Ciudad y Territorio de los Andes

Lo que nos interesa, en primer lugar, es abordar desde sus fases iniciales lo que Lumbreras (1981: 173) define como “sintomatología del fenómenourbano”ysuestrecharelaciónconelprocesodeintensosyprofundoscambiossocialesasociadosaloqueseconocecomorevoluciónneolítica (Childe 1982, Choy 1979). En este sentido, es preciso examinar los acelerados cambios que se manifiestan en la forma de asentamiento, a partir del proceso de sedentarización y especialmente en lo que se refiere al surgimiento de la arquitectura pública y sus implicancias. Estableciendo, paralelamente, las interrelaciones existentes entre los cambios en la forma de asentamiento y las transformaciones que se verifican en el seno de las formaciones sociales durante este período.

El sedentarismo, asumido muchas veces como indicadorclavedelaneolitización,hademostrado ser un fenómeno no necesariamente exclusivo de poblacionesagrícolas.Existeunagrancantidadde casos que muestran como comunidades de cazadores recolectores –bajo determinadas condicionesfavorablesoporlaaplicacióndeexitosasestrategias de explotación de los recursos naturales– desarrollan asentamientos sedentarios de tipo aldeano, con una notable inversión en sus instalaciones y donde, inclusive, no es ajena la presencia de arquitectura pública (Childe 1982: 92, Forde 1966, Redman 1990). Por lo tanto, podemos establecer que no es el mero sedentarismo, por sí sólo, el indicador que nos señale la existencia de un proceso de neolitización; de la misma manera que la arquitectura pública no es por sí sola expresióndelapresenciadeespecialistas,oexclusivadel fenómeno urbano (Lumbreras 1981: 169-173). En el caso de los sitios de la Costa Central y Nor Central, es evidente que el fenómeno de sedentarización se procesa con un fuerte componente basado en la explotación de los variados y abundantes recursos marinos. Sin embargo, este no es un componente exclusivo y menos aún constituiría por sí solo la base económica principal sobre la cual se desarrollaría el proceso civilizatorio, tal comohasidosostenidoporMoseleyyotrosinvestigadores (Moseley 1975, Feldman 1980, 1985), a partir de la más equilibrada tesis de Lanning (1967: 78-79, 94-95). A este propósito, hemos constatado como en estos asentamientos iniciales se establece una integración entre la explotación de los recursos marítimos y una agricultura incipiente, la que asume un esencial rol complementario,tantoenelabastecimientodeinsumosnecesarios para el desarrollo de los procesos productivos relacionados con la pesca, como en la composición de la dieta alimentaria de la población, para posteriormente asumir el rol principal en el desarrollo económico (Canziani 1989).

Este proceso, en términos generales, presenta diferencias con el que se da en las regiones altoandinas,dondelabaseproductivadelaneolitización está asociada al desarrollo de la ganadería y el pastoreo, a los que se integra una incipiente agricultura, que no excluye por esto la caza ni la recolección. Proceso que en este caso aparentemente no habría implicado en un primer momento el sedentarismo,sinomasbienlacontinuidaddelrégimen de trashumancia. Sobre la base de este modo de vida, se han presentado sugerentes hipótesis acerca del surgimiento previo de la arquitectura pública, que habría operado luego como catalizador de un paulatino proceso de sedentarización, dando paso a la aparición de las formaciones aldeanas (Bonnier y Rozemberg 1988).

Enelcasocosteño,enelmanejodelosrecursos marinos como en el de las plantas cultivadas, se constatalacrecienteincorporaciónydesarrollode nuevos conocimientos e instrumentos de producción.Porlotanto,enesteaspectodebeaplicarsela vieja proposición que sugiere examinar no tanto que se hace, si no mas bien el cómo se hace. En este sentido, no basta argumentar sobre la innegable importancia de los recursos marinos (Moseley 1975), cuando existe por ejemplo una radical diferenciaentrearponearpecesopescarlosconrudimentarios anzuelos, y capturarlos con redes como lashalladasenHuacaPrieta,yaquedelmanejode estos nuevos instrumentos se desprenden inferencias acerca de las formas de trabajo comprometidasenestosprocesosproductivos,lacrecientedisponibilidad de excedentes, el desarrollo de técnicas de conservación y almacenamiento, al igual que la solución de los requerimientos sociales para la organización de la producción y la administración de los bienes generados.

La domesticación y la creciente incorporación de plantas cultivadas al desarrollo de una incipiente agricultura, así como la necesaria experimentación referida al manejo de estos recursos y su cultivo; el desarrollo inicial de técnicas de riego y manejo de los suelos, debieron también estar asociados al desarrollo de nuevos conocimientos e instrumentos de producción. A este propósito, los tempranos sistemas de depósito de productos agrícolas, como los documentados en Los Gavilanes (Bonavia 1982), o las aparentes funciones de registro astronómico de las plazas circulares hundidas (Lumbreras 1987), nos proporcionan no solamente algunos importantes elementos para inferir el desarrollo de estos instrumentos, si no también evidencias de que, en algunos casos, la propia arquitectura pública asume la condición de instrumento de producción.

Del examen de los procesos productivos desarrollados para la explotación de los recursos marinos y laagricultura incipiente, así como dela generación de la base técnica que las haga viables, se infiere un proceso de creciente especialización en el ámbito de la organización social. Esta especialización es evidente también en el desarrollo de las manufacturas y en especial en el destacado arte textil que exhiben vestigios como los recuperados en Huaca Prieta y La Galgada. A su vez, el propio arte textil nos revela complejos cánones estéticos, en los que se plasma el desarrollo de iconos correspondientes a seres míticos supranaturales con atributos de aves, serpientes y seres marinos. Por lo tanto, también en este aspecto, podemos suponer que el manejo técnico y la elaborada concepción artística debieron estar limitados a un número reducido de personas, y mas aún si pensamos que estas manifestaciones artísticas tempranas constituyen la expresión de la construcción de complejas tradiciones religiosas, a cuya conducción y oficio debieron acceder solamente los iniciados en el culto.

A este creciente proceso de especialización no fue ajena la propia arquitectura pública. Esto se infiere tanto de su especial concepción arquitectónica y de su complejo planeamiento, así como de las particulares características técnicas de su producción, que la diferencian claramente de la arquitectura doméstica, además de requerir de la organización de formas especiales de trabajo para su construcción. De otro lado, si la arquitectura pública se caracteriza por servir de soporte al desarrollo de diversas actividades de carácter especializado y entre estas las de carácter ceremonial, la notable importancia que esta adquiere durante el Precerámico Tardío, nos proporciona uno de los mejores indicadores para leer el emergente proceso de especialización social.

Es mas, si consideramos que las tradiciones religiosas se manifiestan a traves de los rasgos y estilos de las tradiciones arquitectónicas que se perfilan en esta época (Fung 1988, 1999; Williams 1981, 1985), y que estas tradiciones arquitectónicas no se limitan al ámbito local, sino que interesan amplias regiones, también esta esfera de la actividad social apunta hacia la presencia de gentes con ciertos niveles de especialización. La notoria relación de las comunidades con un “espacio exterior” se ve corroborada también por las evidencias de un creciente nivel de intercambios y de interrelaciones, manifiesto tanto en el flujo de ciertos recursos, como de otros aspectos culturales, no necesariamente tangibles, que se movilizan con ellos.

La creciente especialización, derivada del manejo de los nuevos instrumentos de producción y las exigencias de los procesos productivos, habría significado un acelerado proceso de división social del trabajo en el seno de estas comunidades. La participación diferenciada de determinados miembros de esta en la producción, habría generado una incipiente diferenciación social dentro de las comunidades, y que pudo expresarse en determinadas diferencias de status y de acceso o posesión de ciertos bienes de prestigio, tal como lo sugieren ciertos enterramientos complejos en La Galgada y Aspero, y la relativa suntuosidad de sus ofrendas. Este proceso de diferenciación social –visto además en la perspectiva del surgimiento de las sociedades complejas que dan paso a la civilización andina– sería sustancialmente distinto a la “estratificación” propuesta para las llamadas jefaturas o cacicazgos, donde las diferencias de status tienen origen en otros aspectos circunstanciales, como en la simple disponibilidad de excedentes. La abundancia de excedentes, en este caso, no representa el elemento causal de esta diferenciación, como tampoco explica la supuesta emergencia de una “autoridad corporativa” y el surgimiento de una arquitectura pública que tempranamente revela rasgos monumentales.

Evidentemente, este es un tema de gran complejidad que no puede ser abordado unilateralmente, a partir del privilegio de uno u otro aspecto. Hemos introducido la problemática del surgimiento de la arquitectura pública, sosteniendo que durante este proceso se verifica una concatenadayestrechainterdependenciaentrelasinnovaciones en las técnicas e instrumentos de producción;laampliaciónenla escala de apropiación de los recursos naturales y la creciente disponibilidad de excedentes; la mejora e incremento en el aprovisionamiento de subsistencias; sus repercusiones en el consecuente crecimiento poblacional y, por último, en el surgimiento y afirmación de nuevas formas de trabajo y de organizaciónsocial.Aestepropósito, seleplanteaalas comunidades resolver la administración de los excedentes, cuando se requiere establecer el diferir y regular su consumo. Esto está referido tanto a las comunidades que combinan una economía de extracciónderecursosmarítimosconunaincipiente agricultura,comotambiénespecialmentealascomunidades en las que la producción agrícola comienza a adquirir un peso creciente.

Esconocidoqueelmanejodelosrecursosagrícolas por parte de una comunidad, requiere de medidas que permitan regular el consumo de los excedentesentreunacosechayotra,ademásdereservar una parte de estos para asegurar la simiente para un nuevo ciclo de cultivo. Esto implica establecer normas socialmente aceptadas y sancionadas, mediante la generación de mecanismos ideológicos e institucionales que remueven los viejos cimientos en los cuales se fundaban las relaciones sociales preexistentes. Este es el caso de las formas de propiedad, especialmente cuando las comunidades agrícolas establecen con el territorio una relación definida y excluyente sobre los medios e instrumentos de producción (Staino y Canziani 1984). Estos aspectos incidirán en la forma de organización de las comunidades, como en el incipienteprocesodediferenciaciónsocialqueseprocesa en su interior (Lumbreras 1987, 1994).

Finalmente, queremos señalar un aspecto relevante que puede tener algunas connotaciones con relación a la actual problemática del desarrollo y a la imposición de determinados modelos globales. En la prehistoria europea o del viejo mundo en general, se planteó como uno de los paradigmas de la neolitización el desarrollo de la manufactura de cerámica, mas aun tratándose del surgimiento de sociedades complejas. La experiencia de los Andes Centrales constituye un caso inédito a nivel universal, donde se demuestra que sociedades precerámicas no sólo generaron formas complejas de organización social, si no que además desarrollaron una extraordinaria arquitectura monumental.

De otro lado, las notables desigualdades que se aprecian en el proceso de neolitización, especialmente con la aparente perpetuación de los viejos modos de vida en muchas regiones de la costa sur y sierra sur de los Andes Centrales, permiten contrastar (por negación) las hipótesis planteadas y sus implicancias. En el caso de la costa sur, por ejemplo, no obstante la extraordinaria abundancia de los recursos marítimos, esta región presenta un proceso de neolitización algo marginal, que se explicaría a partir de una aparente ausencia de agricultura, o por el desarrollo de una limitada horticultura, mientras se mantendría el énfasis en una economía mayormente recolectora.

La escasa relevancia de la arquitectura pública y especialmente la inexistencia de aquella de carácter monumental en estas regiones, es a nuestro criterio muy significativa, ya que permite correlacionar su surgimiento –como expresión embrionaria del devenir del fenómeno urbano con la intensidad y el nivel de desarrollo alcanzado históricamente en el proceso de neolitización. Allí donde se afirmó la neolitización, con la aparición de sociedades complejas y se dio inicio a las transformaciones agrícolas que condujeron a modificar sustancialmente el paisaje territorial, se desarrollarán patrones de asentamiento donde el rol del fenómeno urbano será cada vez más significativo. Por esta razón serán las regiones nor central y norte de los Andes Centrales, donde el proceso de neolitización fue más intenso y acelerado, las que históricamente expresarán un desarrollo sostenido en esta dirección, y las que durante el posterior período Formativo serán el escenario privilegiado de un proceso civilizatorio, donde el urbanismo tendrá desarrollos emblemáticos con los extraordinarios centros ceremoniales que caracterizarán a esta época.

4

EL URBANISMO TEMPRANO

Los templos y centros ceremoniales del Formativo y las modificaciones iniciales del territorio

AL ABORDAR ESTA ÉPOCA, que aproximadamente va del 1800 al 500 a.C. hemos preferido utilizar el término “Formativo”, asumiendo la interpretación que de él hace Lumbreras, aun cuando son reconocibles ciertas indefiniciones en su manejo y el propio término ha sido objeto de discusión (Lumbreras 1969, 1981). Sin embargo, es preciso señalar que otros investigadores que otorgan mayor peso a los aspectos “culturales”, han optado por dividir el período en dos fases: el Período Inicial, entendido fundamentalmente como el referido al tiempo que va desde la introducción de la cerámica al inicio de la influencia Chavín; y el Horizonte Temprano, que de acuerdo a la definición de RoweVéase (1962) y Lanning (1967), corresponde al tiempo en que se manifiesta la difusión de los rasgos estilísticos asociados al apogeo del fenómeno Chavín (Bischof 1996).

image_pdfimage_print

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Translate »
A %d blogueros les gusta esto: