Ciudad y Territorio de los Andes

Fig. 154. Perspectiva reconstructiva del complejo Soto, con las Huacas 26 y 25 vistas desde el sureste (Canziani 1992: fig. xx).

Fig. 155. Foto aérea oblicua de la Huaca Partida (9) vista desde el norte (Canziani).

Esta temprana tradición arquitectónica de la cultura Paracas aparentemente no tendría antecedentes fuera de la región ya que, como hemos visto, durante ésta misma época en la costa central estaba en plena vigencia la tradición de los templos en forma de «U» (Williams 1985).[38] Mas bien, podría tomar cuerpo la posibilidad de que esta tradición sureña, impulsada por los paracas, tuviera alguna influencia en el proceso de cambios que se impone en el ordenamiento de los centros urbano teocráticos de la costa central durante las primeras fases del período Intermedio Temprano, donde se afirmaron patrones urbanísticos y arquitectónicos bastante similares a los que caracterizaron a Paracas (Canziani 1987, 1992).

Conociendo mejor los rasgos más destacados de esta tradición arquitectónica de la costa sur, hemos examinado con mayor detenimiento otros montículos menos conservados que se encuentran en el valle y que corresponden a la misma época Paracas y posiblemente a sus fases tempranas conocidas como Cavernas. Quizás la información más notable es la que nos proporciona la Huaca Santa Rosa (PV.57-87), que se ubica en una posición central con relación al valle bajo y donde se registraron en superficie abundantes materiales culturales del período Paracas Cavernas. Luego

de un detenido examen, hemos podido comprobar que esta gigantesca Huaca —si bien está afectada por un avanzado proceso de destrucción— también manifiesta el partido arquitectónico tradicional de la época, lo que representa un dato bastante significativo dado que este monumento constituye uno de los montículos piramidales aparentemente más tempranos del valle y, a la vez, el que presenta las dimensiones más grandiosas.

La Huaca Santa Rosa muestra la típica planta rectangular orientada Este-Oeste, que alcanza alrededor de 430 m de largo y de 140 a 170 m de

Fig. 156. Croquis del plano general de Huaca Santa Rosa (87) (Canziani).

Fig. 157. Vista desde el sur del sector central de Huaca Santa Rosa (87) hoy cubierta por construcciones modernas (Canziani).

ancho, con una altura en la parte más alta de unos 25 m. En algunos cortes se puede observar su sistema constructivo en base a adobes pequeños, terrones de barro e inclusive cantos rodados en los rellenos. Se aprecian también evidencias claras del escalonamiento ascendente hacia el Oeste de sus plataformas originales, algunas de las cuales conservan aún los paramentos enlucidos de los grandes muros de contención. Por su ubicación central y las colosales dimensiones de su volumen, esta huaca debió de constituirse con certeza en una suerte de Templo Mayor durante la vigencia de la cultura Paracas en el valle.

Considerando que se trata del montículo artificial de mayor envergadura construido en el valle durante la época prehispánica, y tomando en cuenta que corresponde a una de las fases más tempranas de Paracas identificadas en este, presumimos que esta grandiosa edificación debe contener en su núcleo interior las primeras evidencias del surgimiento de esta tradición arquitectónica, si consideramos que en ella también es recurrente la práctica de sucesivas remodelaciones y superposiciones constructivas. Estas condiciones especiales señalarían al sitio como el lugar ideal para concentrar futuras investigaciones acerca de la problemática Paracas. Lamentablemente, y por absurdo que parezca, ésta Huaca está hoy mayormente ocupada por construcciones que corresponden al moderno poblado de Santa Rosa. Las condiciones que exhibe hoy este grandioso monumento Paracas y la ignorancia inadvertida de quienes se asientan sobre él —como si se tratara de un cerro más— ilustra suficientemente el penoso tratamiento que padecen muchos de los más importantes monumentos de nuestro país. Huaca Alvarado (PV.57-10)

Fig. 158. La misma vista desde el sur del sector central de Huaca Santa Rosa (87) en una antigua fotografía de Max Uhle tomada a inicios del siglo pasado (Kroeber 1942).

La primera referencia científica a la cultura que mucho después se conocería como Paracas, se debe a Max Uhle quien en 1900 realizó trabajos arqueológicos en el valle de Chincha. Uhle, dedicado mayormente a investigar los monumentos tardíos del valle y a la excavación de las tumbas asociadas a estos, encontró que las Huacas Alvarado y Santa Rosa presentaban la particularidad de mostrar una cerámica de un estilo muy distinto al

Fig. 159. Huaca Alvarado (10 ). Evidencias en el flanco norte de adosamientos de muros elaborados con terrones de barro que muestran múltiples aplicaciones de enlucido (Canziani).

de las épocas tardías, al igual que una arquitectura muy diferente, hecha ya no de tapia sino en base a pequeños adobes. Uhle (1924), concluyó que estos restos debían de corresponder a una civilización muy antigua.

En su descripción de la Huaca Alvarado, Uhle (1924: 81) señalaba que el montículo alcanzaba “unos 18 m. de altura en su angosto extremo Oeste”, lo que hace pensar que presentaba rasgos concordantes con los patrones arquitectónicos de la época Paracas en el valle de Chincha. Si bien actualmente este sector Oeste se encuentra seriamente afectado por construcciones modernas, en las aerofotos de 1942 se observa que correspondía a una plataforma elevada de orientación Este Oeste, con el eje desplazado hacia el borde Sur del complejo y que debió alcanzar unos 220 m de largo por unos 70 m de ancho. Esta plataforma alargada y elevada al Oeste estuvo conectada con otra cuadrangular y baja al Este, que aun se conserva y que tiene unos 115 m de Este a Oeste por unos 100 m de Norte a Sur y de 6 a 8 m de altura. A su vez, las fotos aéreas revelan que esta plataforma cuadrangular presentaba dos montículos, en forma de apéndices alargados, que se proyectaban hacia el Este, a modo de brazos de una ‘U’, a menos que pudiera tratarse de los restos correspondientes al recinto de un atrio que, como hemos visto, se ubica recurrentemente al Este de las edificaciones de esta tradición.

El montículo está construido con adobes en forma de cuña y terrones. En algunos sectores se aprecian superposiciones arquitectónicas. Tal es el caso de algunos cortes en su esquina Nor Oeste, donde se observa una secuencia de rellenos, construidos con hiladas sucesivas de terrones de barro y adobes en forma de cuña. Estos rellenos constructivos corresponden a plataformas superpuestas y están asociadas a una serie de paramentos que se adosan sucesivamente. Estos paramentos exhiben la repetida aplicación de varias capas de un fino enlucido de barro (Canziani 1992: 98-99). La Cumbe (PV.57-03)

Se trata de un gran montículo de planta rectangular en forma de plataforma cuasi cuadrangular que mide 180 m de Este a Oeste y 150 m de Norte a Sur, conformado por varias terrazas escalonadas, ascendentes hacia el Oeste. El monumento está ubicado sobre el acantilado que limita el Norte del valle bajo. El hecho de que el sitio estuviera asociado a cementerios tardíos, y que sobre algunas de sus terrazas presente recintos de tapial y adobes, propios de la época Chincha-Inka, llevó a Uhle a suponer que esta edificación correspondiera al santuario de Chinchay Camac considerado en las crónicas como uno de los hijos del ídolo de Pachacamac. Estos datos han conducido a asociar en la literatura arqueológica a la Cumbe como un sitio exclusivamente afiliado al período Chincha-Inka en el valle de Chincha.

Sin embargo, el propio Uhle notó que los rellenos con los que estaba construida la plataforma estaban hechos con cantos rodados. Estos datos, unidos a la presencia de cerámica temprana en superficie y, especialmente, ciertos rasgos arquitectónicos relacionados con la orientación EsteOeste; el desarrollo de terrazas escalonadas y ascendentes hacia el Oeste; y la existencia de depresiones correspondientes a patios hundidos sobre la plataforma (el principal con unos 45 m de lado y una profundidad de 3 m con relación a la terraza en que se ubica); nos llevaron a plantear la posibilidad de que se tratara de una edificación del período Formativo, reocupada tardíamente. Recientemente hemos hallado —en algunos cor-

Fig. 160. Croquis de La Cumbe (3) (Canziani).

Fig. 161. Vista aérea oblicua con en primer plano las plataformas escalonada de La

Cumbe (3) en las que destaca, al centro, el principal patio hundido. Al fondo se aprecia el complejo tardío de La Centinela de Tambo de Mora (1) (Canziani).

tes que se ubican estratigráficamente en el basamento de los rellenos constructivos de La Cumbe— una considerable deposición de cerámica del clásico estilo Paracas Cavernas, lo que estaría confirmando esta hipótesis, al igual que la observación de los típicos aparejos de esta tradición en los rellenos constructivos de lo que debió ser la base de la edificación. Estos datos permiten suponer que el grueso de la edificación corresponde a esta época temprana, con remodelaciones menores y bastante posteriores durante los períodos Chincha y Chincha-Inka.

Este importante hallazgo podría estar indicando no solamente que este santuario y sus dioses tendrían profundas y tempranas raíces en la historia del valle, sino también que La Cumbe habría sido —con su impresionante volumen y estratégico emplazamiento— el más destacado centro ceremonial Paracas en el sector Norte del valle bajo, solamente superado en jerarquía dentro del valle por la Huaca Santa Rosa.

De otro lado, es interesante notar que los cánones arquitectónicos impuestos por estas notables edificaciones piramidales fueron asumidos e incorporados a una arquitectura de aparente función pública, pero de una escala menor y a veces rústica en sus acabados, tal como la que se ha registrado en los márgenes al Sur del valle medio. Estos montículos relativamente pequeños y de escasa altura, como los de Cerro del Gentil (PV.57-59), Chococota (PV.57-63) y Pampa del Gentil (PV.57-64), presentan la tradicional planta rectangular, la orientación Este-Oeste y la presencia de patios hundidos, si bien no necesariamente asumen un marcado desarrollo ascendente hacia el Oeste. Estos montículos se encuentran consistentemente asociados a materiales culturales Paracas Cavernas, lo que se refleja también es las características constructivas que exhiben. Este tipo de arquitectura pública se encuentra a veces aislada o formando pequeños complejos y, en algunos casos, asociada a poblados de aparente carácter rural. Es preciso señalar que en estos mismos sectores y en casi toda la extensión del valle es notoria la ausencia de una arquitectura pública de carácter monumental como la observada en el valle bajo (Canziani 1992).

Las remodelaciones arquitectónicas en los monumentos Paracas

Un aspecto sumamente interesante y que relaciona la arquitectura Paracas con las difundidas tradiciones andinas de la arquitectura ceremonial temprana, está referido a la observación de la existencia en muchos de estos edificios de una serie de remodelaciones y consecuentes superposiciones arquitectónicas.

Fig. 162. Huaca Partida (9). Evidencias de superposiciones arquitectónicas en el corte ubicado en el sector Este del montículo (Canziani 1992: fig.13).

Este es el caso de un corte profundo en la Huaca Partida, donde se puede apreciar claramente una secuencia de muros, banquetas y pisos, posteriormente cubiertos por rellenos constructivos destinados a la reedificación de estos mismos elementos en el marco de distintos eventos de remodelación del edificio. Pero quizás los datos más interesantes provienen de la Huaca PV.5725 del complejo Soto donde, en un corte diagonal producido por el trazo de un canal moderno, ha sido posible registrar una secuencia de por lo menos 5 o 6 remodelaciones sucesivas que modificaron las características originales de lo que aparentemente constituía el atrio de esta edificación. En este caso, a los muros perimétricos del patio del atrio –que estuvieron enlucidos y pintados de blanco– se les adosó interiormente nuevos muros, banquetas y posteriormente rellenos de plataformas. Estas intervenciones paulatinamente fueron restringiendo el espacio original del patio y al mismo tiempo modificando las formas de acceso y circulación asociadas a éste. Como es el caso de un vano que daba acceso a un ambiente con banqueta y que, cuando éste espacio fue rellenado para dar forma a una plataforma, se alojó en el una escalinata destinada a superar la diferencia de nivel generada.

Fig. 163. Plano de planta de la plataforma Este de la Huaca 25 con

evidencias de superposiciones arquitectónicas, correspondientes a

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