Armas de metal en el Perú prehispánico

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Según nos informan las crónicas, existía otro tipo de horno denominado huaira, realizado de barro, y de forma troncocónica con orificios redondos repartidos con uniformidad. En su pie se recogía el metal fundido y la escoria. Estas se colocaban en las partes altas de los cerros donde el viento actuaba como fuelle. El método de fundición preferido era el vaciado. Se utilizaban moldes abiertos o moldes de dos piezas para las herramientas como hachas, buriles, azadas o mazas hechas con cobre y sus aleaciones.

La técnica de cera perdida era rara en Perú, sin embargo, era conocida por los herreros Moche y se utilizó para hacer las empuñaduras de los bastones y los adornos de cobre en los siglos previos a la conquista Inca.

Los metalurgos prehispánicos manifestaron una clara preferencia por dar forma a los objetos con la técnica del martillado. Las láminas obtenidas, se recortaban, se doblaban o se enrollaban según fuese necesario y se enmoldaban para producir objetos idénticos. Por último se repujaba, grababa o dibujaba la superficie para decorar. El cronista Garcilaso de la Vega describe de la siguiente manera como trabajaban los metalurgos del Cuzco: «Servíanse para yunque de unas piedras durísimas de color verde y amarillo; aplanaban y alisaban unas con otras; tenánias en gran estima por que eran muy raras…son de forma de dado, las esquinas muertas; unos son grandes, cuanto pueden abarcar con la mano para los golpes mayores; otros hay medianos y otros chicos y otros perlongados, para martillar en cóncavo; traen aquellos sus martillos en la mano para golpear como si fueran guijarros» (Lothrop 1978:530).

Los artesanos andinos además fueron expertos en «colorear» el metal, bien depositando una capa de oro o plata sobre la superficie, bien «mediante el tratamiento químico de la superficie de la aleación que contiene plata u oro, para eliminar de ella ciertos componentes no deseados, como el cobre, con el fin de dejar in situ el elemento o los elementos que confieren el color deseado al superficie, como la plata y el oro» (Carcedo 1999:22). Los objetos, por tanto, pueden tener un color en la superficie y otro totalmente distinto debajo. El oro y la plata, o más bien el color oro y el color plata, encerraban en sí un alto valor simbólico, eran los colores más apreciados dentro del espectro metalúrgico. Este fue el motivo por el que los orfebres y metalurgistas fueron auténticos maestros en otorgar color a las superficies metálicas por medio de las aleaciones y del recubrimiento de las piezas.

El metal entre los indígenas, no fue utilizado por su carácter funcional o por una manifestación de riqueza, sino por su simbolismo inherente. Por el hecho de proceder de la Pachamama (madre tierra) ya era considerado como sagrado. En diferentes minas y centros de fundición prehispánicos se han encontrado ofrendas rituales; en las minas, de conchas de Spondylus (molusco bivalvo usado en ofrendas y enterramientos durante toda la prehistoria andina) y en los centros de fundición, huesos de llama, fetos de camélidos, restos de comida y cerámica, «posiblemente dedicados a un dios o diosa relacionado con la actividad metalúrgica» (Carcedo 1999:5).

El metal fue además un medio para mostrar el contenido o mensaje del estatus y reforzar el poder político. El cobre y sus aleaciones constituyen la materia prima preferida para la indumentaria de culto y los símbolos de poder. Por otro lado, gran parte si no la totalidad de los artefactos utilitarios de metal, usados durante la vida como armas, utensilios, adornos y parafernalia de culto, terminaba en el interior de las cámaras funerarias junto a aquellos objetos que fueron fabricados expresamente para cumplir la función de ofrenda funeraria.

LOS OBJETOS

Las armas ofensivas: La porra, maza o rompecabezas es el arma que posee una mayor tradición cultural dentro de todos los tipos clasificados. Se trata de volúmenes con un orificio circular en el centro para ser enmangados. Las hay de muy diferentes formas, pero en su mayoría adoptan la estrellada. Hay magníficos ejemplos de las mismas realizadas
en piedra desde el segundo milenio a.C. y con este material se siguieron fabricando hasta la llegada de los españoles. A fines del Formativo se realizan ya en metal mediante la técnica del vaciado y en cobre aleado con estaño o arsénico.

El tumi ha sido uno de los elementos de la cultura material que más aparece representado en la iconografía textil, lítica y cerámica. Es un objeto de metal constituido por un brazo vertical que termina en forma de media luna. Gran parte de los tumis han sido considerados como cuchillos ceremoniales, puesto que fueron utilizados supuestamente para el sacrificio de personas y animales. Debieron cumplir de todas maneras una función momentánea, puesto que por su tamaño y peso no pudieron haber sido utilizados habitualmente en un combate. La inversión de trabajo en la fabricación de ios mismos y ios hallazgos de estos tipos de tumis en contextos funerarios únicamente de personajes importantes, nos hace suponer que constituyeron un símbolo de poder de la persona que los poseía. Los tumis llevan en la parte superior representaciones de figuras humanas mitológicas (Sicán) o animales, generalmente cuadrúpedos, bien su cabeza,
bien el animal completo (Inca).

Los cronistas describieron aquellos que ellos vieron de época inca como un cuchillo de cobre o bronce sin mango con forma de hacha. Sin embargo, encontramos que el tumi fue realizado con formas variadas en las diferentes sociedades prehispánicas.

La mayoría de los tumis que han llegado hasta nosotros están fuera de todo contexto arqueológico, ya que por su belleza han sido considerados objetos muy preciados por el traficante de piezas arqueológicas; así pues sólo tenemos algunos ejemplos encontrados en contextos funerarios que nunca han sido alterados. Las tumbas de las culturas Moche, Sicán, e Inca son las que más objetos de este tipo nos han proporcionado, porque es en estas culturas donde más se han centrado las investigaciones en los últimos años. El hacha es otra de las formas típicas que desde el Intermedio Temprano aparece realizada en metal y que fue adoptando diversas morfologías a través del tiempo. Se considera hacha a todo objeto conformado por un extremo en forma de cuchilla y el otro con un apéndice para ser ésta amarrada a un palo de madera.

Fig. 1. Protectores coxales de cobre encontrados en una tumba Sipán (22.5×14 cm.).

Armas defensivas: Consideramos como armas defensivas los cascos, los escudos y vestimentas protectoras. Fueron realizados de metal y madera, algodón, lana o plumas. Encontramos algunos ejemplos de protectores coxales de metal en la cultura Moche, sin embargo, nos parece que éstos sólo fueron utilizados como indumentaria en actividades rituales puesto que son de gran tamaño y peso. En diferentes contextos funerarios se han encontrado individuos con placas de metal que recubren su pecho y que podrían haber sido parte de una indumentaria protectora (Fig.1).

Los moche se protegían la cabeza con cascos cónicos realizados mediante un armazón de cañitas acolchado con algodón y recubiertos con una tela. Los escudos eran cuadrangulares o redondos y de madera con decoración incisa y pintada, y las camisas y faldellines de los combatientes iban reforzados con gruesas guatas de algodón (Cisneros 1980).

Los cascos Incas eran de madera en forma de cono que podían ir protegidos con anillos de metal. Los escudos también eran de madera forrados con cuero, vistosamente pintados o adornados con plumas y a veces con planchetas de cobre y plata. En ocasiones el guerrero Inca llevaba una vestidura denominada «escaupil» de fuerte tela acolchada de algodón o hecha de varias mantas de este mismo material pero superpuestas.

LAS ARMAS DE METAL EN LOS DIFERENTES HORIZONTES CULTURALES:

No se han hallado armas de metal creadas por sociedades anteriores al siglo III a.C. A pesar de que encontramos representaciones de porras y cuchillos en la iconografía de los objetos del periodo formativo, no tenemos la certeza de si éstas fueron de piedra o de metal. Sin embargo, la presencia de gran cantidad de cuchillos de obsidiana, boleadoras y porras o macanas de piedra y puntas de pizarra pulida frente a la ausencia de cualquiera de estos en metal, confirma la no utilización del mismo para su fabricación.

Fig. 2. Mazas circulares planas y porras ornamentales de cobre con diseños geométricos (de 6 a 8 cm.).

Es a finales del Período Formativo u Horizonte Antiguo cuando el metal comienza a utilizarse para la elaboración de armas. La cultura Vicús, que se desarrolló en los alrededores de Piura en la costa Norte de Perú, fue definida a partir de objetos procedentes de saqueos de tumbas, fundamentalmente objetos de cerámica y de metal. Las piezas más numerosas son las porras o mazas realizadas en cobre mediante la técnica del vaciado. Son estrelladas, hechas de planchas planas, dentadas sobre las que a veces aparecen motivos incisos. (Fig 2).

Es en el Período Intermedio Temprano donde empezamos a encontrar amplias muestras del uso del metal para la fabricación de armas. La cultura Moche se desarrolló entre los valles de Trujillo y Lambayeque, y se extendió por toda la costa Norte. Las armas son encontradas en contextos funerarios y asociadas a enterramientos de guerreros y altos dignatarios.

«Los objetos de metal, …indicaban una posición elevada de los periodos más tempranos de los moche y continuaron siendo propiedad exclusiva de la élite.» (Alva 1993:19).

La cerámica producida por los artesanos moche nos muestra en su decoración pintada numerosos tipos de escenas en las que se nos dan a conocer aspectos de su cultura material, ya que los individuos aparecen representados con innumerables atributos, como por ejemplo las armas.

Fig. 4. Izquierda: Tumi de cobre decorado con dos músicos cazadores (9×5 cm.). Derecha:
Tumi de cobre hecho a la cera perdida con escena erótica en ei mango.

Hablamos de una cerámica que en su mayoría procede de colecciones particulares y que por tanto no tienen contexto arqueológico y en su minoría de vasijas encontradas en contextos funerarios cerrados de tumbas generalmente de altos mandatarios de la sociedad moche. No es por tanto una cerámica del pueblo, lo que nos está indicando probablemente que los temas que se representan tienen que ver con la élite y con mitos. Para el tema que nos ocupa debemos fijarnos básicamente en las escenas de combate y caza. En los desfiles de guerreros moche, los vemos portando armas de combate: estólicas, porras, dardos, cuchillos o tumis sobre el tocado o colgados del cinturón. Van protegidos con escudos, sofisticados cascos, orejeras y chalchacas o sonajeros.

Existen otros objetos suntuarios que acompañan al difunto que representan guerreros. «El par de orejeras más asombroso es aquel que representa a los jefes guerreros…el guerrero tenia el tamaño del dedo pulgar de una mano y sostenía vigorosamente un mazo de guerra con en puño cerrado…Este mazo es una miniatura perfecta de esta antigua arma
militar. Pequeñas sonajas en forma de luna creciente cuelgan de su cinturón. En su muñeca hay un escudo circular y en su cabeza tiene un complicado tocado con una gran luna creciente»» (Alva 1993:84).

Fig. 3. Diferentes tipos de porras o mazas moctiica vaciadas en cobre (de 6 a 11 cm.).

El arma ofensiva más importante que todo gui^rrero de la cultura Moche llevaba a la batalla era la pesada porra que iba provista de un mango anular. Estas porras, mazas o macanas que aparecen profusamente representadas en la iconografía moche, fueron realizadas de cobre y mediante la técnica del vaciado fundamentalmente. Las hay de muy diferentes formas, cónicas, circulares, estrelladas con seis o más puntas, pero con tamaños más o menos estándares de aproximadamente 10 cms. Algunas de ellas poseen decoración incisa mediante un cincel. (Fig. 3).

En segundo lugar encontramos los tumis de cobre, oro y plata. Los de cobre están realizados mediante la técnica de la cera perdida y en la parte superior de los mismos aparecen representaciones de escenas de actividades humanas (Fig. 4); los de oro y plata están realizados mediante el martillado y recortado de una placa de metal y algunos pueden tener complejos dibujos cincelados que representen deidades con caracteres antropomorfos.

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