Ciudad y Territorio de los Andes

Fig. 5. Paisaje de zona de yunga oriental en el encañonamiento del río Marañón en la localidad de Balsas, en el límite entre los departamentos de Cajamarca y Amazonas (foto: Canziani).

Fig. 6. Paisaje de valle de zona quechua en los alrededores del Cusco (foto: Canziani).

Perú. A continuación resumimos de forma somera una breve descripción de las características que distinguen estas tres grandes regiones transversales que atraviesan los Andes Centrales.

En el caso de la región norte, las cordilleras no alcanzan una gran elevación y se desarrollan a una relativa distancia del litoral marino. Estas condiciones generan que los valles de los ríos que descienden desde el flanco occidental de los Andes, generen amplios abanicos aluviales formando extensas planicies sedimentarias, lo cual con el progresivo desarrollo de la irrigación artificial, permitirá su conversión en las mayores extensiones agrícolas de la costa peruana, sirviendo de sustento a los poderosos procesos civilizatorios que tendrán sede en esta región. Estas condiciones propicias al desarrollo agrícola se verán también favorecidas por una mayor humedad, derivada de la amplitud de las cuencas de los valles, así como por la mayor incidencia del régimen de lluvias, lo que deriva en los caudales generosos en sus ríos. Por otra parte, la atenuación de la corriente de Humboldt y la proximidad de las aguas cálidas del mar tropical al norte, o su eventual descenso hacia el sur con el desencadenamiento de eventuales fenómenos de El Niño, provocan lluvias en las zonas de costa

Fig. 7. Paisaje de planicies de puna en Qonococha, al fondo los nevados de la Cordillera Blanca (foto: Canziani).

Fig. 8. Cortes transversales esquemáticos en las regiones del norte, centro y sur del Perú (redibujado en base a Brack y Mendiola 2000; Pulgar Vidal 1996; y Troll 1958).

que propician el desarrollo de extensos bosques secos y el incremento del acuífero de la napa subterránea. En las zonas de sierra de las regiones del norte, los pasos de montaña son relativamente bajos facilitando las relaciones de transversalidad —tanto biológicas como humanas— entre la costa, la sierra y las regiones de la vertiente amazónica. Así mismo, la escasa altura de las montañas de las cordilleras del norte también derivan en la desaparición del piso ecológico de puna, que tanta importancia tiene en las regiones del centro y sobre todo en las del sur. En contrapartida se presentan zonas conocidas como páramo, con condiciones medio ambientales bastante distintas a las de la puna, aun cuando puedan corresponder al mismo piso altitudinal.

En el caso de la región central, los Andes presentan marcadas cadenas montañosas y alcanzan su mayor altitud. La distancia más próxima de la cordillera occidental con relación al litoral de la costa, deriva en la reducción de la extensión de los conos aluviales de sus valles; mientras que la menor extensión de sus respectivas cuencas deriva por lo general en la presencia de ríos con caudales algo más moderados, generando las condiciones para el desarrollo de valles agrícolas de mediana extensión. En las correspondientes regiones de sierra se generan amplios valles interandinos, como el Callejón de Huaylas o el del Mantaro. La altitud de las cordilleras y de los respectivos pasos de montaña dificultan relativamente la comunicación entre los valles interandinos, y entre estos y las

1. ARQUITECTURA Y URBANISMO COMO TESTIMONIOS

regiones costeras. Por otra parte, en estas regiones altoandinas asociadas a la cordillera de los Andes se desarrollan grandes planicies elevadas propias de los pisos ecológicos de puna.

En el caso de la región sur de los Andes Centrales se acentúan las condiciones de aridez y las situaciones de sequía son frecuentes con regímenes de lluvias irregulares y más escasas, especialmente en la vertiente occidental. Sus regiones costeñas se caracterizan por el desarrollo de extensos tablazos desérticos y la presencia de una cordillera marítima paralela al litoral, donde es común el desarrollo de vegetación de lomas. Los valles de esta región costeña son relativamente pequeños y cuentan con cuencas hidrográficas de limitada extensión, que se desarrollan mayormente en territorios de punas relativamente secas y sujetas a frecuentes sequías, y donde se originan ríos pequeños, cuyo escaso caudal se ve reducido aún más por procesos de evaporación e infiltración, siendo común que aun en época de lluvias sus aguas no lleguen a desembocar al mar perdiéndose en el desierto. Por lo tanto, estas regiones costeras presentan severas limitaciones al desarrollo agrícola, tanto como consecuencia de la escasez de agua, como de suelos adecuados para el cultivo. Mayormente las zonas de cultivo se limitan a algunos valles oasis como los de Ica y Nazca, que, por las razones antes expuestas, tienen además la singularidad de desarrollarse al pie de la cordillera y relativamente alejados del litoral. De otro lado, en las zonas altoandinas de esta región sur es dominante el piso ecológico correspondiente a la puna, donde el rol de la ganadería es preponderante, así como el de los cultivos andinos de altura. Los territorios de puna hacia el occidente son secos e inclusive áridos, mientras que los que se desarrollan hacia el oriente son más húmedos, ya que se benefician de las lluvias generadas por los vientos alisios del sur este que transportan masas de aire

Fig. 9. Campos agrícolas y canales de irrigación en el Valle medio de Chincha (foto: Canziani).

húmedo desde la Amazonia. Los valles interandinos propios de zonas quechua o yunga están presentes, si bien muchos de ellos son relativamente encajonados o con ríos que transcurren en profundos cañones, lo que dificulta o impide el aprovechamiento de sus aguas para fines agrícolas.

La interacción sociedad – medioambiente y las modificaciones territoriales

Para la cabal comprensión de las distintas formaciones sociales que se desarrollaron históricamente en las diferentes regiones de los Andes Centrales, es necesario ubicarlas en su correspondiente escenario paisajístico y medio ambiental. Como veremos más adelante, cada una de estas sociedades

Fig. 10. Hoyas de cultivo en la localidad de Chilca (foto: Canziani). interactuó de una manera específica con su medio, desarrollando especiales formas de manejo para hacer posible en ellas la producción y la explotación de sus particulares recursos, en el marco de sus propias estrategias de desarrollo económico y social. Esto llevó históricamente al establecimiento de distintos modos de vida y a la conformación de diferentes tradiciones culturales regionales.

Fig. 11. Acueductos subterráneos en la localidad de Cantalloc, Nazca (foto: S. Purin).

ecosistemas que caracterizan el territorio del Perú, como la necesidad de adecuarlos a las exigencias de diversos tipos de producción, para superar o atenuar las condiciones negativas o las limitaciones que estos presentaban por naturaleza al desarrollo de estas actividades productivas, dieron como resultado el despliegue de un extraordinario y variado corpus de Paisajes Culturales.[4]

Entre los paisajes culturales ligados al desarrollo de zonas de producción, podemos mencionar entre los principales los que se desarrollaron en la

terrazas en los promontorios de Punta Mulatos en la caleta de Ancón (foto: Canziani).

En el territorio del Antiguo Perú, a partir de la

revolución neolítica y el desarrollo inicial de la

producción agrícola, se constata la iniciación de

un proceso paralelo de modificación de las origina-

les características naturales del territorio, con el

propósito de acondicionarlo para servir de base a

distintos procesos productivos ligados principal-

mente a la agricultura.

Este proceso tiene la singularidad de caracteri-

zarse desde sus inicios no sólo por la amplia do-

mesticación de plantas y animales, sino que para-

lelamente va acompañado también por la

“domesticación” del territorio en cuanto medio

de producción. Tanto la extraordinaria diversidad

geográfica y climática de los medios ambientales y

costa desértica. Entre estos destacan los valles agrí-

colas generados mediante el despliegue de grandes

F

ig. 14. Reconstrucción hipo-

tética del manejo del territorio

de lomas en Atiquipa (Canziani

2002).

F

ig. 12. Terrazas de cultivo asociadas a sistemas de riego en las lomas

de Atiquipa (foto: Canziani).

F

ig. 13. Tendales para el secado de pescado formando sistemas de

1. ARQUITECTURA Y URBANISMO COMO TESTIMONIOS

Fig. 15.Terrazas agrícolas de formación lenta en la localidad de Picol, Cusco (foto: Canziani).

sistemas de irrigación artificial; los valles oasis donde se aplicaron sistemas de hoyas de cultivo, o se desarrollaron complejas formas de regadío que aprovecharon las aguas subterráneas, mediante el manejo de puquios y la construcción de galerías filtrantes, especialmente en la costa sur, donde se agudizan las condiciones de aridez y son escasas las fuentes de agua superficial; al igual que el manejo de los bosques de neblina en las zonas de lomas y el desarrollo de terrazas de cultivo irrigadas con el agua capturada de la niebla por los bosques; así como las lagunas y wachaques para el manejo

Fig. 16. Sistema de andenes agrícolas asociados a riego en la localidad de Laraos, Yauyos (foto: Canziani).

Fig. 17. Sistema de cultivo en camellones, conocidos también como waru waru en el altiplano puneño (foto: E. Mujica).

de la totora, o los tendales para el secado de pescado, presentes en distintos puntos del litoral.

Por otra parte, en la sierra y valles interandinos destacan las terrazas de formación lenta, para posibilitar el desarrollo de cultivos de secano en laderas de fuerte pendiente, lo que permitió generar suelos con menor gradiente y así mejorar la retención del agua de lluvia y disminuir la erosión. Sin embargo, frente a los constantes riesgos de sequías, y las notables ventajas de asegurar y controlar el desarrollo de los cultivos mediante la irrigación artificial, se desarrollaron extensos sistemas de andenes agrícolas, asociados a obras de canalización para posibilitar su riego. Mientras que en las zonas de puna, para lograr el desarrollo agrícola en una altitud que se encuentra en el límite de las posibilidades biológicas, y donde además los cultivos se encuentran expuestos a las frecuentes heladas y a la crítica alternancia de períodos de duras sequías o severas inundaciones, se desarrollaron sistemas de qochas, como también sistemas de camellones o waru waru; al igual que el despliegue de bofedales, generados mayormente mediante sistemas relativamente simples de riego o inundación de extensiones ubicadas en zonas de punas secas, para propiciar así el desarrollo de la vegetación y, de forma consecuente, favorecer las condiciones de pastura de camélidos, y hoy de vacunos y ovinos.

Estas diferentes modificaciones territoriales, por encima de su diversidad funcional, características paisajísticas, extensión y niveles de complejidad comprometidos, tienen en común la supera-

Fig. 18. Bofedales para la pastura de camélidos en las punas secas de Aguada Blanca, Arequipa (foto: Canziani).

ción de las limitaciones territoriales (climáticas, topográficas, de suelos, hidrográficas, etc.) para permitir o favorecer el desarrollo de las actividades productivas. En la mayoría de los casos se puede percibir que estas modificaciones, además de enfrentar las condiciones negativas, comportaron el aprovechamiento o mejoramiento de las condiciones positivas o favorables presentes en el medio natural.

Por lo tanto, se puede plantear que estas modificaciones territoriales tuvieron y aún tienen como aspecto común el propósito de generar, mejorar o ampliar las condiciones productivas del medio natural, garantizando a su vez la reproducción de las condiciones de base que aseguran la sostenibilidad de estos procesos.

Si bien las modificaciones territoriales fueron realizadas con herramientas relativamente sencillas, habrían comprometido una tecnología vasta y compleja que se caracterizaba por el despliegue de especiales formas de organización social de la producción.

En cuanto trascendentes medios e instrumentos de producción social de escala territorial, los paisajes culturales representan no solamente un importante patrimonio tecnológico, funcional al desarrollo territorial, sino también constituyen un referente relevante para las comunidades que los generaron o heredaron en cuanto se refiere a la constitución, conservación e, inclusive, la recuperación de su identidad cultural.

Los Andes Centrales en cuanto área cultural

Cuando en un conjunto de regiones localizadas en un determinado territorio geográfico, se aprecia que sus desarrollos culturales, por encima de sus diferencias regionales, comparten históricamente una serie de rasgos que definen una identidad, y donde además se aprecia una evolución en la que se pueden observar tanto continuidades como procesos de cambio, se entiende que estamos frente a lo que se define como área cultural.

image_pdfimage_print

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Translate »
A %d blogueros les gusta esto: