Ciudad y Territorio de los Andes

La existencia de esta diferenciación regional entre los Moche del Sur y los del Norte, habría tenido la particularidad de inscribirse en el marco de una extraordinaria unidad cultural, claramente perceptible en distintas manifestaciones de su cultura material, especialmente en la representación iconográfica, y debió involucrar otros aspectos culturales como una lengua común y una tradición religiosa compartida. Lo notable de esta identidad cultural es que no solamente se extendió a lo largo de cientos de kilómetros de la Costa Norte, integrando las poblaciones de sus respectivos valles oasis, sino que también tuvo una extraordinaria vitalidad, manteniéndose vigente durante una larga época que comprende varios siglos de duración.

Más adelante examinaremos el comportamiento de esta perspectiva de diferenciación regional, tanto en el ámbito de la arquitectura monumental como en el de los patrones de asentamiento documentados. Igualmente, examinaremos este aspecto con relación a la forma en que se manifiestan los procesos de abandono o transformación de los asentamientos urbanos moche, lo que se verifica durante la crisis que afectó su fase tardía, y que aparentemente se vio agudizada por las presiones externas que se manifestarían durante el Horizonte Medio a raíz del desencadenamiento del fenómeno Wari.

La cultura Gallinazo y su modelo de asentamiento en el valle de Virú

Esta cultura, conocida también como Virú, se desarrolló en la Costa Norte luego de Salinar y antecede el posterior desarrollo de la cultura Moche. Sin embargo, es importante aclarar que el estilo cerámico asociado a Gallinazo aparentemente sobrevivió como parte de la vajilla utilitaria durante mucho más tiempo y por lo tanto no es extraño que se le encuentre coexistiendo en sitios con ocupación Moche, tanto en los valles de Trujillo como en aquellos de Lambayeque.

Sin embargo, parece que fue en el valle de Virú, inmediatamente al sur de Trujillo, donde la cultura Gallinazo alcanzó su mayor desarrollo. Efectivamente, en la parte baja de este valle se encuentra un extenso complejo de plataformas y montículos piramidales de adobe conocido como Grupo Gallinazo, que aparentemente constituía una suerte de “capital” de esta sociedad en el valle y donde Bennett desarrolló excavaciones en los años 30 y luego en los 40 (Bennett 1950). Adicionalmente se reporta información de otros tipos de sitios presentes en el valle, como son: complejos ceremoniales con edificaciones piramidales; estructuras fortificadas conocidas como “castillos”; otras del tipo “palacio”; además de grandes casas aisladas; aldeas y asentamientos habitacionales; además de cementerios (Willey 1953).

Fig. 176 . Ocupación Gallinazo en el valle de Virú (redibujado de Willey 1953 en Canziani 1989)

Este conjunto de tipos de sitios, su ubicación y articulación espacial, permitieron a Willey (ibid: 378-382, fig. 84) plantear una serie de sugerentes hipótesis acerca de las singulares características del patrón de asentamiento de Gallinazo Tardío en el Valle de Virú. A diferencia de lo que aconteció durante el precedente período Puerto Moorin o Formativo Superior, donde se dio una marcada concentración en la parte media alta del valle, la ocupación Gallinazo, manifiesta más bien una baja ocupación de este sector y un importante desplazamiento hacia el valle bajo y medio. En el valle bajo el Grupo Gallinazo además de tener un rol protagónico como posible sede de una autoridad central, debió de incorporar bajo su órbita otros asentamientos de la margen norte del valle bajo. En la margen sur del valle bajo, como en el valle medio, otros centros de menor rango pudieron cumplir una función similar con relación a la población asentada en estos sectores. Mientras tanto, en el sector del cuello del valle, esta función pudo ser cubierta por cuatro “castillos” fortificados y un complejo ceremonial localizado en una posición central, los que además garantizaban el control estratégico de una zona clave para el manejo del sistema de irrigación del valle (Canziani 1989).

El Grupo Gallinazo

El Grupo Gallinazo se encuentra en la parte norte del valle bajo de Virú, en una zona que debió ser marginal al área bajo cultivo en ese entonces, por su baja calidad de suelos debido a su relativa proximidad a la franja del litoral marino. Presenta una notable extensión, que alcanza por lo menos 2 km. a lo largo de su eje principal orientado de norte a sur, si consideramos el área de mayor concentración, pero que si comprende otros montículos más dispersos, llegaría a alcanzar una extensión de hasta 4 km. [50] El Grupo Gallinazo está conformado por unos 30 montículos, aparente-

Fig. 177 . Plano general del Gru-

po Gallinazo (redibujado de

Bennett 1950 en Canziani 1989).

mente amorfos y de contornos indefinidos debido a la intensa erosión. Sin embargo, las excavaciones realizadas en ellos revelaron que estaban constituidos por plataformas con estructuras arquitectónicas y que, en algunos casos, sirvieron también de base para la erección de volúmenes piramidales. En otros casos se trataba de simples montículos producto de la acumulación de tierra y de deshechos de ocupación, lo que revelaría su aparente función habitacional, asociada a construcciones realizadas con materiales perecederos.

Como sostuvo Bennett (1950), al igual que Willey (1953), el Grupo Gallinazo no presenta evidencias aparentes de una planificación global. Sin embargo, un análisis somero permite apreciar que existió una evidente búsqueda de organización espacial, la que a partir de la reiterada orientación de las estructuras arquitectónicas se extiende a la disposición de los montículos y las plataformas, como también al nivel del ordenamiento general del complejo en dirección norte sur. Igualmente se perciben ciertos niveles de planificación sectorial, verificables en el planeamiento de las estructuras expuestas por las excavaciones, donde la apariencia amorfa y desordenada que presenta el sitio en superficie parece ser más bien el producto de la intensa erosión que ha sufrido. Finalmente, se puede inferir la existencia de una zonificación y jerarquización de las estructuras, con la presencia de plataformas que incorporan grandes volúmenes piramidales y otras que por sus acabados, decoración mural y características, parecen corresponder a edificios públicos de función especializada; mientras que otros montículos con plataformas compuestas por cuartos y otros recintos con evidencias domésticas, podrían ser asignados a una función residencial asociada a sectores de la población con un cierto status social; por último, generalmente en la periferia del sitio, otros montículos que presentan evidencias de ocupación y escasos restos arquitectónicos, podrían haber correspondido a zonas habitacionales resueltas con materiales perecederos y ocupadas por sectores sociales dependientes de la elite urbana o por trabajadores del campo asimilados al núcleo urbano del asentamiento (Canziani 1989: 118-120).

En cuanto a las estructuras arquitectónicas identificadas en los montículos, se aprecia que la organización espacial del complejo orientada de norte a sur es reiterada en estas, tanto en la propia orientación de las plataformas, como en el trazo de los muros de los recintos y corredores. Las estructuras excavadas revelaron patrones fuertemente concentrados, donde se advierte el dominio de un persistente patrón ortogonal, generado por los muros trazados siguiendo los ejes cardinales. Tal como se observa, por ejemplo, en el sector excavado del montículo V-155A, donde las estructuras mantienen un patrón constante en su orientación en las superposiciones arquitectónicas, que corresponden a las diferentes fases de ocupación del sitio, desde el Gallinazo Temprano al Tardío (Bennett 1950: fig. 11).

Estas superposiciones arquitectónicas, asociadas a las distintas fases de Gallinazo, también per-

Fig. 178 . Vista de la pirámide principal de la Huaca Gallinazo (V-59) desde el montículo V-157 ubicado al Este

(Canziani 1989).

Fig. 179 . Plano del sitio V-152 – 153 del Grupo Gallinazo (Willey 1953: fig. 141).

mitieron observar la evolución y los cambios que se aprecian en las técnicas y los materiales constructivos. Así en la fase I, se desarrolla una especie de “tapia”, elaborándose los muros con barro compactado. En la fase II, aparecen adobes moldeados a mano de distintas formas (esféricos, hemiesféricos, etc.). Posteriormente, en la fase III o Gallinazo tardío, aparecen los adobes paralelepípedos rectangulares, elaborados con moldes de caña, que dejan sus características improntas en las caras de los adobes; a los que siguen los de moldes llanos, hechos aparentemente con gaveras de madera. Es característico también de las construcciones masivas de Gallinazo, que los rellenos de adobe de los volúmenes de las pirámides, presenten la inserción horizontal de vigas rústicas de algarrobo, que debieron operar como una suerte de “amarres” de refuerzo estructural en los rellenos constructivos. Esta técnica peculiar se observó también en la principal construcción piramidal del sitio, denominada Huaca Gallinazo (V-59) que se emplaza sobre el montículo más extenso (400 x 200 m.), mientras que la pirámide en sí presenta una base de 70 x 65 m. elevándose unos 20 m. por encima del nivel del terreno.

Son de destacar en la arquitectura Gallinazo muchos ejemplos de decoración mural en bajo relieve, con motivos entrelazados que parecen representar serpientes o peces, pero también en sus principales edificios usualmente se encuentran cenefas y frisos obtenidos mediante una particular disposición de los adobes dejando espacios vacíos, logrando así bandas decorativas horizontales que repiten especiales formas geométricas. Estos muros estaban finamente enlucidos y pintados de amarillo, aunque se incluye de forma alterna también el negro, verde, rojo y blanco (ibid:38). Estos motivos decorativos están presentes mayormente en los muros de contención de plataformas y, tanto por su posición como orien-

Fig. 180. Plano y Corte de las estructuras excavadas en el sitio V-155 A del Grupo Gallinazo (Bennett 1950).

Fig. 181. A- Abobe del tipo “bola” modelado a mano correspondiente al Gallinazo Medio; B. Adobe elaborado con molde de caña, del

Gallinazo Tardío (Canziani).

tación, es posible que constituyeran el especial acabado de los frontis de los principales edificios públicos, que estuvieron asociados a las estructuras piramidales del Grupo Gallinazo (Canziani 1989: 116-117).

Si bien el Grupo Gallinazo, no ha merecido nuevas investigaciones que continuaran las iniciadas por Bennett entre las décadas de los 30 y 40, los datos recuperados en ese entonces permiten inferir que nos encontramos frente a un importante centro urbano, lo cual fue destacado tanto por el propio Bennett (1950) como por Willey (1953) en su célebre trabajo sobre los patrones de asentamiento prehispánicos en el valle de Virú. Si bien estos investigadores hicieron mayor énfasis sobre los aspectos cuantitativos, relacionados con la extensión del sitio y la estimación de los miles de cuartos contenidos en sus estructuras, con proyecciones sobre su posible población,[51] también destacaron la importancia de la arquitectura monumental de función pública aglutinada en torno a las edificaciones piramidales; además de advertir la presencia de estructuras semisubterráneas y cubículos posiblemente destinados a servir de depósitos; así como de la existencia de una clara diferenciación entre las estructuras residenciales, especialmente en la fase tardía de Gallinazo, lo que podría servir de indicador de que los pobladores de este centro urbano pertenecieran a clases sociales distintas (Bennett 1950: 117).

Las evidencias recuperadas señalarían que el notable desarrollo urbano registrado en el Grupo Gallinazo, habría estado aparejado con el logro de uno de los más altos niveles en la explotación

Fig. 182 . Frisos de decoración mural en relieve, expuestos en los sitios V-59 (a) y V-152 (b-f) del Grupo Gallinazo (Bennett 1950).

de los recursos agrícolas del valle de Virú. Esto habría sido posible gracias a la construcción del principal sistema de canales en ambas márgenes de éste, lo que permitió la irrigación de la mayor parte de los suelos del piso del valle y el desarrollo en ellos de una agricultura intensiva. Esto habría redundado en el crecimiento poblacional y en el notable incremento de los sitios habitacionales (Willey 1953: 393). La propia concentración poblacional residente en el Grupo Gallinazo, mayormente desligada de las labores del campo, sería impensable sin la existencia de una economía ampliamente excedentaria que permitiera el sustento de este complejo urbano.

Hemos ya visto como durante el Formativo se iniciaron este tipo de modificaciones territoriales, concentrándose en ese entonces el sistema de irrigación en el cuello del valle de Virú, mientras que en la parte media y baja se debieron desarrollar tan sólo pequeñas obras de canalización a partir de puntos aparentes en el cauce del río, o con el simple manejo de zonas húmedas mediante la agricultura de hoyas. Sin embargo, durante el período Gallinazo habría tenido lugar la culminación de una obra pública sumamente ambiciosa, la que interesó prácticamente toda la superficie del valle, requiriendo para ello del despliegue de una enorme energía en fuerza de trabajo y de un notable compromiso técnico. Según Willey (1953: 362-365), se habrían construido durante esta época dos canales principales que bordeaban ambas márgenes del valle, a partir de sendas bocatomas ubicadas en el cuello del valle. Al establecerse el trazo de estos canales se debió prever que inclusive comprendieran la irrigación de las tierras del valle bajo, manteniendo la pendiente adecuada de los canales y, al mismo tiempo, la mira en lograr la cota más alta para el límite superior de los terrenos bajo cultivo. Este notable logro de época Gallinazo no sería superado en la historia sucesiva del valle y solamente en tiempos recientes este límite ha sido ampliado, con la entrada en operación del Proyecto Chavimochic,[52] cuya realización ha significado la intervención de maquinaria pesada y todo el potencial de la tecnología moderna disponible en un megaproyecto de esa envergadura.

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