Ciudad y Territorio de los Andes

la secuencia de remodelaciones de un patio hundido (Canziani 1992:

fig. 8).

Es importante notar que en los casos señalados, aparentemente se busca mantener el partido arquitectónico original. Lo que se puede apreciar al observar que las sucesivas remodelaciones conservan en grandes rasgos la disposición de los elementos arquitectónicos y la distribución espacial

Fig. 164. Reconstrucción hipotética de la secuencia de superposiciones arquitectónicas en el patio hundido de la plataforma Este de la Huaca 25 (Canziani 1992: fig. 9).

de los distintos ambientes. Este hecho, permite suponer una constante en los aspectos funcionales y en la concepción arquitectónica primigenia. En todo caso, este es un aspecto sujeto a un mayor estudio, que será posible profundizar solamente al abordar la excavación arqueológica de estos monumentos.

Materiales y técnicas constructivas

El material constructivo dominante en las edificaciones del período Paracas es el adobe de pequeñas dimensiones hecho a mano y que presenta una característica forma de cuña, al tener una base irregular de forma elíptica y un típico adelgazamiento hacia el vértice. La disposición de estos adobes en el aparejo de los rellenos es bastante singular, ya que son colocados en posición vertical sobre una capa de mortero de barro sin aplicar éste en los intersticios entre los adobes, para luego disponer una nueva capa de mortero y una nueva hilada horizontal de adobes y así sucesivamente, hasta alcanzar la altura deseada en el relleno de las plataformas, que son selladas superiormente con un piso siempre de barro.

Estos mismos adobes se emplearon para la erección de muros mediante la técnica de «doble cara», disponiendo los adobes en posición horizontal, con las bases hacia ambos paramentos y rellenando el interior con una mezcla de barro y de terrones del mismo material. Una técnica similar se observa en la terminación de las plataformas, con la disposición horizontal de los adobes y con las bases definiendo la superficie de los paramentos que, luego del enlucido, en algunas ocasiones presentan también evidencias de pintura blanca de acabado final.

Fig. 166. Reconstrucción de la forma de elaboración de los adobes empleados en la arquitectura monumental Paracas (Canziani 1992: fig.16).

Fig. 165. Típico aparejo constructivo propio de la tradición Paracas en el lado norte de la Huaca 25 del Complejo Soto (Canziani).

Los Poblados de carácter rural

En la parte media alta del valle de Chincha, se ha registrado la existencia de una serie de asentamientos de aparente carácter rural. Estos se localizan en una posición estratégica, sobre las terrazas naturales que limitan las márgenes del valle y desde donde se dominan los campos de cultivo del piso del valle y transcurren los más elevados canales de riego.

Estos extensos poblados revelan una notable concentración de pequeñas estructuras de posibles viviendas con cimientos de piedra y que pudieron ser construidas con paredes de quincha. Este el caso del sitio Pampa del Gentil (PV.5764) y de PV.57-140. En estos poblados, si bien se aprecia una tendencia a establecer patrones de trazo ortogonal, no se puede encontrar las características propias de un asentamiento planificado, sino que parecen ser producto de una progresiva agregación de estructuras en las que se advierte también la existencia de superposiciones arquitectónicas, producto de una aparente ocupación continua durante varios períodos.[39]

La forma y dimensiones de estas estructuras, además de las características antes señaladas, nos llevan a suponer su aparente carácter doméstico. Estos elementos, unidos a la ausencia o presencia puntual de una arquitectura pública de posible función especializada, nos conducen a plantear el aparente carácter rural de estos asentamientos que dominan desde puntos estratégicos los campos de cultivo del piso del valle. [40]

Fig. 167. Foto aérea oblicua

del sitio Pampa del Gentil (64)

visto

desde

el

norte

(

Canziani

).

Dado que este tipo de poblados no está presente en el valle bajo, es posible suponer que los sitios de habitación relacionados con los productores agrícolas de estos sectores, deben de rastrearse más bien en una gran cantidad de sitios que se caracterizan por constituir pequeños montículos bajos, cuyos materiales constructivos y asociaciones cerámicas los afilian al período Paracas. Esta constatación permitiría plantear una hipótesis de trabajo acerca de la posible existencia de dos formas de ocupación del espacio entre el valle bajo y el medio. En el primero, se concentraría la arquitectura pública monumental representada por los grandes montículos piramidales y sus extensos complejos; mientras que el asentamiento de la población rural podría presentar un patrón de distribución disperso, conformado por pequeñas unidades familiares a modo de estancias o caseríos. En contrapartida, en el valle medio la pobla-

Fig. 168. Foto aérea oblicua del sitio 140 visto desde el oeste (Canziani).

ción rural privilegiaría un patrón de concentración, favorecido por la disponibilidad natural de mesetas y tabladas en los márgenes del valle que limitan los campos bajo cultivo. En este último caso, es sugerente suponer que la relativa lejanía de los complejos de aparente función ceremonial ubicados en el valle bajo, habría sido resuelta integrando a los poblados rurales del valle medio pequeñas estructuras que absolvieran localmente esta función, a modo de “capillas”.

Sistemas de irrigación y cultivo

Finalmente, un novedoso e impactante hallazgo logrado durante la exploración del valle, ha sido el registro de una serie de evidencias correspondientes a canales que formaban parte de antiguos sistemas de irrigación, asociados directamente con campos de cultivo abandonados. Estas evidencias están relacionadas consistentemente con materiales culturales del período Paracas Necrópolis, lo que nos permite sostener que por lo menos desde este período —hace unos 2500 años— había ya empezado el largo proceso que condujo a la conformación inicial del valle agrícola en el sector medio del valle de Chincha, con la consecuente modificación del paisaje territorial y la generación de una importante zona de producción.

Las características extraordinarias de estas notables obras públicas y de los sistemas de campos de cultivo, constituyen un invalorable testimonio del avanzado desarrollo agrícola alcanzado por las gentes de la cultura Paracas y, en especial, del despliegue de estrategias adecuadas para el manejo de un recurso escaso como el agua, en un valle relativamente árido como es el de Chincha (ONERN 1970). De otro lado, la presencia de este tipo de infraestructura permite suponer la existencia de formas complejas de organización social, que hicieron posible su ejecución, mantenimiento y administración por parte de las sociedades que ocuparon el valle tempranamente (Canziani y del Aguila 1994).

Fig. 169. Foto aérea oblicua del sitio 142, ubicado en una quebrada lateral al cauce del río, en la que se aprecia los canales superiores y los sistemas de campos de cultivo (Canziani).

Las evidencias documentadas con relación a la época Paracas en el valle de Chincha, son de una riqueza tal que, aún en el nivel preliminar de nuestros estudios, ya nos proponen una nueva visión de esta sociedad mayormente conocida por su espléndido arte textil. Los sistemas agrícolas desarrollados tempranamente testimonian la progresiva modificación de las condiciones naturales de un valle desértico de la costa peruana, para iniciar la conformación de un importante valle agrícola y la exitosa afirmación de una economía basada en su explotación. De otro lado, la extensión de los asentamientos rurales, la complejidad del incipiente urbanismo y, en especial, de la arquitectura monumental asociada a este, constituyen en conjunto un insospechado testimonio que nos permitirá aproximarnos científicamente al conocimiento de esta sociedad, desde los niveles generales de la organización económica y social hasta aquellos particulares relacionados con las formas de vida cotidiana.

En especial las características y atributos de la arquitectura monumental Paracas, nos remiten al desarrollo de actividades especializadas de distinta índole, tanto de carácter ceremonial como productivo. La enorme cantidad de trabajo invertida en la construcción de sus notables volúmenes; la persistencia de determinadas concepciones arquitectónicas a lo largo del tiempo; nos conducen a tener una idea aproximada de los niveles de especialización, poder y organización alcanzados por la sociedad Paracas y, en especial, por su emergente clase dirigente de base urbana.

Asentamientos Paracas en los valles de Pisco e Ica.

Muchos sitios Paracas han sido reportados en estos tres valles al sur de Chincha, pero lamentablemente es bastante limitada la información disponible acerca de las características que presentan los asentamientos y la arquitectura presente en ellos, lo que dificulta la posibilidad de establecer comparativamente similitudes y diferencias de valle a valle, con miras a lograr una visión integral, a nivel regional, del fenómeno Paracas.

En el valle medio de Pisco, a unos 15 km del mar, el sitio de Chongos presentaría interesantes evidencias de una superposición en sus ocupaciones del período Cavernas y Necrópolis. En el sitio, ubicado en la margen izquierda y sobre unas laderas áridas por encima de los campos de cultivo, se observan pequeños montículos y recintos construidos tanto con pequeños adobes como con cantos rodados. Algunos recintos parecen definir espacios vacíos a modo de canchas, otros presentan subdivisiones interiores y parecen estar asociados a funciones domésticas, por su asociación con la presencia de grandes basurales. Los muros de estas construcciones son bajos, lo que lleva a suponer que correspondían a las bases de estructuras de quincha. Si bien se sostiene que la arquitectura de las dos fases de ocupación temprana tendría un estrecho parecido, tanto en las técnicas constructivas como en la organización del espacio, sería factible discernir diferencias de detalle en aquellas zonas que han sido excavadas (Peters 1988). [41]

El valle de Ica ha tenido un rol muy importante en la definición de la tradición Paracas a raíz de los abundantes sitios y cementerios tempranos, que por décadas han sido objeto de la acción depredadora de los huaqueros, y especialmente en mérito de los estudios arqueológicos que se plantearon el ordenamiento de una secuencia estratigráfica y estilística de su cerámica (Menzel, Rowe y Dawson 1964). Sin embargo, es notable constatar que entre los asentamientos Paracas de este valle no se encuentran complejos con la complejidad de los registrados en Chincha, ni montículos piramidales comparables en envergadura con los observados en este valle.[42]

Fig. 170. Cerrillos. Recons-

trucción del edificio con pla-

taformas escalonadas conecta-

das mediante escalinatas y

Corte en el que se aprecia el

registro de las superposiciones

arquitectónicas correspon-

dientes a distintas fases

(

Wallace

).

Entre los sitios del valle medio de Ica, destaca Cerrillos, que se localiza en las laderas de la margen izquierda del extremo norte del valle, donde se inicia el despliegue de las mejores tierras de este oasis agrícola. El sitio ha venido siendo reexaminado por Wallace a partir de sus primeros trabajos desarrollados en él hace más de cuarenta años, cuando sus excavaciones contribuyeron a aportar materiales asociados con las fases más tempranas de Paracas, en las que se percibe notables influencias de Chavín provenientes desde el norte (Wallace 1962).

El sitio presenta una compleja estratigrafía, donde se evidencia una secuencia de superposiciones, generada por sucesivos eventos de remodelación arquitectónica que abarcarían un período de ocupación desde el 800 al 200 a.C. La edificación monumental se caracteriza por presentar terrazas escalonadas, cuyo desarrollo incorpora la pendiente de la ladera donde se asentó el edificio. Las terrazas se realizaron mediante muros de contención de piedras de campo y rellenos de cascajo, cuyos paramentos y pisos fueron acabados con arcilla. En una de las fases se registraron muros hechos con adobes en forma de terrón, igualmente enlucidos cuidadosamente con arcilla. Parapetos bajos delimitaban las terrazas, que se interconectaban entre sí mediante escalinatas, dispuestas tanto en posición posiblemente central como lateral en sus diferentes niveles. Sobre el flanco norte de las terrazas escalonadas se levantaron cámaras de planta cuadrangular, cuyas puertas presentaban umbrales elevados (Wallace com. pers. 2003).

De los trabajos de prospección desarrollados en el valle bajo de Ica resulta que los sitios tempranos Paracas (Ocucaje fases 3 – 4) se concentrarían al norte del sector de Callango y Chiquerillo. Son sitios relativamente pequeños que ocupan menos de 1 Ha. de extensión y corresponderían a sitios de habitación. Estos sitios de habitación tendrían continuidad en su ocupación durante la fase 8, en la que Animas Bajas constituiría el sitio más importante, con una extensión de unas 60 Ha y donde se reporta la presencia de siete montículos de planta rectangular y algunas elevaciones de tierra donde se observan los cimientos de estructuras hechas con pequeños adobes y abundantes deshechos de ocupación. Los montículos —que de acuerdo al plano publicado presentan una orientación Este Oeste— fueron construidos con pequeños adobes moldeados a manos en forma de “grano de maíz” y “redondos”. Sobre la cima de estas plataformas se definieron por medio de muros una serie de recintos y corredores, mientras que también se observó el desarrollo de rampas para conectar ambientes a distinto nivel (Massey 1991: 320-321, fig. 8.2.). En contraste a lo que se verifica en Callango, la ocupación en el sector de Ocucaje durante esta fase sería comparativamente menor y con asentamientos mucho más simples.

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