Ciudad y Territorio de los Andes

Durante el Guañape Tardío, declinaría la construcción de arquitectura monumental, mientras que durante el posterior período Salinar aparentemente se abandona esta tradición y se verifican ulteriores modificaciones en el patrón de asentamiento. En efecto, durante el período Salinar la población se concentra en 8 agrupaciones de sitios habitacionales, con una clara tendencia a la localización de estos en lugares con características defensivas. Aparecen por vez primera también en el valle de Moche sitios de tipo fortificado. Para esta época pudo darse una ampliación de la irrigación hacia la margen sur del valle bajo, al igual que se sugiere una cierta autonomía entre las comunidades de las diferentes agrupaciones poblacionales (Ibid: 146).

Al finalizar esta época, durante el período Salinar correspondiente al Formativo Superior, sobresale en el valle de Moche el sitio de Cerro Arena, que si bien presenta evidencias de una arquitectura monumental relativamente modesta, sin embargo habría concentrado una notable población. Como veremos más adelante, la presencia de múltiples estructuras con variaciones marcadas en sus características formales y constructivas, manifestarían tanto diferencias funcionales como de orden social entre sus ocupante, lo que indicaría que este sitio bien pudo desempeñar un rol predominante en el territorio del valle.

El complejo de Caballo Muerto y Huaca de Los Reyes

En los valles de Trujillo la edificación más representativa del período Formativo y de la arquitectura Cupisnique corresponde con seguridad a la denominada Huaca de Los Reyes. Este sitio forma parte del Complejo Caballo Muerto, ubicado en la parte media del valle de Moche a unos 20 km del litoral, que está integrado por 8 montículos que en algunos casos asumen una planta en forma de “U”. Estos montículos se distribuyen en una extensión de más de 2 km de Norte a Sur y 1 km de Este a Oeste. Mientras la mayoría de los montículos se concentra al Sur del Complejo, la Huaca de Los Reyes que ocupa el área más extensa, se encuentra algo aislada en una posición central (Pozorski 1976: fig. 1).

El monumento tiene en su eje principal Este Oeste unos 240 m y 175 m de Norte a Sur y posee un elaborado planeamiento que organiza espacialmente todo el conjunto sobre la base de una armónica secuencia de plazas y patios a distintos niveles, en todos los cuales la planta en forma de «U» constituye el recurrente motivo de fondo. En efecto, la planta en “U” está presente tanto en el planeamiento general del conjunto, como en las distintas secciones y edificios que se disponen simé-

Fig. 79. Caballo Muerto. Plano general del complejo (Pozorski 1976).

Fig. 80. Huaca de Los Reyes. Plano general (Pozorski 1976).

tricamente respecto al eje principal. orientado de Este a Oeste o con relación a ejes transversales de Norte a Sur. Es igualmente interesante notar que los frentes de las plataformas que ascienden hacia la plaza superior presentan esquinas redondeadas.[15]

A lo largo del eje principal se organiza una secuencia de 3 plazas cuadrangulares, las que reducen progresivamente sus dimensiones espaciales y restringen su acceso conforme se asciende a los niveles más elevados, mediante una sucesión de plataformas que culminan en la cúspide del edificio donde debió de encontrarse el lugar central del culto. Mientras que la primera plaza (I) es abierta y está simplemente demarcada por el alineamiento de cantos rodados, las siguientes (II y III) se caracterizan por ser hundidas, en cuanto están delimitadas por poyos, y se desarrollan al interior del conjunto, enmarcadas por las edificaciones presentes en sus lados. El acceso a los atrios frontales, como al de los edificios laterales, se realizaba a través de columnatas de gruesos pilares cuadrangulares y pilastras ordenadas en hileras — que conformaban atrios hipóstilos— lo que indica que estos espacios debieron de estar techados. Los pilares lucían en los frentes que daban a las plazas decoraciones en alto relieve, al igual que los nichos o paneles presentes en los muros de los recintos que formaban los brazos laterales de los

atrios con planta en “U”. El motivo representado reiteradamente es el de personajes erguidos, de los cuales lamentablemente tan sólo se conserva restos de los pies y piernas y en algunos casos de la banda que les ceñía la cintura con colgantes en forma de serpientes. Casi todos estos personajes están dispuestos con los pies apoyados sobre pedestales o flanqueados por relieves con diseños que representan cabezas con colmillos entrecruzados y atributos de serpientes. Es de destacar que estos frisos presentan un tratamiento artístico que los emparenta estrechamente con lo que se conoce como estilo Chavín.

En el caso del frontis de la segunda plataforma, cuyo frente Este da a la plaza II y presenta una escalinata central, se registraron grandes nichos dispuestos simétricamente a ambos lados que contenían grandes figuras escultóricas de bulto, representando cabezas felínicas hechas de piedra y barro, finamente enlucidas y que posiblemente fueron pintadas. En dos de los pequeños templos laterales (C y C’), los muros frontales de los recintos que formaban los brazos laterales de sus atrios, presentaban restos de representaciones escultóricas de felinos erguidos en posición lateral, de los cuales se conservaban parte de las patas con garras y las colas enroscadas con terminación en forma de serpientes (Pozorski 1976, Watanabe 1979).

Se ha señalado que este edificio habría sido

construido en distintas fases y al respecto existen

una serie de importantes evidencias que dan tes-

timonio de superposiciones arquitectónicas. Este

es el caso de la escalinata que asciende de la plaza

II al atrio que da ingreso a la plaza III sobre la

segunda plataforma, bajo la cual se encontró el

desarrollo casi completo de una escalinata de una

fase precedente. En la cima de la plataforma su-

perior (F) se observó que las estructuras de la últi-

ma época fueron construidas luego de rellenar

recintos de una época anterior, asociados a los

cuales se halló evidencias de postes cubiertos por

haces de cañas recubiertas con mortero de barro,

de lo que se deduce que formaban parte de co-

lumnas para el soporte de algún tipo de cobertura.

Inclusive muchos de los frisos de barro, muestran

también evidencias de superposición en sus res-

pectivos basamentos con representaciones

escultóricas y los pies de los personajes asociados

a sus correspondientes pisos, en los que se apre-

cian evidentes cambios estilísticos (Pozorski 1976).

Fig. 81. Huaca de de Los Re-

yes. Reconstrucción hipotética

1989).

Canziani

(

Fig. 82. Huaca de Los Reyes.

Foto de detalle de relieves de

dos fases distintas superpues-

tos en la base de un pilar

Pozorski 1976 en Morris y

(

Von Hagen 1998).

Fig. 83. Huaca de Los Reyes. Foto de una cabeza escultórica de felino, alojada en un gran nicho del frontis del templo (Pozorski 1976 en Morris y Von Hagen 1998).

En el examen de este magnifico monumento, como del Complejo de Caballo Muerto en conjunto, se extraña una mayor información acerca de los contextos asociados al asentamiento. Aparentemente, la dificultad radica en que toda esta área habría sido cubierta por depósitos aluviales que alcanzan hasta 4 m de espesor, lo que complica la percepción de la presencia de otras estructuras menores asociadas a los montículos. En todo caso, se ha señalado la existencia de evidencias de ocupación doméstica temprana en las laderas de los cerros aledaños al complejo (ibid: 249).

Cerro Arena

Se trata de uno de los sitios más sobresalientes y extensos correspondientes al período Salinar, que cronológicamente se desarrolló entre fines del Cupisnique y el inicio de Gallinazo y Moche. El sitio se ubica en la margen sur del valle bajo de Moche, a unos 7.5 km del mar, y se localiza en las laderas y sobre promontorios rocosos que se proyectan desde los cerros próximos hacia el valle. Esta localización parece que estuvo asociada al manejo del riego y de los campos de cultivo que se desarrollaban en este sector de la margen sur, en las inmediaciones del sitio. Al mismo tiempo, constituye una posición estratégica que ofrece un acceso directo a pasos naturales de las rutas que se dirigen hacia el valle de Virú y el sur. Sin embargo, las peculiares características del lugar elegido para el asentamiento, llaman a considerar la posible búsqueda de una zona relativamente protegida con fines defensivos.

Cerro Arena corresponde a una sola ocupación y comprende una extensión de unas 200 ha donde se localizan unas 2,000 estructuras. Sin embargo, es de notar que en la distribución espacial de estas se observa un patrón altamente disperso, de la que resulta una baja densidad en la ocupación del suelo. A su vez, se aprecia que en ciertos sectores y especialmente en la zona central del sitio, se presentan algunos niveles de agregación, al registrarse en ellos una mayor aglutinación de las estructuras (Mujica 1975, 1984; Brennan 1978, 1982).

La gran mayoría de las estructuras de Cerro Arena corresponden a una función habitacional y sus muros de piedra comparten una similar técnica constructiva de mampostería. Sin embargo, llama la atención de los investigadores la notable variedad de formas, tamaños, grado de complejidad y diferencias de acabado que estas exhiben (Mujica 1984). Efectivamente, si bien todas las estructuras se conformaron con muros de piedra, existen diferencias marcadas que van desde las construidas de forma rústica hasta aquellas que presentan muros con bloques de piedra de mayor tamaño con aparejos cuidadosamente concertados, así como paramentos enlucidos y pisos de barro muy bien ejecutados.

De la misma manera, si en un extremo tenemos estructuras pequeñas, con escasos ambientes y plantas de forma oval o irregular; en el otro tenemos aquellas que tienen un área notablemente mayor, muchos ambientes con una distribución compleja, y cuyas plantas ortogonales manifiestan ciertos niveles de planificación en su diseño. Así mismo, estas últimas estructuras presentan varias banquetas finamente enlucidas, facilidades de almacenamiento y habrían dispuesto de techos bien elaborados. Mientras que las estructuras pequeñas, rústicas y de planta oval contaron con limitadas facilidades y habrían tenido simples techos cónicos cubiertos con paja (Mujica 1975, Brennan 1978).

Fig. 84. Cerro Arena. Estructura B-1 de aparente función pública (Mujica 1975).

Estas evidencias, que expresan claramente diferentes maneras de resolver las correspondientes edificaciones residenciales, estarían señalando marcadas diferencias sociales. De esta manera, la mayoría de las estructuras —que presentan modestas dimensiones y acabados rústicos— se presume habrían albergado al grueso de la población; mientras que algunas otras —con mayor área y cantidad de ambientes, planeamiento elaborado y mejores acabados— habrían servido de residencia a algunos sectores de la población con diferentes niveles de status, que posiblemente formaban parte de una elite. Sintomáticamente este último tipo de estructuras se localiza en zonas centrales del asentamiento, y en lugares prominentes o algo más elevados con relación al resto, transmitiendo una posición de dominio.

Es de destacar que entre estas dos clases de estructuras, habría una tercera compuesta por estructuras que tendrían un regular tamaño y también buenos acabados; pero en las cuales no se registra evidencias de actividad doméstica, por lo que se presume que podrían haber respondido a alguna función pública, de posible carácter comunal (Brennan 1978). Así mismo, sobre la cima de uno de los promontorios que se localiza en una posición central y elevada del sitio, se construyó una serie de plataformas escalonadas, generando una edificación de corte piramidal que habría cumplido una aparente función ceremonial (Mujica 1975).

Finalmente, es de destacar que en el conjunto de la cerámica asociada a la ocupación del sitio se documenta un importante componente, estrechamente relacionado con la vecina serranía de Cajamarca (Mujica 1984). Si a este dato relevante, se le agrega que la mayoría de las estructuras de Cerro Arena presenta evidencias de la quema y desplome de sus techos, cubriendo así vasijas y otros enseres domésticos que en su momento no fueron retirados de sus ambientes (Mujica 1975), podemos percibir algunos indicios acerca del contexto inestable que habría caracterizado a esta época. La aparente inexistencia en el valle de entidades políticas centralizadas y la posible presencia de desplazamientos poblacionales de carácter foráneo, darían lugar a un cuadro en el que no debiera de extrañarse situaciones conflictivas, como las que podrían explicar la súbita destrucción y el abandono definitivo de Cerro Arena.

El valle bajo del Santa

A diferencia de la localización de los sitios durante el período Precerámico, donde de los 36 sitios registrados 24 se ubican asociados al litoral y sólo 12 al interior del valle, durante el período Formativo de los 54 sitios identificados todos menos uno se encuentran en el sector medio y alto del valle bajo del Santa (Wilson 1988). Deducir, a partir de estos datos, el abandono de las actividades extractivas de los recursos marítimos o su de-

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