Ciudad y Territorio de los Andes

Si bien el porcentaje del área excavada es aún bastante reducido, con relación a la extensión total que abarcó la ciudad, los datos disponibles permiten percibir también otros atributos propios de este tipo de asentamientos. Este es el caso de la existencia de zonas o sectores urbanos con ciertos niveles de especialización, en cuanto se refiere a la función de las estructuras que se concentran en ellos, lo que en términos modernos se conoce como “zonificación”. De esta manera, podríamos tener ciertos sectores congregando estructuras habitacionales de bajo status; otros con residencias o palacios de la elite que se estarían agrupando en proximidad de la Huaca del Sol; mientras que en otras zonas se manifestaría la tendencia a concentrar actividades manufactureras (alfarería, metalurgia, orfebrería, textilería, elaboración de chicha, etc.) e, inclusive, de determinado tipo de manufactura, cual es el caso de la producción de cerámica fina en talleres ubicados en cercanía de la Huaca de la Luna (Uceda et al. 1997); o de sectores con complejos públicos de primer nivel, como es el que se encuentra asociado a la Plataforma Funeraria Uhle, que se ubica sintomáticamente al pie oeste de la Huaca de la Luna y que estuvo separado de los demás sectores de la ciudad por la gran calzada o avenida 1 (Pimentel y Álvarez 2000; Chauchat y Gutiérrez 2003).

Fig. 215. Plano de los sectores urbanos de la ciudad de Moche ubicados al sur oeste de la Huaca de la Luna, en el que se aprecian los conjuntos excavados delimitados por avenidas, calles y pasajes (Proyecto Arqueológico de las Huacas del Sol y la Luna).

La presencia de amplias calles o avenidas, que privilegian la orientación con los ejes cardinales, cual es el caso de las avenidas 1 y 2, parecen estar estableciendo no solamente ciertas directrices para la circulación de los habitantes de la ciudad, sino también la delimitación entre distintos sectores, además de reflejar la existencia de un programa de ordenamiento urbano.[65] En algunos de estos

sectores urbanos se ha establecido la presencia de pequeñas plazuelas, cuya escala reducida sugeriría que cumplieron diversas funciones asociadas directamente con la población que habitaba en los conjuntos próximos. Por su parte, las avenidas presentan la intersección de pequeñas calles o pasajes, que servían para dirigirse y acceder a los distintos conjuntos arquitectónicos. El acceso a estos conjuntos en algunos casos se realizaba directamente desde los pasajes, en otros mediante cortos corredores o pasadizos que introducían al interior de los conjuntos. Los ingresos a los conjuntos presentan vanos con umbrales elevados, sin embargo esta es una característica que también se observa frecuentemente en las puertas entre sus ambientes interiores (Tello 1998, Armas et al. 2000, Montoya et al. 2000)

En cuanto a los conjuntos de función habitacional, su carácter doméstico está evidenciado por una serie de rasgos característicos, entre ellos, la presencia de ambientes destinados a cocina, donde es típico hallar fogones hechos disponiendo dos hileras paralelas de abobes de canto, que servían para contener la brasa del fogón y apoyar las ollas durante la cocción de los alimentos. En estos mismos ambientes o en otros anexos a ellos, se realizaban otras tareas complementarias de la preparación de alimentos, como es la molienda documentada con la presencia de batanes y manos de moler. Asociados a este tipo de actividades domésticas se encuentran también algunos pequeños espacios, a modo de botaderos, que habrían sido destinados para la acumulación de los desperdicios generados dentro de la vivienda.

Los conjuntos habitacionales dispusieron también de facilidades destinadas al almacenamiento, tal es el caso de la existencia de pequeños cubículos que pudieron servir para depósito de granos u otro tipo de productos alimenticios, así como para determinados insumos destinados a la producción; contaron también con nichos y hornacinas útiles para disponer desde enseres hasta objetos de culto; además, se registra la recurrente presencia de tinajas semienterradas en los pisos, que parece sirvieron para disponer de agua. En otros casos, ciertos ambientes que presentan la singular disposición de una serie de tinajas o vasijas ordenadas en hilera y empotradas sobre poyos, sugieren el requerimiento de acumular abundantes cantidades de líquidos para alguna actividad en especial, cual es el caso del agua en los talleres de alfarería, o de la producción y/o almacenamiento de bebidas como la chicha. También se reporta que estas tinajas pudieran haber servido para el almacenamiento de granos u otros productos alimenticios (Tello, 1998, Armas et al. 2000).

Muchos de los ambientes de estas viviendas, debieron desarrollarse al aire libre, pudiendo estar provistos de algunos cobertizos o pequeñas áreas techadas para brindar sombra. Este es el caso de ciertos espacios abiertos o patios, que muchas veces disponen de poyos y que debieron de operar como lugares de desahogo de las viviendas, al mismo tiempo que servían para el desarrollo de actividades propias de la vida doméstica. Finalmente, algunos ambientes techados se reservaron para el descanso y servir como dormitorio, contando con amplias banquetas para el reposo de sus moradores. Dentro de las viviendas no se excluye que ciertos ambientes o, inclusive, algunos elementos arquitectónicos puntuales, pudieran haber estado destinados a prácticas cultistas dentro del hogar, como una suerte de altar votivo o ara familiar (Tello 1998: 121).

Fig. 216. Plano del Conjunto Arquitectónico 35, delimitado al este por la Avenida 1 y al sur por el Callejón Norte 30 (Proyecto Arqueológico de las Huacas del Sol y la Luna).

Es interesante notar que ciertas diferencias en las características arquitectónicas y constructivas de los conjuntos habitacionales también estarían reflejando diferencias en cuanto a la condición social de sus habitantes. Esto es evidente cuando se examinan comparativamente las dimensiones espaciales de los conjuntos habitacionales; los materiales y técnicas constructivas empleadas en ellos; la presencia y cantidad de estructuras de almacenamiento; así como los acabados de pisos, paredes e inclusive de los techos, donde se utilizó elementos formales que habrían destacado el prestigio o especial status de sus moradores.[66] Otros aspectos importantes, cual es la continuidad en el uso de las estructuras habitacionales, vinculan la arquitectura de mayor calidad con una mayor permanencia de la ocupación, aun cuando se advierte la presencia de superposiciones y remodelaciones; mientras que la arquitectura más modesta se relacionaría con una mayor precariedad de la permanencia, marcada por períodos de desocupación o inclusive por su abandono definitivo (Van Gijseghem 2001).

Fig. 217. Reconstrucción

isométrica del Conjunto Ar-

quitectónico 30, delimitado al

este por la Avenida 1 y al nor-

te por el Callejón Norte 30

(

Proyecto Arqueológico de las

Huacas del Sol y la Luna).

Algunas excavaciones han explorado recientemente en profundidad la evolución y el comportamiento de algunas unidades en los conjuntos arquitectónicos 30 y 35, resultando algunos datos preliminares que sugerirían un creciente proceso de complejización social, donde los habitantes de la ciudad o, por lo menos, de ciertos sectores de esta tendrían acceso a una mayor variedad de bienes como a una gama cada vez más amplia de recursos (Tello et al. 2003). Estos datos novedosos permiten establecer una especial correlación entre la dinámica que condujo al fortalecimiento de las estructuras de poder del estado Moche —manifiesto en el extraordinario despliegue de su arquitectura pública monumental— y, del otro, la dinámica de unidades familiares residentes en la ciudad, que accederían a una mejor calidad de vida y a una creciente sofisticación en sus patrones de consumo, lo que se manifestaría también en una mayor intensidad en el uso del suelo urbano y en una creciente especialización funcional de los espacios arquitectónicos.[67]

Entre las posibles unidades habitacionales del más alto status se ha registrado la estructura AA2, que al igual que AA1 y AA3 presentan fogones, piedras de moler y restos de alimentos. En particular, en el caso de AA2, la organización espacial de esta unidad, sus buenos acabados y calidad de los artefactos asociados, así como la presencia de nichos y de depósitos, sugerirían su correspondencia con una vivienda de elite (Topic 1982, Pozorski y Pozorski 2003). Sin embargo, ya hemos señalado que para el caso de AA2, el planteamiento arquitectónico y la notable cantidad de estructuras de almacenamiento que presenta, especialmente en su sector sur, y la forma definida por el ordenamiento espacial de estos depósitos, parece responder más a una función de tipo público, posiblemente de carácter político administrativo, lo que no excluye el uso doméstico que pudieron tener algunos de los ambientes. Este es el caso propio de las estructuras públicas del tipo “palacio”, que comprenden determinados espacios de uso residencial, en cuanto apéndices supeditados a la función eminentemente pública de estos edificios (Canziani 1989: 110-112).

En cuanto a la presencia de talleres dedicados al desarrollo de la producción especializada de manufacturas, es de señalar que muchos de estos pueden haber estado integrados dentro de viviendas, en cuanto “viviendas-taller” o, por el contrario, utilizando dentro de los talleres ciertos espacios para la preparación y consumo de alimentos por parte de quienes allí laboraban, lo que no necesariamente comporta el desarrollo de actividades “domésticas” a nivel familiar. Adicionalmente, hay que advertir que existe por parte de la arqueología un mayor grado de dificultad en identificar cierto tipo de actividades, como son aquellas que pueden no dejar mayores rastros —cual es el caso de la manufactura textil— más aún cuando se trata de ambientes que pudieron estar sujetos a una periódica limpieza. Sin embargo, en otros casos, la actividad manufacturera no solamente genera contextos tangibles, asociados a un conjunto de artefactos muy definidos, sino que, inclusive, incorpora o adapta la presencia de estos artefactos o de otros elementos a los espacios arquitectónicos dedicados a la producción.

Fig. 219. Estructuras de

depósito dispuestas a lo

largo de los muros de un

conjunto arquitectónico

(

Canziani

).

que dado lo limitado de la “muestra” estos indicios pueden estar sesgados por la evolución singular de la condición social de los habitantes de estas sendas unidades —lo cual no necesariamente puede corresponder a un comportamiento generalizable—, como también pueden ser distorsionados por determinados cambios de uso de los ambientes excavados, donde, por ejemplo, la instalación de una cocina o de un repositorio de desperdicios, podrían leerse como un “mayor acceso a una diversidad de recursos de subsistencia” durante estas fases. Por lo tanto, estas sugerentes hipótesis de trabajo deberían ser validadas con una muestra más amplia, desarrollando excavaciones similares en otras unidades.

Este es el caso de las excavaciones arqueológicas que han documentado talleres dedicados a la producción alfarera (Uceda y Armas 1997). Por ejemplo, en el conjunto denominado “taller alfarero” se ha registrado la superposición de hasta 8 pisos, lo que daría a entender que se trataría de una unidad de producción, aparentemente de carácter familiar, que se dedicó por varias generaciones a la producción de cerámica fina. En este

Fig. 220. Plano del Conjunto AA2 (Lange Topic 1982: 271).

taller se desarrollaron una serie de patios con evidencias de producción alfarera, tales como manos y batanes para la molienda de la arcilla y los temperantes, discos de alfarero (que hacían las veces de torno), matrices y moldes, cerámica cruda, además de los hornos de quema y de piezas de cerámica deformadas y descartadas por fallas de producción. Lo extraordinario de todas estas evidencias documentadas dentro de esta unidad, es que ilustran el desarrollo espacial de toda la secuencia propia de los procesos comprometidos en la producción alfarera en los tiempos de Moche.

Fig. 221. Representación en

una pictografía moche de línea

fina de un taller dedicado a la

producción textil (Donnan y

McClelland 1999).

También es de interés anotar, que la excavación del taller de alfarero registró la presencia de grandes tinajas empotradas en los pisos y dispuestas tanto aisladas como en grupos formando hileras. La ubicación de estas tinajas en relación con las zonas de trabajo, sugiere que estas sirvieron para abastecerse de agua durante la preparación de la arcilla y en otras fases de la producción cerámica. Algunos ambientes presentan evidencias de la preparación y consumo de alimentos, lo que podría indicar tanto el desarrollo de esta actividad para la alimentación de quienes laboraban en el taller, como también la presencia de un grupo familiar que habitaba en ellos.[68]

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