Ciudad y Territorio de los Andes

Otro de los aspectos relevantes de esta tradición arquitectónica, es que luego de un determinado período de funcionamiento, estas edificaciones fueron rellenadas y selladas, generando así nuevas y más elevadas plataformas, sobre las que se levantaron nuevas edificaciones, muchas veces directamente sobre el emplazamiento de las anteriores. De esta manera, se generó una secuencia de superposiciones arquitectónicas en la que los edificios más antiguos, que se encuentran en los niveles inferiores, fueron en su momento enterrados por las edificaciones que se construían posteriormente sobre estas. Este proceso de enterramiento, que fue denominado “enterramiento del templo”, se realizó cubriendo con arena los paramentos de los recintos y sus elementos decorativos, para luego rellenarlos con piedras y sellar finalmente este relleno con un piso de nivelación de arcilla roja, sobre el que se edificaba el nuevo recinto, a partir de la construcción inicial del fogón y de sus ductos de ventilación. (Matsuzawa 1972: 176, Izumi y Terada 1972: 5).

Este es precisamente el caso de dos de las principales edificaciones expuestas por las excavaciones en Kotosh, denominadas el “Templo de Los Nichitos” y el “Templo de las Manos Cruzadas”. La más tardía de estas edificaciones es el “Templo de Los Nichitos” (ER-11), que mide interiormente unos 7.5 m. de lado, y presentaba en la grada del desnivel entre los dos pisos una serie de pequeños nichos, que debieron sumar 23 en total. En el paramento interior del muro parcialmente conservado, se pudo reconstruir la presencia de grandes nichos que se desarrollaban desde la base del muro, mientras que otros nichos más pequeños se ubicaban sobre una cenefa horizontal a 1 m. de altura del piso. El fogón central tenía un diámetro de 40 cm. y una profundidad de 60 cm. con la particularidad, en este caso, de contar con dos ductos de ventilación subterráneos, uno en el eje de la puerta –como es más frecuente- y el otro en diagonal, pasando por debajo de la esquina noreste del recinto.

El “Templo de Los Nichitos” fue construido luego de ser rellenada y sellada la estructura de un recinto más temprano denominado “Templo de Las Manos Cruzadas” (UR-22). Este recinto cuadrangular de unos 6.5 m. de lado en el interior, presenta también un único acceso orientado hacia el sur y los rasgos típicos de la arquitectura del período Mito. En este caso, el enterramiento total de la estructura permitió su mejor conservación, encontrándose los muros completos hasta su cabecera a más de 2 m. de altura sobre el piso, lo que permitió reconstruir el sistema de cobertura y conocer la extraordinaria decoración que presentaban sus paramentos. En el interior del recinto se presentan grandes nichos que llegan hasta el nivel del piso, mientras que otros más pe-

Fig. 53 – Kotosh. Reconstrucción isométrica del templo de las Manos Cruzadas, al que se le superpone el de Los Nichitos (derecha) (¿?).

Fig. 54 – Kotosh. Foto de la cámara con las manos cruzadas, cenefas y nichos (¿?).

queños se disponen sobre una cenefa horizontal que sobresalía de 15 a 20 cm. Por debajo de dos de estos nichos pequeños, dispuestos simétricamente en el muro opuesto a la portada de acceso, se realizó el extraordinario hallazgo de dos pares de brazos entrecruzados en alto relieve que fueron modelados en barro. Los muros del recinto, hechos de piedra asentada con barro, tenían de 80 a 100 cm. de espesor, con la particularidad de engrosarse hacia la cabecera de los muros, donde se generaba la grada interior para apoyo de la estructura de la cobertura. Los muros, tanto al interior como al exterior, presentaban vestigios de haber sido enlucidos finamente con arcilla de color marrón amarillento.

Es de destacar que tanto el Templo de Las Manos Cruzadas como el de Los Nichitos, emplazados sobre una plataforma de nivel medio, estuvieron asociados durante sus respectivas fases de actividad con otros recintos similares, que fueron construidos sobre una plataforma de nivel inferior con relación a aquella donde se erigieron los recintos principales. Estos recintos, que podría suponerse desempeñaron un papel complementario, tuvieron la orientación de sus portadas hacia el norte, es decir contrapuesta a las de los templos de mayor importancia, como fueron en su momento “Los Nichitos” y “Las Manos Cruzadas”. En las distintas fases, la conexión entre estos recintos y sus respectivas plataformas en los niveles medio e inferior, se realizaba mediante una serie de corredores y escalinatas. Cuando se procedía a la remodelación de los recintos, se generaba un nuevo nivel en la correspondiente plataforma, lo que estaba acompañado de la construcción o adosamiento de nuevos muros de contención y de remodelaciones en los pasajes y escalinatas, por lo que las superposiciones arquitectónicas no se reducían a los recintos si no que comprometieron también a estos componentes.

Cuando el templo de “Los Nichitos” estuvo en actividad, se encontraba asociado a un recinto complementario localizado al norte (ER-23), al cual se le superpuso en la misma ubicación una remodelación (ER-19), que amplió las dimensiones del recinto anterior. Mientras tanto, durante la época de actividad del templo de “Las Manos Cruzadas”, este estuvo asociado con dos recintos (ER-27 o “Templo Blanco” y 28), siempre localizados al norte y con los accesos orientados en la misma dirección, y los que también fueron objeto de remodelaciones con la superposición de nuevos recintos (ER-20 y 26 / 24). A este propósito, se ha observado que las remodelaciones y superposiciones que afectaron a los recintos principales ubicados en la plataforma de nivel medio, no fueron necesariamente simultáneas a las intervenciones que tenían lugar en los recintos de la plataforma inferior, por lo que pudo darse el caso de que algunos de estos pudieron estar asociados durante un cierto período de tiempo, primero al templo de “Las Manos Cruzadas” y luego al de “Los Nichitos” (Bonnier 1997).

Es importante señalar que bajo el templo de “Las Manos Cruzadas” se identificó también la existencia de un recinto enterrado aun más antiguo que no fue excavado (Izumi y Terada 1972: 304). Por otra parte, en algunos niveles inferiores, se identificaron estructuras más pequeñas, consistentes en pisos que presentaban el típico desnivel cuadrangular con fogón central, pero en este caso no estaban presentes muros que definieran el recinto. Se supone que estas estructuras, por su elaboración más rudimentaria y ciertas analogías con las evidencias tempranas de otros sitios que comparten la tradición Mito, pudieran representar evidencias de las fases iniciales del período Mito en el sitio de Kotosh (Fung 1988: 74, Bonnier 1997: 140-3).

Las periódicas remodelaciones y el consecuente enterramiento de las estructuras de carácter público, así como las propias características arquitectónicas de las edificaciones Mito de Kotosh, la reiteración y persistencia a lo largo del tiempo de los cánones arquitectónicos establecidos; sugerirían la presencia de una sociedad con un nivel de organización relativamente complejo, donde debieron definirse determinados niveles de especialización. En este sentido, la configuración espacial de los recintos, la presencia central de los fogones con sus elaborados sistemas de ventilación, así como el despliegue de nichos y de otros elementos decorativos al interior de estos, estarían expresando una función ceremonial restringida a un reducido número de miembros de la comunidad, para el aparente desarrollo de ofrendas y actividades rituales relacionadas con el fuego. Refuerzan esta interpretación los hallazgos de huesos de cuy y camélidos quemados, que fueron depositados en los nichos y pisos de los recintos, al igual que figurinas de barro representando seres humanos, frutos o tubérculos y pequeñas vasijas, asociados a los mismos contextos arquitectónicos.

La secuencia de remodelaciones, con sus correspondientes superposiciones arquitectónicas, condujeron así a la conformación de dos montículos prominentes con plataformas escalonadas, de modo que sus volúmenes debieron de constituirse en importantes hitos visuales en el paisaje circundante y, en cuanto tales, en referentes de identificación y veneración para las comunidades que participaban del culto.

La evidente complejidad de la organización social y los niveles de inversión destinados a estas construcciones -que presuponen la necesaria disponibilidad de excedentes- sugerirían una base económica con cierto nivel de desarrollo de las actividades agrícolas y ganaderas (Izumi y Terada 1972: 306). Sin embargo, no se han hallado vestigios de plantas, lo que puede ser explicado por la antigüedad del sitio y la relativa humedad que caracteriza a la zona. De otro lado, el análisis de los restos faunísticos señalaría que además de cuy (Cavia porcellus) posiblemente doméstico, el mayor porcentaje de estos corresponde a cérvidos y, en menor grado, a camélidos no necesariamente domésticos (posiblemente guanaco y vicuña), lo que en conjunto permite suponer que la caza aun desempeñaba un rol importante (Wing 1972).

Fig. 55 – Kotosh. Corte estratigráfico, en el que se aprecia la superposición de estructuras de las distintas fases (¿?).

La aparente ausencia de estructuras habitacionales asociadas al período Mito en el sitio de Kotosh, no permite plantear claras inferencias en cuanto al régimen de subsistencias de la población. En todo caso, debe de advertirse que los contextos de los hallazgos corresponden a plataformas y recintos asociados con funciones de aparente carácter ceremonial, por lo que la evidencia podría estar fuertemente condicionada por el tipo de ofrendas y actividades rituales desarrolladas y no necesariamente corresponder con el consumo alimenticio habitual de estos recursos. De otro lado, no se puede dejar de considerar la localización geográfica del sitio y el rol especial que pudo tener en cuanto punto intermedio de un corredor natural que conecta los territorios de las punas alto andinas con aquellos de los bosques húmedos propios de la vertiente oriental de los Andes o

“ceja de selva”.

Piruru, ubicado en el Alto Marañon y en la margen derecha del río Tantamayo (3,800 m.s.n.m), representa en sus niveles precerámicos un importante sitio para la comprensión de la posible evolución y surgimiento de la tradición arquitectónica Mito. En las excavaciones desarrolladas en la década de los ’80, se definieron cinco fases de ocupación precerámica, donde en la última se identificó una estructura asimilable a la tradición Mito de unos 9 m. de lado con fogón central y con los característicos pisos a desnivel presentes en Kotosh. Lo interesante del caso es que las cuatro primeras fases corresponderían a estructuras de un período anterior, Pre-Mito, donde la mayoría presenta un piso a un solo nivel y el fogón central, en algunos casos bien construido y con ductos de ventilación, en otros apenas delineado y sin ductos. Además en estas estructuras se observa una notable variedad de formas y rasgos, con recintos tanto circulares como rectangulares, limitados por muros de piedra; mientras que en otros casos estos están ausentes y los espacios alrededor de los fogones parecen haber sido a cielo abierto (Bonnier 1997). La estructura de época Mito tiene la particularidad no solamente de introducir en el sitio los rasgos característicos de esta tradición, si no también nuevas técnicas constructivas. Tal parece ser el caso de la construcción del recinto, que presentaba un grueso muro de piedra de unos 50 cm. de altura, que sirvió de sobrecimiento a una estructura de quincha realizada con un armazón de postes de aliso, reforzada con barro y enlucida (Bonnier 1988: 44-46).

Otro sitio relacionado con la tradición Mito es Huaricoto, ubicado en la parte central del Callejón de Huaylas y en la margen derecha del río Santa, a unos 2,750 m.s.n.m. En los niveles precerámicos del sitio se hallaron evidencias de fogones enmarcados por pisos a desnivel de forma rectangular. Los pisos fueron hechos con arcilla roja y posteriormente enlucidos con una de color amarillento. Fragmentos de arcilla con improntas de cañas hallados sobre el piso sugieren que algunos fogones pudieron haber estado enmarcados por un cerco hecho de quincha. Asociados a los pisos y fogones se hallaron huesos calcinados que pudieron ser de venado o camélido, lascas de cuarzo y conchas de moluscos de la costa, los que aparentemente fueron parte de ofrendas rituales “sacrificadas” al fuego de los fogones. Existen también aquí evidencias de superposiciones, generadas por el sello de los fogones con capas de arcilla, para luego proceder a la construcción de una nueva estructura con fogón (Burger y Salazar 1980).

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