Ciudad y Territorio de los Andes

Si bien la gama de productos del taller de ceramistas es relativamente amplia, esta se concentra en artículos de carácter ritual y de elite, cuya producción fue masiva y seriada, tal como se puede inferir de la consistente presencia de moldes y matrices. Este dato, unido a la relativa proximidad del taller a la Huaca de la Luna, sugeriría a los investigadores que tanto este taller -como otros que pudieron encontrase en sus alrededores conformando quizás un barrio- pudieron estar supeditados al control de la elite sacerdotal y a la imposición de ciertos cánones y parámetros estéticos, ya que gran parte de la producción habría tenido consumo como parte de ofrendas funerarias (Uceda y Armas 1997).

Fig. 223. Ceramio moche con representación escultórica de dos personajes elaborando chicha (Museo Nacional Bruning, Lambayeque).

urbanos, cual es el caso de las figurinas que se encuentran recurrentemente entre los hallazgos de

Fig. 222. Representación escultórica de un taller de orfebres en el que se puede apreciar frente al horno de fundición a un maestro artesano en plena faena y a tres asistentes provistos de toberas oxigenando la combustión (Alva y Donnan 1993: fig. 12).

De otro lado, desde el punto del aprovisionamiento de materias primas para la elaboración de la cerámica, la arcilla parece de procedencia local y de canteras próximas al sitio. Sin embargo, otros elementos específicos pudieron venir de lugares distantes, como es el caso del caolín utilizado para los engobes blancos, que procedería de la serranía de Cajamarca (Chapdelaine et al. 1995).25 En cuanto a la distribución y consumo de los bienes producidos en los talleres, además de su disposición como parte de las ofrendas funerarias de los enterramientos, otros pudieron ser distribuidos y consumidos en el ámbito de los asentamientos

los conjuntos excavados. No es de descartar tampoco que buena parte de estos bienes estuviera destinado a la demanda de la población localizada en los asentamientos rurales. La profundización de este tipo de investigaciones es de suma importancia, ya que contribuirá a esclarecer la forma de articulación y circulación de bienes e insumos comprometidos con la producción urbana, tanto dentro de la propia ciudad, como con relación al entorno territorial, los asentamientos urbanos de menor jerarquía y las aldeas del ámbito rural.

Otros datos de gran interés sobre las actividades productivas desarrolladas en los talleres de la ciudad, provienen de las excavaciones conducidas en el Conjunto 7, donde se halló en uno de sus ambientes un posible horno de fundición en forma de “chimenea”,26 asociado a un crisol con

investigadores la posibilidad de que algunos especialistas en la producción de manufacturas gozaran de cierto nivel de status, si no es que estaban adscritos como parte de la elite gobernante (Uceda y Armas 1997; Uceda et al. 2003).

  1. El análisis efectuado mediante activación neutrónica en cerámica proveniente del sitio de Moche (Chapdelaine, Kennedy y Uceda 1995), define la posibilidad de que las piezas correspondientes a la cerámica ritual estuvieran elaboradas con arcillas locales próximas al sitio, mientras que las de tipo utilitario arrojarían diversidad en los tipos de arcilla. Este dato confirmaría que la cerámica ritual producida en talleres especializados refleja un control sobre determinadas fuentes de materia prima y/o su empleo recurrente. para la elaboración de este tipo de cerámica; mientras que la variabilidad en las arcillas de la cerámica utilitaria, estaría señalando que estos productos posiblemente se elaboraron en distintos talleres del valle y aparentemente sin que para esto se requiriera la especialización propia de los talleres presentes en el centro urbano (Canziani 2003).
  2. Este horno presenta características y forma muy similares al que ilustra una pieza cerámica escultórica moche, la que representa a 4 metalurgistas dedicados a la elaboración de piezas de metal en torno a un horno (Moseley 1992: foto 66).

Fig. 224. Representación de una escena de intercambio o redistribución (Donnan y McClelland 1999).

restos de cobre. Lo que estaría indicando que un sector de este conjunto funcionó como un taller de metalurgistas u orfebres (Chapdelaine et al. 1997: 82).

Fig. 225. Pictografía moche de línea fina, con la representación de personajes míticos en una escena de intercambio, portando caracolas de Pututos

(Strombus) y Conos (Conus) provenientes de los mares del extremo norte del Perú y del Ecuador, transportados utilizando llamas como animales de carga (Donnan y McClelland 1999).

En cuanto a las evidencias relacionadas con las subsistencias, se registra un amplio manejo de distintos ecosistemas. Destacando el consumo de productos agrícolas, la ganadería de camélidos y el manejo de algunos recursos que provienen de los bosques y las lomas. En el consumo alimenticio también tienen una abundante participación los recursos marinos y, entre ellos, de una gran cantidad de peces de mar abierto como merluza (Merluccius gayi peruanus) y sardina (Sardinops sagax sagax), lo que revelaría la importancia que alcanzó en la sociedad moche la pesca en alta mar con embarcaciones (Vásquez y Rosales 1998). En la mayoría de los casos, estos datos estarían señalando que los pobladores de la ciudad eran abastecidos de una amplia gama de recursos y productos por parte de campesinos cuyas estancias o aldeas debieron asentarse en proximidad de los campos de cultivo del valle; así como por comunidades de pescadores especializados en la extracción de recursos marinos, cuyos asentamientos debería de rastrearse a lo largo del litoral.[69]

Como es que se articulaban estas relaciones de aprovisionamiento y cuales fueron los mecanismos de intercambio, son algunas de las muchas interrogantes que aún quedan por dilucidar, y cuyas respuestas necesariamente requieren del examen de los datos provenientes de los asentamientos del ámbito rural y del litoral marítimo. Resulta así evidente que sin la investigación de este tipo de asentamientos, que se constituyen en la contraparte de las economías urbanas, los datos reflejarán tan sólo una fracción de la realidad histórica y dificultarán nuestra visión general acerca del nivel de complejidad alcanzado por la sociedad moche. De otro lado, existe una notable evidencia de la presencia de muchos recursos exóticos provenientes de la Amazonia o de las costas de los mares ecuatoriales, que debieron circular a través de redes de intercambio a larga distancia. Obviamente, aquí también queda pendiente la interrogante acerca de la existencia de mercaderes o tratantes al servicio de la organización estatal moche, que se habrían movilizado mediante caravanas a lo largo de los valles y desiertos costeños y hacia las regiones altoandinas; o por medio de embarcaciones a lo largo del litoral y sus islas.

Finalmente cabe señalar el notable avance logrado en poco más de una década, con relación a la definición de las características de un centro urbano de primer nivel como es la ciudad de Moche. La relevancia de estas investigaciones deriva en una creciente comprensión de la naturaleza de esta urbe y, a través de esta lectura, del nivel de desarrollo económico alcanzado, así como de la condición y modo de vida de sus clases sociales. Además hay que considerar que esta nueva perspectiva en los estudios urbanos sobre Moche, presenta la ventaja adicional de permitir examinar la dinámica del proceso evolutivo del asentamiento, gracias al largo período de vigencia histórica documentado en este centro urbano.

Esta extraordinaria disponibilidad de datos ofrece la oportunidad única de examinar desde

un centro privilegiado la naturaleza de la organización estatal teocrática a la que dio cuerpo la sociedad moche, más aún cuando ésta constituye la forma más compleja de este tipo de Estado en el ámbito de los Andes Centrales (Canziani 2003a). Los estudios que se conducen sobre este tema permitirán además conocer la evolución y cambios registrados en la sociedad moche, a partir de sus inicios tempranos, su extraordinario apogeo y su posterior declinación, durante la época que inaugura el surgimiento de nuevas formaciones sociales en el Horizonte Medio.

Somos de la opinión que estos estudios expondrán los elementos causales de la declinación y posterior abandono de la ciudad de moche, a partir del examen de los factores económicos y sociales y de la dinámica de las contradicciones en el seno de esta formación social teocrática. Si en su momento tomamos distancia de las múltiples propuestas “catastrofistas” que estuvieron y se mantienen en boga entre muchos investigadores como explicación acerca del colapso moche,[70] hoy en día las recientes investigaciones han dejado en claro que eventos aluviales propios de El Niño, así como fenómenos de arenamiento eólico fueron frecuentes en el sitio de Moche (Uceda y Canziani 1993, Canziani 2003a, 2004). Está por demás comprobado que los basamentos de muchos de los muros y pisos de las estructuras de los distintos sectores urbanos, se asientan directamente sobre capas de arena; al igual que muchas de las remodelaciones y superposiciones revelan interfaces con depósitos de acarreo eólico, cuando el abandono temporal de ciertas estructuras generó su arenamiento (Chapdelaine et al. 1997, Tello et al. 2003). Un fenómeno similar se presenta con la observación estratigráfica de diferentes eventos asociados con la deposición de capas de material aluvial en las superposiciones de los conjuntos urbanos como en la propia arquitectura monumental.[71]

Como ya lo señaláramos en su oportunidad (Canziani 1989, 1991, 2004), los factores causales de la crisis de la sociedad Moche deben encontrar su explicación en el examen de las contradicciones que se generaron al interior de esta formación teocrática, las que finalmente habrían conducido a su manifiesta inviabilidad. En todo caso, cambios climáticos, como los generados por severos fenómenos de El Niño y por, lo general, otros desastres naturales, en esta perspectiva pudieron acelerar o precipitar situaciones de crisis, agudizando determinadas contradicciones sociales. Sin embargo, si estas condiciones no estaban dadas, causas “externas” como las antes señaladas, pudieron evidentemente afectar la economía de estas sociedades, pero sería de suponer que una vez recuperadas de este trance, retomaran sin mayores transformaciones el modo de vida que les resolvía la existencia y la reproducción del sistema.

Finalmente, debemos recordar que los moche, dada su secular vigencia, evidentemente no debieron ser ajenos al desarrollo de repetidos y periódicos eventos de cambio climático o al desencadenamiento de catástrofes naturales generadas por estos. Por lo tanto, es de suponer que supieron manejar y enfrentar estos fenómenos, desarrollando mecanismos que paliaran sus efectos negativos y sacaran el mejor partido de sus efectos benéficos. Para esto debieron de contar con la vasta experiencia histórica acumulada por su centenaria sociedad, la que a su vez debió nutrirse de los conocimientos milenarios heredados de las poblaciones norteñas que les antecedieron.[72]

La ocupación moche en el valle de Chicama

El valle de Chicama, aparentemente conformó con el de Moche lo que se ha reconocido como el ‘área nuclear’ del Estado Moche. Sin embargo, a diferencia de este último, que exhibe un marcado centralismo en la ciudad de Moche, el valle de Chicama presenta un patrón de asentamiento en el que se registran distintos e importantes centros urbanos. Como es el caso de El Brujo, Mocollope – Cerro Mayal y Licapa (Chauchat et al. 1998; Gálvez y Briceño 2001), y entre los cuales por el momento es difícil establecer relaciones de jerarquía. Este distinto patrón pudo haber obedecido a un ejercicio del poder político menos centralizado respecto al existente en el valle de Moche. Estas diferencias pueden haber derivado tanto de la mayor amplitud del valle de Chicama,[73] como de la presencia de distintas parcialidades asociadas a sus respectivas zonas de riego, con ciertos niveles de autonomía política resuelta mediante

Fig. 226. Mapa del valle de

Chicama con la ubicación de

los principales sitios Moche

(

Redibujado de Franco et al.

2001).

relaciones de complementariedad entre éstas (Netherly 1984; Russell y Jakson 2001).

El Complejo de El Brujo

En el valle de Chicama, unos 40 km al norte del valle de Moche, el complejo Arqueológico de El Brujo constituye un sitio moche de primer nivel. El complejo se ubica en la parte baja de la margen derecha del valle, en inmediata proximidad del litoral marino y unos kilómetros al norte de la desembocadura del río Chicama, localizándose sobre un tablazo eriazo que se eleva ligeramente por encima del nivel del valle, que en este sector está caracterizado por la presencia de humedales. Esta zona del valle tiene el privilegio de contar con una larga historia de ocupaciones, que tendría sus más tempranos antecedentes en la célebre Huaca Prieta, correspondiente al Precerámico Tardío, y que se encuentra a unos cientos de metros al sur del sitio moche.

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