencia de talleres, especialmente en los alrededores de la arquitectura monumental y en la propia ladera del cerro.[81] Estos rasgos y los abundantes restos de estructuras, permiten suponer la presencia de una relativa concentración poblacional y el desarrollo en el sitio de algunas actividades productivas

de carácter especializado. En todo caso, es evidente que esta concentración poblacional debió ser comparativamente algo menor que la que anteriormente pudo concentrarse en el Grupo Gallinazo.

En conclusión, de estos datos y de las nuevas evidencias proporcionadas por las recientes investigaciones arqueológicas, se podría plantear la hipótesis que el complejo de Huancaco, y especialmente el “palacio”, estuvo conducido y fue sede de una elite local, posiblemente sometida al poder moche, pero es evidente que manteniendo ciertos márgenes de autonomía, sino política por lo menos desde el punto de vista cultural, por ejemplo, conservando lazos estilísticos con las raíces tradicionales de la cerámica Gallinazo, aun con ciertas evoluciones singulares que manifestarían un cierto sesgo epigonal (Bourget 2002: com.pers.; Bourget 2003).

Fig. 235. Huancaco. Pintura mural en el ambiente A-10 del sector correspondiente al ‘Palacio’ V-88 (Bourget 2003: lam. 8.1.b).

Las características del patrón de asentamiento durante el período Huancaco

A continuación hacemos una descripción somera de la las características que presenta según Willey el patrón de asentamiento durante el período Huancaco, tomando en cuenta, obviamente, los datos que han sido puestos en cuestión por las recientes investigaciones arqueológicas en el valle. En cuanto a la distribución de los sitios en el valle, se notaría que esta es mucho más intensa y homogénea de la que se daba durante Gallinazo, donde se advertía una fuerte concentración en la parte baja del valle y otra, relativamente menor, en el cuello del mismo.

Los tipos de sitios presentes en el período Huancaco serían básicamente los mismos que durante Gallinazo, si bien algunos presentan ciertas evoluciones o la tendencia a hacerse más populares, cual es el caso de los complejos con cercados rectangulares o el de los cementerios. En cuanto a los centros ceremoniales, se registran a lo largo del valle una serie de complejos con montículos piramidales asociados a viviendas, en otros casos estos se presentan aislados o cercados por muros perimetrales. Gran parte de estos montículos exhiben antecedentes Gallinazo, de lo que se infiere que fueron reocupados y sujetos a algunas remodelaciones durante la ocupación Moche. En el caso de la parte alta del valle, ante la relativa escasez de montículos Gallinazo, se habrían también remodelado edificaciones de épocas más tempranas. Entre este tipo de sitios dominados por montículos piramidales, destacan algunos que parecen corresponder a complejos de función administrativa y ceremonial, como V-149 en la quebrada de Huacapongo; y V-280 un extenso complejo al norte del valle bajo relacionado con una serie de sitios localizados en esta zona, especialmente importantes cementerios como los que se encuentran en los alrededores del médano de Purpur. En cuanto a los “castillos fortificados” estos se mantienen, aunque no con toda la importancia que alcanzaron durante el Gallinazo tardío en la parte alta del valle. Este es el caso del Castillo de San Juan (V-62) y del de Tomaval (V51), como del Castillo de Santa Clara (V-67) al sur del valle medio.

Es importante advertir que estos sitios no compiten, ni por asomo, con la extensión y complejidad del Grupo Gallinazo y, en todo caso, corresponden a una jerarquía bastante menor frente a un sitio como Huancaco (V-88-89). Por lo que, si se descarta la hipótesis de que Huancaco correspondería a la posible “capital provincial” moche durante la ocupación del valle de Virú, es evidente que nos encontraríamos frente a un dilema, al no existir algún otro sitio que pudiera haber asumido esta función, dado que ninguno de los conocidos reuniría las condiciones necesarias para absolverla.

En cuanto a las aldeas, se mantienen prácticamente inalterados los patrones propios de la época anterior, si bien se advierte un incremento y extensión de las del tipo definido como “regular” (V-39, 53,14,19) por su ordenamiento y la observación de ciertos niveles de planificación. Estos rasgos nos llevaron a advertir la posibilidad de que algunos de estos asentamientos, inclusive algunos definidos como aldeas “irregulares” por Willey, pudieran haber correspondido a determinadas instalaciones administrativas, más aún cuando se observa su asociación con sistemas de distribución de riego, canales y amurallamientos (ver V53, Willey 1953: fig. 39), localizándose en zonas estratégicas para la administración de la producción agrícola del valle (Canziani 1989: 140-144).

Existen otros sitios, relativamente novedosos, definidos como “complejos con cercados rectangulares”, en los cuales se aprecian subdivisiones y otras estructuras en su interior. Este sería el caso de V-10, 51, 20 y 28, ubicados mayormente en la parte media y media alta del valle. Este tipo de sitios, por sus características y localización, parecen estar asociadas a resolver funciones de carácter público, relacionadas con el manejo y organización de la producción agrícola. También se mantienen y están presentes las grandes casas semiaisladas (V-41, 42, 143, 150, 178) aumentando ligeramente sus dimensiones con relación a las de la época anterior.

Finalmente, es de destacar que durante el período Huancaco aparecerían por primera vez espacios abiertos y aislados, específicamente destinados a servir como cementerios, generalmente ubicados en áreas eriazas al margen de las tierras de cultivo. Uno de los cementerios más importantes del valle fue el de Purpur (V-98), localizado en el límite norte de la parte baja del valle. Sin embargo, es de notar que también algunos sitios habitacionales conservaron la tradición de servir como lugar de enterramiento. Este es el caso de la célebre Huaca de la Cruz (V-162), donde Strong y Evans (1952) hallaron un enterramiento de un personaje de alto status correspondiente a un anciano, cuya parafernalia indicaría que pudo tratarse de un guerrero – sacerdote, que no solamente estaba dotado de un rico ajuar funerario sino también asociado a la presencia de otros cuatro acompañantes, aparentemente sacrificados en el momento de su enterramiento.[82]

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