Ciudad y Territorio de los Andes

A Sergio Staino, viejo amigo florentino, le agradezco haberme iniciado en el apasionante mundo de la investigación científica, la que dio lugar a mi primera colaboración en el encendido ensayo de “Los Orígenes de la Ciudad” en plena efervescencia post 68. Sigo siendo deudor de la generosa aproximación a la arqueología y sus postulados teóricos que me brindó desde mis exploraciones iniciales el Dr. Luis Guillermo Lumbreras. La vieja amistad con Elías Mujica, construida a lo largo de los comunes proyectos editoriales, del cual este libro es de alguna forma también una expresión, se ha proyectado a través de los nuevos derroteros abiertos por el Proyecto Arqueológico de la Huaca de La Luna. Mi agradecimiento debe extenderse al Dr. Craig Morris, quien aseguró el apoyo del Museo de Historia Natural de Nueva York a las investigaciones que tuve la oportunidad de desarrollar en el valle de Chincha, algunos de cuyos resultados se han incorporado en este libro. Su repentina desaparición mientras escribo estas páginas nos deja un enorme vacío, tanto por sus constantes y valiosos aportes a la arqueología andina, como por su amable e inteligente amistad. De John Hyslop guardo siempre un permanente recuerdo, en los que se entremezclan sus trabajos en Inkawasi en Cañete —cuando lo conocí— las largas y múltiples conversaciones sobre arqueología y en especial sobre el urbanismo Inka, su permanente búsqueda de innovaciones técnicas para el registro fotográfico de los sitios con globos o cometas, su generoso apoyo y difusión de mis primeros trabajos, su cálida y entusiasta personalidad y, no menos importante, nuestra común afición por las motocicletas!

Los trabajos de la Dra. María Rostworowski fueron para mi no sólo una imprescindible fuente de consulta, sino también su personalidad un ejemplo de pasión y persistencia en la investigación, su trato amical y su permanente curiosidad por nuestros trabajos ha sido un estimulo que agradecemos con afecto. A la Dra. Rosa Fung mi agradecimiento por sus valiosos comentarios y aportes que me ayudaron especialmente en el tratamiento del período Arcaico; igualmente a Santiago Uceda por sus comentarios y sugerencias en el tratamiento de la temática de los cazadores recolectores, sin olvidar por cierto la amistad construida a lo largo de estos años teniendo como centro los trabajos de investigación y puesta en valor en la Huaca de la Luna. A Luis Jaime Castillo por las discusiones sobre lo Moche, en especial sobre las fases tardías y las hipótesis alternativas de desarrollo que ofrecen los valles del Moche norteño, como el de Jequetepeque. Y en general mi agradecimiento a todos los “mochicólogos” con los cuales hemos tenido la oportunidad de alternar sobre la problemática Moche durante los eventos organizados por la Universidad Nacional de Trujillo y el proyecto Arqueológico de la Huacas del Sol y La Luna, y más recientemente por la Dumbarton Oaks, el Museo Larco y la Pontificia Universidad Católica.

Agradezco el apoyo del Instituto de Investigación de la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Artes (INIFAUA) de la UNI, cuya colaboración me permitió organizar los materiales de este trabajo en un primer tramo de la investigación. La convocatoria de los arquitectos Frederick Cooper y Pedro Belaunde para incorporarme a la plana docente de la recientemente creada Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP), me ha permitido profundizar mi labor docente y formar parte de un equipo de profesores cuya calidad personal y profesional ha contribuido a enriquecer mis conocimientos y a establecer recíprocas relaciones de colaboración y amistad. En especial agradezco al amigo Pedro Belaunde, Jefe del Departamento de Arquitectura y Urbanismo, su interés en lograr mi participación en los espacios de investigación generados por el Centro de Investigación de la Arquitectura y de la Ciudad (CIAC). Su perseverancia en el seguimiento de mis avances con el libro, así como su entusiasmo por el proyecto editorial del mismo, me han ayudado a mantener el curso y ha recuperarlo cuando este decaía, en esta suerte de “navegación en solitario” que implicaba los largos derroteros seguidos en esta investigación. Debo agradecer también sus gestiones con el Fondo Editorial de la PUCP, y las realizadas para recibir el apoyo, por intermedio del CIAC, del Consejo Interuniversitario de la Comunidad Francesa de Bélgica (CIUF), siendo el coordinador del programa para arquitectura del convenio PUCP-CIUF el arquitecto Andre De Herde. Apoyo que me permitió el impulso final para concluir la diagramación y avanzar la edición del presente libro.

A propósito de la búsqueda de las fuentes bibliográficas que no estaban a mi alcance, debo agradecer a muchos amigos y colegas, arqueólogos y arquitectos, cuya colaboración sería largo mencionar. Sin embargo, quiero destacar el apoyo recibido de los amigos del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) y en especial de Virginia García, a cargo de la bien organizada Biblioteca del Instituto, por su eficiencia y extraordinaria rapidez en ubicar y poner a mi disposición obras que de otra forma seguramente me hubieran sido inalcanzables.

Debo agradecer a Aída Nagata su compromiso con el proyecto editorial de este libro. Su trabajo pulcro y minucioso acompañó los pasos iniciales de edición, antes de integrarse al Fondo Editorial y luego de su incorporación, donde felizmente se ha reencontrado con el libro asegurando la continuidad de un buen trabajo. Agradecimiento que hago extensivo a todos los demás integrantes del Fondo, cuyo trabajo en equipo ha superado los retos planteados por la edición del libro.

ARQUITECTURA Y URBANISMO COMO TESTIMONIO DE LA EDIFICACIÓN SOCIAL

Lo que ay que ver desto son los cimientos de los edificios y las paredes y cercas de los adoratorios, y las piedras dichas, y el templo con sus gradas, aunque desbaratado y lleno de heruazales, y todos los más de los depósitos derribados: en fin fue lo que no es. Y por lo que es juzgamos lo que fue.

EN EL CONOCIMIENTO e interpretación de la historia universal de las civilizaciones, un papel clave lo desempeña el estudio de la arquitectura y, especialmente, del urbanismo. Existe consenso por parte de los estudiosos del tema en asumir la emergencia del urbanismo como un elemento diagnóstico de primer nivel de los procesos civilizatorios. Esto no es novedad, mas si consideramos lo emblemático que ha sido para la humanidad el fenómeno urbano para identificar este proceso, tanto que de antiguo el término civilización deriva de la raíz latina civilitas, las comunidades urbanas que habitan en civitas o ciudades.

En el análisis de las formaciones precapitalistas, Marx y Engels establecieron una correspondencia entre los diferentes estadios de la evolución social y sus respectivas formas de asentamiento. En esta perspectiva, la ciudad constituía una variable fundamental que se asociaba a la aparición de las formaciones sociales clasistas y el Estado. Estos postulados fueron aplicados tiempo después por Childe en su proposición pionera de la arqueología como ciencia social.

Si postulamos que la arquitectura y la forma de asentamiento humano en el territorio, constituyen una expresión privilegiada en las que se plasma físicamente un conjunto significativo de actividades humanas —manifestando así la forma de organización social y los modos de vida— entonces el análisis de estos testimonios representará una herramienta de gran valor para examinar la sintomatología de este tipo de procesos sociales.

(Cieza de León 1984: 253). [1]

 

Tanto la arquitectura como los asentamientos incorporan ellos mismos la calidad de productos sociales. Por lo tanto su análisis funcional, formal y constructivo, permite explorar desde estas vertientes los procesos de especialización productiva, la división del trabajo y las formas de organización social. Bajo esta perspectiva, en el estudio de los procesos civilizatorios adquiere una importancia medular el análisis de la arquitectura pública y de los asentamientos urbanos, por la especial relevancia que asumen en el desarrollo de los procesos en cuestión.

La construcción de la civilización, la edificación social, económica, cultural, mítica se plasma en la arquitectura y en la propia forma de asentamiento, en el manejo y transformación del territorio. Por lo tanto la tarea que tenemos por delante no es solamente reconstruir la identidad material, física, de la edificación arquitectónica, sino especialmente su condición de continente de actividades sociales, y de la representación social que esta entrañó. Mediante este tipo de análisis la lectura de la arquitectura podrá expresar la edificación social y tendrá un papel fundamental en la reconstrucción histórica de los procesos sociales.

Pero, por otra parte, enfrentamos el reto mayor de reconstruir, recomponer, la identidad de la población de nuestro país con su invalorable patrimonio edificado, ya sea este arquitectónico, urbanístico o territorial y paisajístico. En cuanto consideramos que este es un requisito indispensable para garantizar su conservación y puesta en valor. Por esto, sostenemos también que la recuperación de este invalorable patrimonio debe constituirse en una imprescindible herramienta de desarrollo y en una fuente permanente de reflexiones acerca de nuestro futuro como país.

Limitar los complejos procesos sociales concentrándonos en el examen de las evidencias materiales y artefactuales, puede proporcionar una visión parcial o inclusive degradada de la realidad social. Este es especialmente el caso, por ejemplo, de las formaciones que no exhiben destacadas realizaciones culturales o arquitectónicas, como los cazadores recolectores, y cuyo equipamiento mayormente lítico puede aparentar una visión rudimentaria y primitiva de los mismos. Mientras que si incorporamos la dimensión espacial, asociando los contextos materiales a su modo de vida, y éste con sus correspondientes formas de asentamiento y el manejo territorial de sus recursos, tendremos una visión radicalmente distinta o por lo menos de mayor profundidad y valoración de los procesos sociales que se desarrollaban en ese entonces.

El planteamiento central de nuestro trabajo propone que el surgimiento y evolución del fenómeno urbano, y en especial de la ciudad, constituye una de las claves principales para el estudio del proceso civilizatorio. Donde el examen de la evolución del fenómeno urbano constituye una herramienta imprescindible para el análisis y definición de las particulares características que asume, en una región determinada, el proceso civilizatorio en cuestión.

Esto, a nivel universal, se debe a que el proceso de desarrollo de formaciones sociales complejas, y especialmente de aquellas que alcanzaron una organización estatal, tuvo como correlato el surgimiento y desarrollo de centros urbanos y posteriormente de ciudades. En los centros urbanos y ciudades se concentra el desarrollo de las más importantes actividades económicas y sociales, particularmente de aquellas de carácter especializado. Por esta razón, el estudio de la forma que adoptaron los asentamientos y el examen arqueológico de sus componentes, permitirá aproximarnos a la reconstrucción histórica de las formaciones sociales que les dieron origen y entender un aspecto crucial, como es el urbanismo, para el estudio del proceso civilizatorio en los Andes Centrales.

Uno de los objetivos centrales de esta investigación ha sido definir un panorama general del origen, evolución y desarrollo del fenómeno urbano en los Andes Centrales durante la época prehispánica. Para la consecución de este propósito se ha identificado, en cada una de las épocas del desarrollo histórico-cultural en los Andes Centrales, casos representativos que ilustren el desarrollo del fenómeno urbano y sus expresiones arquitectónicas más significativas.

A partir de este enfoque, se analiza la incidencia de los aspectos económicos, sociales y culturales, en el nivel de desarrollo del fenómeno urbano y las formas específicas que este asumió a través del tiempo. Paralelamente, se examina la unidad y la diversidad que se aprecia históricamente en el proceso de desarrollo urbano en el Área Central Andina, con el propósito de analizar comparativamente las manifestaciones del fenómeno de región a región, y explicar en cada caso las particularidades de su evolución.

Las premisas metodológicas de este trabajo mantienen una línea de continuidad, aunque con mayor énfasis descriptivo, con los postulados desarrollados en ensayos anteriores, donde hemos sostenido la importancia fundamental que tiene, en el análisis científico del fenómeno de asentamiento humano en el territorio, establecer la relación de correspondencia recíproca existente entre la formación económico social y su correspondiente forma de asentamiento (Staino y Canziani 1984, Canziani 1989). Esta correspondencia de carácter teórico corresponde en términos generales a entidades o categorías abstractas. Sin embargo, así como las formaciones económico sociales se presentan en la realidad de una manera concreta y específica, que se define y manifiesta en un determinado modo de vida, de la misma manera la forma de asentamiento, en cuanto categoría abstracta, se expresa de forma singular en un determinado modelo o patrón de asentamiento.

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